domingo, 15 de octubre de 2017

El ídolo de Lerilla, Zamarra

Seguimos trayendo ídolos-estela de la Edad del Bronce al blog. Estamos ante una de las manifestaciones más importantes, por el gran número de ejemplos que se han hallado, sobre todo en el occidente peninsular, además de por la interesante información que pueden darnos sobre las creencias y costumbres del final del segundo Milenio y principios del I a. C, a pesar de su complicada interpretación. Muchos de ellos nos recuerdan a menhires, con grabados, lo que ha hecho creer que pudiera ser que dichas piedras ya fueran utilizadas como megalitos en periodos anteriores al momento de ser grabados. En el caso que hoy traemos, el hallado en las inmediaciones del castro de Lerilla, de ahí que se conozca como Ídolo de Lerilla, en el municipio de Zamarra, de la comarca salmantina de Campo de Agadones, aparece principalmente tallada la parte superior, donde se aprecia claramente lo que sería un rostro humano, con una especie de tocado reticular en su parte superior que nos hace creer que pudiera estar representado a una individualidad apreciada por su propia comunidad, a modo de un sacerdote o chamán, de la etnia, o incluso, quien sabe si a una divinidad, pudiendo ser tanto una representación femenina, como masculina. No queremos caer en la fácil identificación con un rey o jefe del poblamiento de turno, a través de la cual siempre se quiere especular con la fácil conclusión de decir que esto demostraría una clara jerarquización de esta sociedad, aunque en muchas ocasiones, es también una de las interpretaciones que se realizan. Hemos de decir que estamos en una zona, la cercana a Sierra de Gata, en el Sistema Central, donde se hallaron bastantes ídolos en una y otra vertiente. En este caso estamos en la vertiente septentrional o salmantina.

El Ídolo de Lerilla se encuentra en la Casa de Cultura de Ciudad Rodrigo - Foto: historiadesdebenavente.blogspot.com

Fuente: historiadesdebenavente.blogspot.com

Uno de los ídolos-estela del norte de la Sierra de Gata es el ejemplar procedentes del castro de Lerilla (Zamarra), hoy en la Casa Municipal de Cultura de Ciudad Rodrigo. 
La figura antropomorfa está realizada sobro un bolo de diabasa de forma apuntada, de unos 110 x 39 cm. La técnica de ejecución ha sido, en su mayor parte, el piqueteado, que ha dejado un surco en forma de “U”, con la excepción de los brazos y las manos, realizados mediante incisión profunda que ha dejado un curso en forma de “V”. 
La representación humana se centra en la parte superior de la pieza, habiéndose dibujado la cara de forma acostumbrada. Sobre el rostro lleva una especie de tocado reticular, coronado, a su vez, por trazos lineales que lo contornean. Debajo del rostro, insinuando el cuello y parte superior del tronco, se han realizado dos líneas curvas concéntricas, similares a las del ídolo de Ciudad Rodrigo (Museo Arqueológico Nacional), si bien en el de Lerilla no se ha dibujado enteramente el tronco. Los brazos son muy pequeños y cortos, terminando en largas manos, todo ello muy esquemático. Hacia la base del tercio superior de la pieza se ha grabado una línea horizontal que recuerda a la de los ídolos de Hernández Pérez y de Salvatierra de Santiago (Cáceres), lo que se ha interpretado como un posible cinturón. 


