jueves, 21 de junio de 2018

La Cueva de las Calaveras, Benidoleig

En Benidoleig, pueblo algo al interior de la comarca alicantina -habría que decir quizás valenciana, pese la división provincial, sin pretender entrar en polémicas histórico-administrativas- de La Marina Alta, existe una cueva -la Cueva de las Calaveras- que supone la delicia de espeleólogos y de amantes a estas formaciones geológicas, pues está habilitada para la visita desde hace bastante tiempo. Pero no son éstos los motivos de nuestra ficha de hoy, sino más bien la búsqueda de huellas de un pasado sacro prehistórico documentado en esta huella.
El gran y longevo programa de TVE Al Filo de lo Imposible le dedicó un reportaje a esta cueva, en cuyo vídeo alojado en la web de RTVE de manera un poco vaga -normal, cuando no es la temática del programa- se dice que en la cueva se hallaron "restos de enterramientos y ofrendas neolíticas". Hemos tratado de ampliar esta información, pero apenas nada más hemos encontrado, más allá de una mención a que pudo ser utilizada, igualmente, como santuario en época romana, aunque no parece -a priori, pues igual estoy equivocado, pidiendo en tal caso disculpas de antemano- una información demasiado fiable, a pesar de lo cual, doy fe de ella por aquí, porque sería de gran interés de ser cierta.
Para finalizar, como anécdota, diremos que en el escudo de la localidad de Benidoleig aparece una especie de cueva, que seguramente sea la representación de la Cueva de las Calaveras.

Cueva de las Calaveras - Foto: fotosylugares.com


Fuente: Al Filo de los Imposible, blog.rtve.es - 26/02/2010

En sus entrañas se han encontrado, y son visibles actualmente, restos paleontológicos de gran relevancia. La cueva ha sido refugio y habitación humana desde el Paleolítico y se conservan restos de enterramientos y ofrendas de Neolíticas.
La exploración de la zona aérea está documentada desde principios del siglo XVIII. En 1768 un grupo de vecinos mientras la exploraba, halló en su interior los restos óseos de 12 personas, presuntamente agricultores musulmanes de época medieval, que quedaron atrapados y murieron en una crecida del nivel de agua. Estos agricultores realizaban trabajos de captación de agua. El hallazgo de estos restos, dio nombre a la cavidad La Cueva de las Calaveras (Cova de Benidoleig) y a multitud de leyendas urbanas.


sábado, 9 de junio de 2018

Moras encantadas en La Cabrera

Seguimos tras las huellas de Moras Encantadas. En el famoso libro de Ramón Carnicer, "Donde Las Hurdes se llaman Cabrera", al que hicimos referencia no hace mucho por aquí, se recoge el breve fragmento que aportamos en esta ficha, donde podemos comprobar que esta mitología también se da en la comarca leonesa de La Cabrera, lo cual no es de extrañar, cuando hemos comprobado que este mito se repite por multitud de lugares, muy diversos, de la Península Ibérica, que es nuestro campo de investigación al que dedicamos este blog.
Como siempre hacemos, sin ánimo de ser reiterativos para los más habituales por estos lares, simplemente con la intención de dar la información a la persona que por cada una de estas fichas pase de forma aislada y sin apenas conocer el mito de las encantadas, ya se las vista o no de mora, hemos de decir que seguramente estemos hablando de lejanas divinidades que se asociaron a distintos lugares, normalmente de la Naturaleza, como cuevas, ríos, fuentes, etc, aunque, como es el caso de la referencia que hoy traemos, parece que muchas tenían predilección por las cuevas. Estos personajes femeninos, en muchas ocasiones, sólo se suelen aparecer en momentos concretos del año, sobre todo en el Solsticio de Verano, o lo que es lo mismo, en fechas sanjuaneras y podían traer, en algunos casos, algunas que otras desventuras a los que con ellas se encontrasen en esas fechas, principalmente si eran del género masculino, tratando muchas de ellas de conseguir el ansiado desencantamiento, sin lograrlo y quedando atrapadas, eternamente, a ese lugar.
En Galicia y Portugal son las mouras, en Asturias las xanas, en Cantabria las anjanas, en el País Vasco quizás sean las distintas manifestaciones de la diosa Mari y en el resto peninsular las encantadas, encantás o moras encantadas, que como en el caso de hoy, a veces -o muchas veces- un término y otro van unidos.
Tienen cierta similitud con el mundo de las ninfas de la mitología clásica grecorromana, por lo que parte de sus raíces las pudieran encontrar en estos seres mitológicos, aunque muy posiblemente también en divinidades autóctonas de los pueblos prerromanos. Cualquiera sabe; pero ésa es mi apuesta personal: la de creer que son un claro sincretismo de muchas divinidades y mitologías, muchas de ellas muy antiguas. 
A Ramón Carnicer, en su viaje por la comarca de La Cabrera, allá a inicios de los años sesenta del pasado siglo, alguien le habló de una Cueva con una Mora Encantada, historia que había escuchado en distintos puntos de La Cabrera, como él mismo explica, aunque no extrae conclusiones que lleven el asunto a posibles raíces más lejanas a la de tiempo de moros, allá por el Medioevo.

