lunes, 22 de octubre de 2012

Necrópolis tartésica y turdetana de Cerrillo Blanco, Porcuna

Hoy nos acercamos a un yacimiento arqueológico de suma importancia tanto en lo relacionado con la cultura tartésica, como con la íbera. Estamos hablando de Cerrillo Blanco, en Porcuna, la que fuera la túrdula Ibolca o la Obulco romana. En Cerrillo Blanco se encuentra la necrópolis tanto de la época tartésica, como de la turdetana. En concreto, del siglo VII a. C. -época tartésica- destacan 29 sepulturas individuales en fosa y un megalito con dos individuos. Ya del siglo V a. C. -época turdetana- existen enterramientos en zanjas cubiertas de grandes losas donde se encontró un conjunto escultórico ibérico totalmente destruido de manera intencionada en el momento de su enterramiento con unos 1400 fragmentos. De entre esas esculturas destacan algunas bastantes conocidas como la del Guerrero de la doble armadura que pudimos contemplar el año pasado en la exposición ¿Hombres o dioses?, una mirada a la escultura del Mundo Ibérico en Alcalá de Henares.

Tumba megalítica de Cerrillo Blanco, Wikipedia

*Fuente: deporcuna.com

A parte de las esculturas extraídas en el Cerrillo Blanco, en la campaña arqueológica del 1978, salió a la luz una necrópolis de inhumación, fechada entre el siglo VII y principios del siglo VI a. de C. La necrópolis consta de un total de 29 sepulturas en fosas individuales y una megalítica, cubiertas por agrupaciones de piedras de variado tamaño. Destaca la megalítica como enterramiento principal, formado por una cámara circular y suelo empedrado con losas de menor tamaño que las que revisten las paredes. La cubierta es sostenida por una pilastra en el centro de la sepultura. Dentro de la tumba aparecieron restos de dos individuos tendidos sobre el costado izquierdo. Ni en esta tumba ni en las otras 29 han aparecido ajuares propiamente dichos, aunque asociados a los restos humanos aparecen distintos objetos (broches de cinturón, fíbula, cuchillo de hierro, peine de marfil decorado, cuentas de collar, pinzas de depilar).
La necrópolis está, por tanto, claramente emparentada con el mundo tartésico, existiendo grandes semejanzas con la necrópolis de los Alcores (Sevilla).

En relación al conjunto escultórico íbero:

Se trata de un conjunto de tal envergadura que por sí solo abre un capítulo nuevo en la Historia del Arte Ibérico. Se pueden fechar hacia la segunda mitad del siglo V a.C. Son un grupo de más de 40 estatuas, quizás 50 ó 60, y cientos de fragmentos, con novedosas aportaciones. Parece ser que habían sido enterrados allí, tapándose la fosa con grandes losas de piedra. El estado de conservación de las piezas era muy bueno aunque mutiladas de tal manera que su reconstrucción ha sido y sigue siendo un trabajo muy difícil.
Del conjunto de fragmentos y figuras parece diferenciarse un grupo de guerreros frente a otro grupo de figuras más heterogéneas. Dentro de los guerreros se distinguen ocho estatuas mayores de bulto redondo que serían: guerrero de la armadura doble, guerrero inacabado con casco, guerrero de la espada larga, jinete desmontado y caballo junto a guerrero atravesado por una lanza, guerrero caído con ave, guerrero con caetra colgada al hombro y guerrero asido por la muñeca.
A pesar de que estas figuras se han emparentado temática y estilísticamente con el mundo griego, la vestimenta y panoplia que presentan tiene claros paralelos con el mundo hispánico (iberos y celtas).

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