Representación del Ídolo de Lerilla - Foto: historiadesdebenavente.blogspot.com



viernes, 13 de octubre de 2017

Leyenda del Cerro Garabitas, Madrid

Los lectores de este blog ya saben que andamos tras las huellas de leyendas, ritos, mitos o evidencias de la Antigüedad y de la Prehistoria en la Península Ibérica o, si hablamos de cultos o evidencias actuales, que éstas tengan, más o menos, claras raíces o reminiscencias en aquellos tiempos, como ocurre, principalmente, con muchos festejos y romerías de la actualidad que vamos aportando a este espacio. Hoy, sin embargo, no nos remontamos nada lejos en el tiempo, pues la leyenda que traemos y que, como algunos otros lugares, hemos conocido gracias a nuestro amigo Daniel Salmador, a quien desde aquí damos las gracias, se dice no va más allá, seguramente, del siglo XIX, según hemos podido leer. Nuestra razón de traer este lugar y esta leyenda, es la de que, pese a su cercano origen, nos recuerda a alguno de esos cerros o montañas sacralizados en la Antigüedad, donde moraban los dioses y alrededor de los cuales existían leyendas de todo tipo, aunque muchas de ellas con elementos comunes que, en cierto modo, las emparentaban a unas con otras. En nuestro ejemplo de hoy, no son divinidades, ni encantadas, las protagonistas, sino las almas de los difuntos madrileños, según nos dice la leyenda, las que pasan por el Cerro Garabitas camino del cielo, de donde algunos afirman que puede venir el famoso dicho "de Madrid al cielo".
Hemos de decir que el Cerro de Garabitas es un estupendo mirador, en La Casa de Campo, un conocido y extenso bosque perteneciente a la ciudad de Madrid, con 677 metros de cota y que fue un importante lugar estratégico durante la última Guerra Civil.

Vista desde el Cerro Garabitas - Foto: madridamiles.wordpress.com

Fuente: Madripedia

El cerro de Garabitas se halla en la Casa de Campo. Se dice que las almas de los que han vivido y muerto en Madrid se concentran en este lugar tras su fallecimiento y durante la madrugada emigran al más allá. Muy pocos son los que han podido ver este fenómeno consistente en una especie de nube de color violácea y que se eleva lentamente hacia el infinito. Momentos antes se pueden ver unas pequeñas lucecillas, correspondientes cada una de ellas a un alma, que vagan entre las ramas de los árboles, como intentando aferrarse a este Madrid, como no queriendo marcharse. Por eso hay quien dice que la frase "de Madrid al cielo" tiene su origen en esta leyenda.



Grabados rupestres del Pico del Arrobuey, Caminomorisco

Volvemos a una de nuestras comarcas predilectas, a Las Hurdes; y lo hacemos para dejar constancia, de nuevo, de unos grabados rupestres: los petroglifos del Pico del Arrobuey, en su vertiente perteneciente al concejo de Caminomorisco, en la conocida como Sierra de Horno. Estamos, como en el caso del Tesito de los Cuchillos de la alquería de Castillo, que trajimos al blog, ante una representación de armas: una espada, dos cuchillos o dagas más cortas, un scramasax y parte de otro. En cuanto a su cronología y posible significado han sido, como suele ocurrir ante estas evidencias, muchas las hipótesis planteadas. Se ha hablado de su pertenencia a la Edad del Bronce, en concreto, emparentando estos grabados a las representaciones de armas de las estelas de guerrero típicas del suroeste ibérico; también se habló de la Edad del Hierro, pero la ausencia de tipos afalcatados, de cuchillos curvos o de espadas de antenas, en estos grabados, descartó esta hipótesis; se habló también del periodo romano, emparentando estos petroglifos al caso ya citado del Tesito de los Cuchillos, también de Las Hurdes, perteneciente a dicho periodo histórico; y, por último, una serie de detalles han hecho creer que, verdaderamente, fueron realizados durante el periodo visigodo, como la propia representación del scramasax o sax -como también se le conoce-, siendo ésta un arma blanca típica de tribus germánicas, como la de los francos, la de los sajones o, en el que sería propio del presente ejemplo, la de los godos. Parece que ésta es, por tanto, su verdadera naturaleza. Hemos de decir que, si no se hace nada pronto, estos grabados, junto a un cortafuegos realizado en el monte, corren peligro, pues no se encuentran protegidos en la actualidad como deberían.
En cuanto a su posible significado, dejemos que Antonio González Cordero nos cuente, a través de las siguientes líneas extraídas del último número de la Revista Las Hurdes -nº 35, Época III, julio de 2017-, de la que extraemos también sus fotografías. Resulta muy curiosa la vinculación que realiza con romances y leyendas donde aparece la figura del último rey godo, antes de la llegada de los musulmanes, figura histórica que también se relaciona, por parte de la leyenda, con la no lejana población de Ciudad Rodrigo.