Lago de La Baña, La Cabrera - Foto: leonnaturalmente.com

Fuente: Donde Las Hurdes se llaman Cabrera - Ramón Carnicer

-¿Y sabes más historias de los moros?
-Hay muchas. Le contaré una de una cueva.

La historia de Alberto se refiere a una mora encantada; ya la había oído en Llamas, y me la volverían a contar en La Baña. Casi todas las historias de moros se desarrollan en cuevas y se complican con encantamientos, arcas de oro y esclavas. La gente las cuenta con enorme impresión de lejanía, superior siempre a la de los romanos. A través de ellas se saca la consecuencia de que los romanos practicaban un positivismo duro y sin contemplaciones, mientras que los moros, más que ejercer un poder, andaban constantemente por los vericuetos de la magia, enredados en pactos confusos y en líos de mujeres. 

La comarca de La Cabrera ubicada dentro del mapa de la provincia de León

El mausoleo de Villa romana de Carranque

Terminamos hoy con el material que nos trajimos de nuestra reciente visita, hace algo menos de un mes, a las XIII Jornadas Romanas de Carranque, población toledana de la comarca de La Sagra, celebradas en la Villa romana de Carranque, también conocida como de Materno Cinegio, aunque hubo algunos actos, a los que no asistimos, que se celebraron en la propia población de Carranque el fin de semana posterior a nuestra visita, pues hay que decir que el yacimiento arqueológico se encuentra a 5 kilómetros del pueblo y, por tanto, es importante remarcar que no todas las actividades de estas jornadas -aunque sí el gran grueso- se celebraron en la villa romana.
Centrándonos en nuestra visita al yacimiento, hemos de decir que, además de contemplar las distintas e interesantes recreaciones sobre distintos aspectos de la vida y cultura romanas, de las que hemos traído algunas aquí -las que guardan un interés con la temática de este blog, pues guardamos más material fotográfico y videográfico del aquí expuesto-, hicimos un recorrido al yacimiento y pudimos contemplar que se había dado una nueva interpretación a lo que antes interpretaron como ninfeo y ahora como mausoleo. De este modo, queremos corregir o, más bien, apuntar esta distinta interpretación dada por sus estudiosos actualmente, con respecto a la ficha que en 2009, año de inicio de este blog, dedicamos a lo que antes se entendía como ninfeo y ahora, sin embargo, se interpreta como el mausoleo para la familia propietaria de esta villa que, como el nombre indica, aunque esto no está del todo claro para la totalidad de la comunidad científica, llegó a pertenecer a un tal Materno Cinegio, pariente del emperador Teodosio, conocido como Teodosio I el Grande, último emperador global del imperio, antes de que éste se dividiera en dos, allá por el siglo IV de nuestra era.
En el nuevo cartel, del que transcribimos las líneas que lo integran, se dice que acogió los restos del propietario de la villa y de su familia, pero desconocemos donde se encuentran estos restos, pues nada se dice, o si es, por otra parte, una mera especulación o, si por el contrario, aparecieron con posterioridad en nuevas excavaciones que hicieron modificar la visión que sobre dicha construcción se tenía anteriormente a dicho supuesto hallazgo. Nos parece, por tanto, una explicación algo escueta, pues al menos se debería apuntar, para los nuevos visitantes, que anteriormente se interpretó, en base a una serie de motivos, como una especie de templete consagrado a las ninfas, para posteriormente, tras el hallazgo de hipotéticos restos humanos -si es que esto fue así- y el modelo constructivo apreciados en los restos del edificio, pasar a interpretarse como un mausoleo.

Foto: Iberia Mágica - 13/05/2018

Fuente: cartel explicativo de Parque Arqueológico de Carranque

Se trata de un edificio funerario que acogió los restos del propietario de la villa y de su familia.
De planta rectangular y con un ábside al este, fue construido con una mezcla de piedra y mortero (opus caementicium), ladrillo (opus testaceum) y un zócalo de granito. El pavimento de su interior era un mosaico del que se documentaron apenas unos fragmentos. La cubierta debió de ser una bóveda de cañón en el interior con un tejado a dos aguas al exterior. La fachada principal, orientada al oeste, pudo estar presidida por columnas adosadas. 