Fuente: Antonio González Cordero, "Los grabados del pico del Arrobuey" - Revista Las Hurdes, nº 35 -julio 2017

No hay pues una idea clara de su significado, ni de la intención de los grabadores, tan sólo una observación detallada del lugar donde se hallan puede ayudarnos a esclarecer parte del misterio que encierran estas figuraciones. En ese sentido, resulta obvio que varios conjuntos comparten ubicación, al reiterar su presencia junto a caminos, circunstancialmente algunos de los más antiguos, es decir, aquellos que con economía de tiempo y esfuerzo permitían desde tiempo inmemorial comunicar el interior de la comarca e incluso atravesarla.
Tal exposición, manifestaría a nuestro juicio un deseo explícito de ser visto, lo cual cabría interpretar, a tenor del significado intrínseco del armamento, como una advertencia para quienes transitan por estas sendas, cobrando sentido así la críptica frase cincelada en el Teso de los Cuchillos -"Arma Mea Cave" (guárdate de mis armas)-.
Otra historia es explicar por qué razones gentes de un mundo que parecía ajeno a Las Hurdes irrumpen repentinamente en su historia legándonos un conjunto de manifestaciones que de otra forma se podría entender como tentativas de establecer delimitaciones territoriales. ¿son acaso expratriados, refugiados, o simplemente transeúntes ocasionales?, posiblemente nunca lo sepamos, pero lo cierto es que protagonizaron uno de los fenómenos más singulares de la iconografía hurdana, y tal vez sin querer, alimentaron los romances y leyendas que muchas veces oí recitar, como probablemente las oyó Romualdo Martín Santibáñez, como aquella que habla del periplo de Don Rodrigo y los últimos guerreros de un reino derrotado, cuyos pasos se pierden en las fragosidades de estas montañas.





domingo, 8 de octubre de 2017

Estela antropomorfa del Cerro del Obispo, Castillo de Bayuela

Nos acercamos a la comarca de Sierra de San Vicente, la cual toma el nombre de una sierra que es como una especie de brazo que desciende, en perpendicular, desde la Sierra de Gredos, hacia el meridiano, muy cerca de la unión de esta última con la Sierra de Guadarrama, todas ellas, a su vez, pertenecientes al extenso Sistema Central, al cual dedicamos una ficha el pasado mes de junio. En la Sierra de San Vicente hay autores que sitúan el mítico Monte de Venus, donde las fuentes clásicas afirmaban que Viriato instalaba su campamento de invierno, a la espera de que la primavera trajera nuevas campañas militares contra el invasor llegado de la Península Itálica.
Nos encontramos, por tanto, en un lugar lleno de Historia, tierra de antiguo vettones, por lo que son abundantes los verracos, esas esculturas zoomorfas tan características de este antiguo pueblo céltico y, dentro de esta abundancia en testimonios, destaca, por encima de todos los lugares de esta comarca, la población y el municipio de Castillo de Bayuela. Allí, muy cerca de un antiguo castro vettón, el castro de El Cerro del Castillo -un topónimo que se repite ante evidencias de antiguos poblamientos- se halló la Estela antropomorfa que hoy traemos, en concreto ésta se encontraba en el conocido como Cerro del Obispo. Estamos ante una estela de guerrero, aquéllas que tan características fueron en la Edad del Bronce y que tan extendidas estaban por el suroccidente peninsular. En concreto, éstas se dividen en cuatro grupos, delimitados por cuatro zonas geográficas: I- Sierra de Gata, II- Valle del Tajo – Sierra de Montánchez, III- Valle del Guadiana – Valle del Zújar y IV- Valle del Guadiana. La del Cerro del Obispo, de Castillo de Bayela, se encontraría dentro del grupo II.
Por el gran tamaño de la misma, 2,07 metros, se piensa pudo ser un menhir en origen, habiéndose convertido, mucho después, en estela cuando se realizó el grabado, en el Bronce Final, entre los siglos X-VII a.C.

Foto: bloghistoriadelarte.wordpress.com


Fuente: David Gutiérrez Pulido - bloghistoriadelarte.wordpress.com

La cara principal muestra un dibujo esquemático con la representación de un antropomorfo (1,13cm). En la parte superior dos cazoletas flanquean una línea vertical con un ancho más o menos uniforme que abarcaría desde la cabeza hasta la pelvis. Bajo las cazoletas una línea horizontal marcaría la diferencia entre lo que sería el rostro con el cuerpo. Los hombros lo conforman a su vez otra línea horizontal que se unen con los brazos en ángulo recto ligeramente curvados, y estos brazos caen en dos líneas verticales, paralelas al cuerpo hasta la zona de la pelvis aproximadamente, siendo el brazo derecho ligeramente más largo que el izquierdo (tras la limpieza de la piedra se pudieron observar tres trazos paralelos a la altura de la mano izquierda que indicarían los dedos de la mano).
A la mitad de la línea del cuerpo, sobresale hacia la derecha un surco cuya terminación se ensancha. Desde la pelvis se marcan las dos piernas que se abren en forma de U abierta, cuya terminación en los pies se estrechan ligeramente. La pierna izquierda resulta algo más corta que la derecha, y su terminación es ligeramente curva hacia la derecha marcando así la forma del pie o la disposición de caminar.
El grabado del dibujo está realizado mediante la técnica de incisión, la cual posee una sección en forma de U abierta. Este grabado está rehundido de forma más aparente en su parte superior (aproximadamente 4mm) y decrece hasta hacerlo casi inapreciable a medida que se aproxima a la parte inferior.


Lugar en el que se halló la Estela de Castillo de Bayuela - Foto: bloghistoriadelarte.wordpress.com



sábado, 7 de octubre de 2017

El Ídolo oculado de la Cueva de Belda, Cuevas de San Marcos

Nos acercamos a Cuevas de San Marcos, en la comarca de Antequera. Allí, en la Cueva de Belda se halló un Ídolo oculado que ha sido adscrito al periodo Calcolítico. Según se dice, podría estar representando a una deidad, posiblemente relacionada con el culto a la fertilidad, pues nos encontramos en un periodo en el que el ser humano ya vivía de forma sedentaria, practicando la agricultura, con lo que no sería, en un principio, descartable dicha posibilidad. Igualmente se dice que podría haber sido un amuleto-protector, pero ya sabemos que sobre creaciones de este tipo, procedentes de la Prehistoria, es muy poco lo que sabemos, aunque, quizás, no se encuentren lejos de la realidad todo este tipo de especulaciones. Sólo sus creadores, y las gentes que lo poseyeron, lo saben.

Foto: cuevadelapileta.blogspot.com

Fuente: ceres.mcu.es

Ídolo-placa de falange con forma bitriangular, simulando una figura femenina, resaltando elementos de este sexo, como la presencia de protuberancias a modo de los senos de la mujer y en la parte media-inferior en forma de triángulo invertido, el pubis de la mujer. En la cara anterior presenta incisiones en forma de ondas simulando los ojos. La cara anterior y laterales están pulimentadas y grabadas con un objeto punzante. Se puede apreciar un ojo completo, con la pupila marcada por un punto central, y parte del otro; a su alrededor, unas finas incisiones representan las pestañas. Debajo de cada ojo cuatro líneas onduladas en la parte inferior, más gruesas, señalan la zona del triángulo sexual.

Foto: ceres.mcu.es

lunes, 2 de octubre de 2017

La Cueva de Urallaga y la Ermita de la Magdalena, Galdames

Traemos un nuevo ejemplo de simbiosis entre antigua cueva y ermita, que siempre nos hace sospechar que puedan existir elementos de culto más antiguos al de la propia ermita. Estamos en Vizcaya, en la comarca de Las Encartaciones, donde, en el municipio de Galdames, junto a los montes de Grumerán, se hallan la Cueva de Urallaga y la Ermita de la Magdalena, un pequeño oratorio junto al espectacular arco de entrada a esta cueva. Nada se dice, en relación a ella, con respecto a huellas sacras de un pasado más lejano, más allá de la existencia de una leyenda; de la existencia, igualmente, de la propia ermita, construida de nuevo tras ser destruida el siglo pasado y cuyo anterior templo, en las fuentes, no se remontaba más allá del siglo XVIII; la bella ubicación, con un arroyo que nace de la propia cueva, una zona con fama de manantiales, pues ya sabemos que muchos de éstos eran sacralizados desde antiguo por su importancia; y, por último, la existencia de una romería en la actualidad a la ermita, cada 22 de julio.
El interior de la cueva natural, fue explotada en los siglos XIX y XX como mina de hierro, pero aún así guarda gran encanto. En el entorno abundan los robles, grandes encinas, además de avellanos y serbales.