Ilustración que recrea el Mausoleo romano de Carranque


miércoles, 6 de junio de 2018

La madera de roble y la Cruz de la Victoria, Asturias

Hoy queremos hacer una breve ficha de las especulativas que hacemos de vez en cuando, con el riesgo que ello supone, aunque, como ya dije alguna vez anterior, no soy historiador, ni arqueólogo, ni folclorista (que ya me gustaría), ni mucho menos científico, con lo que me atrevo a mostrar esta conexión hipotética, porque ya se sabe que la ignorancia es muy atrevida.
Uno de los símbolos más importantes -seguramente el que más- de lo que conocemos a día de hoy como Asturias, cuyo barniz, actual, cubre lo más profundo y oculto de su esencia ancestral o pasado prerromano, es la famosa Cruz de la Victoria. Tanto es así, que forma parte del escudo y de la bandera de Asturias. Esta cruz latina que se halla en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, hecha de metales y piedras preciosas, como el oro o la gema, recubre una cruz de madera que la tradición dice fue utilizada por Don Pelayo en la famosa batalla de Covadonga. Posteriormente se ha sabido, por un análisis reciente, que la madera de la cruz no es de la época de Don Pelayo, sino más bien de la de Alfonso III el Magno, del siglo X, o lo que es lo mismo, de dos siglos después.
Pero, lo que queremos remarcar es el tipo de madera que lo compone, que no es otra, que la madera de roble. Ya sabemos el carácter sagrado que este árbol tenía para los antiguos celtas, grupo de pueblos en el que se encuadraban también los antiguos astures, con lo que, a pesar de los muchos siglos transcurridos entre éstos y la época del propio Alfonso III el Magno, queríamos hacer constar, por nuestra parte (otros muchos lo habrán hecho con anterioridad, evidentemente, aunque lo desconozco) la posible conexión entre el carácter sagrado del roble y la propia Cruz de la Victoria, pues es posible que esa antigua sacralidad se hubiera transmitido al periodo cristiano, en lo que sería un curioso sincretismo.
Se puede decir, en contra, que esto quizás sea pura casualidad, a pesar de que también se afirma que las casualidades no existen, pues estamos ante un árbol muy abundante, por no decir casi que dominante, en la zona, pero, a pesar de la gran consistencia de esta objeción que se pudiera oponer, lo que es cierto es que está hecha de madera de roble y no de la cualquier otro árbol. Con lo que, desde éste, mi humilde espacio, ahí lanzo mi hipótesis.

Reproducción de la Cruz de la Victoria en el famoso puente de Cangas de Onís - Foto: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

Según refiere la tradición, la cruz de madera que se encuentra en el interior de la cruz de la Victoria fue la que el rey don Pelayo enarboló en la batalla de Covadonga, librada en el año 722, en la que las tropas asturianas derrotaron a las musulmanas. No obstante, dicha tradición, que no fue recogida por los eruditos hasta el siglo XVI, ha sido desmentida recientemente por los arqueólogos César García de Castro Valdés y Alejandro García-Álvarez del Busto, que han demostrado, basándose en la prueba del Carbono 14, que la cruz de madera que se encuentra en el interior de la cruz de la Victoria procede de un árbol talado durante el reinado de Alfonso III el Magno, y no de la época de don Pelayo, primer rey de Asturias.


sábado, 2 de junio de 2018

El mundo funerario romano

Continuamos aportando material que nos trajimos de las XIII Jornadas Romanas de Carranque. En este caso un breve vídeo en el que se recreaba un funeral romano del periodo precristiano, cuando aún se incineraba a los difuntos, antes de la inhumación que comenzó, en Roma, con el mundo cristiano.
La recreación fue llevada a cabo por la Asociación Cultural Hispania Romana, que junto a otros colectivos como A.C.Emeritae Ludus Gladiatorum o Ab Urbe Condita, nos transportaron, a los asistentes, a ese lejano periodo con otras muchas recreaciones, de la que trajimos, anteriormente, una de ellas, como fue la recreación del ritual religioso de un augur.
Acompañamos al vídeo con una interesante descripción del mundo funerario romano.