Foto: 3.bp.blogspot.com

Fuente: Iñigo Muñoyerro, 13/02/2017 - elcorreo.com

Cuervos, grajos y palomas anidan en el techo. Nos sorprenden con sus zureos, graznidos y silbidos reprobatorios.
Al anochecer es otro cantar. Los murciélagos vuelan a cientos en busca de insectos. Los búhos ululan y el bosque cruje de manera amenazadora. Es la hora de paseo del suicida Almanegra, condenado a vivir eternamente en la oscuridad de la caverna. El escritor encartado Antonio Trueba lo cuenta en su libro 'De Flor en Flor'. Nos sacude un escalofrío. Cae la luz y es hora de marcharse.


viernes, 29 de septiembre de 2017

Cueva de La Ermita y Ermita de San Pelayo, Hortigüela

Volvemos a la comarca de Sierra de la Demanda, a uno de los lugares más importantes dentro de la mitología castellana, pues nos acercamos a un paraje, que se encuentra prácticamente al lado del Monasterio de San Pedro de Arlanza, aquél que fue fundado por el mismísimo Fernán González. Muy cerca se encuentra un peñón, con los restos, en su parte superior, de la conocida como Ermita de San Pelayo y, a sus pies, la Cueva de La Ermita, que según se dice fue el antiguo eremitorio, alrededor del cual, posteriormente, se construyeron la ermita y el monasterio. En la Cueva de la Ermita o de San Pelayo, como también se la conoce, se hallaron restos de neandertales, y se cuenta, no se sabe si es o no leyenda, que tanto la ermita. como la cueva, estuvieron comunicadas. Sobre restos prehistóricos, ya propios de nuestra especie, en forma de pinturas rupestres u otras huellas que puedan mostrarnos algún elemento cultual, que son los que por aquí buscamos, nada se dice, pero esa simbiosis de un peñón, con ermita y cueva a sus pies, más la existencia de los restos, muy cercanos, del que fue un importante monasterio medieval y multitud de leyendas, igualmente medievales, pero que pudieran haber sustituido a otras anteriores, nos han hecho considerar que había que traer este lugar a Iberia Mágica. Pero, que sean los conocedores del lugar quienes nos cuenten.

Cueva de La Ermita o de San Pelayo - Foto: panoramio.com

Fuente: Javier Iglesia Aparicio, condadodecastilla.es

A escasos metros del monasterio de San Pedro de Arlanza, por un camino que atraviesa un frondoso bosque de encinas, sabinas y carrascas, se encuentran las ruinas de la ermita de San Pelayo o San Pedro el Viejo de Arlanza.  Situada en lo alto de un peñón, desde ella se divisan unas fabulosas vistas del río Arlanza. 
Su antecedente inmediato es la Cueva de La Ermita o de San Pelayo, situada varios metros más abajo, descendiendo por la abrupta ladera que mira al río. En esta cueva se han hallado restos de Homo neandertalensis. Puede que también fueran ocupadas por eremitas de la Alta Edad Media y es más que factible que sea en esta gruta donde se sitúe la sección de El Poema de Fernán González en la que el conde Fernán González, persiguiendo un jabalí blanco, encontró una cueva santa donde habitaban los eremitas Pelayo, Silvano y Arsenio. Allí Pelayo profetizó al conde castellano su victoria sobre las huestes cordobesas.
[...] Según Enrique Flórez, quien escribe en el siglo XVIII, esta ermita estaría comunicada por una abertura a modo de silo con la Cueva de La Ermita que se encuentra más abajo:

"Debajo de esta ermita hay una gran cueva de larga concavidad, a la cual se baja por una boca a modo de silo desde dentro de la ermita, y en la misma cuesta hay otra puerta o ventana exterior hacia el río, pero de entrada muy difícil y peligrosa en el tiempo presente."

Es factible que siendo la cueva el eremitorio original estuviera comunicada con la ermita facilitando así la subida y bajada de los monjes y aprovechando la cueva como almacén o habitaciones adicionales. Hoy en día no se puede apreciar rastro de dicha comunicación. Seguramente solo una intervención arqueológica pueda arrojar luz sobre esta pregunta.


 
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