Fuente: tarraconensis.com

La familia romana estaba tan unida que al fallecer uno de sus miembros pasaba a formar parte de los antepasados a los que había que rendir culto. Ya era uno de los protectores de la familia, los Manes, que se les rendía culto manteniendo vivo el fuego del hogar. La tumba adquiría la categoría de altar, símbolo de la vida sedentaria. Debía de estar en el suelo y no podía cambiar de lugar, ya que los Manes exigían una morada fija a la que estaban vinculados todos los difuntos de la familia. El espacio del enterramiento, sepulchrum, adquiría el carácter de lugar sagrado, locus religiosus, inamovible, inalienable e inviolable. Solo podían acceder a él los familiares. Las partes externas, la momumenta, si que se podía transforma y redecorar.
Siempre que las circunstancias y la muerte lo permitían, el funeral daba inicio en casa del difunto. La familia acompañaba al moribundo a su lecho, para darle el último beso y retener así el alma que se escapaba por su boca. Tras el fallecimiento, se le cerraban los ojos y se le llamaba tres veces por su nombre para comprobar que realmente había muerto. A continuación se lavaba el cuerpo, se perfumaba con ungüentos y se le vestía.
Por ley estaban prohibidos los lujos en los funerales, pero permitían colocar sobre la cabeza del difunto las coronas que había recibido en vida. Siguiendo la costumbre griega se depositaba junto al cadáver una moneda para que Caronte transportara su alma en barca y atravesar así la laguna Estigia hacia el reino de los muertos.
Finalmente el cuerpo del difunto se colocaba sobre una litera con los pies hacia la puerta de entrada, rodeado de flores, símbolo de la fragilidad de la vida y se quemaban perfumes. Según la condición social permanecía expuesto de tres a siete días. En la puerta de la casa se colocaban ramas de abeto o ciprés para avisar a los viandantes de la presencia de un muerto en el interior. Como señal de duelo evitaban encender fuego en la casa.
Hasta finales del siglo I, el funeral era celebrado por la noche a la luz de las antorchas, ya que la muerte era un suceso desgraciado y contaminante. A partir de esta fecha comienzan a realizar los ritos por el día, excepto los de los niños, suicidas e indigentes.
El transporte a la pira funeraria o a la tumba, se realizaba colocando al difunto en una caja de madera abierta que se colocaba sobre una especie de camilla para transportarla o era llevada a hombros por su familia. Detrás del difunto se situaba el cortejo fúnebre formado por el resto de la familia y sus amigos. A veces se acompañaban de músicos que tocaban trompetas y flautas o de mujeres que expresaban el dolor llorando o golpeándose en el pecho.
La humatio, era esencial en el funeral. Consistía en arrojar tierra sobre el cuerpo del difunto o sobre parte de él, según se tratara de una inhumación o una incineración. La tumba se consagraba con el sacrificio de una cerda y una vez construida se llamaba tres veces al alma del difunto para que entrara en la morada que se le había preparado.
Durante la ceremonia funeral se realizaba un acto de purificación para las personas que habían estado en contacto con el cadáver. Antes de la sepultura la tumba se purificaba barriéndola o limpiándola y después utilizando agua se limpiaba a las personas que habían asistido al funeral.
En época altoimperial y al entrar en contacto con culturas como la griega, el más allá se concebía como una región subterránea, en la cual vivían reunidas todas las almas, lejos de sus cuerpos recibiendo premios o castigo según la conducta en vida.

La creencia de otra vida tras la muerte motivaba que el individuo fuera enterrado con objetos que había utilizado en vida y que ahora podían acompañarle y servirle en esta nueva vida: ropa, cerámica, utensilios de trabajo, etc. Junto a estos objetos también se colocaban otros relacionados con el ritual funerario: la lucerna que iluminaba el camino hacia el más allá, la moneda para pagar a Caronte, recipientes para alimentos o ungüentarios para los perfumes.

El Mayo de Valverde de los Arroyos

Nos acercamos, de nuevo, a la bella población serrana de Valverde de los Arroyos, donde ya lo hicimos en 2015 para hablar de unas famosas danzas que en este pueblo de la Serranía de Guadalajara se celebran. Hoy volvemos para hablar de su Mayo, que, como ocurre en tantos otros pueblos donde éstos se izan, presiden sus plazas durante todo el mes que hace un par de días terminó, para ser, a final de dicho mes, retirados a la espera del siguiente mes de mayo.
Gracias a un gran amigo, que estuvo en esta población el pasado sábado, supimos de la existencia de este mayo, celebración tan extendida en multitud de pueblos del Sistema Central, sobre todo en la zona limítrofe entre las provincias madrileña y la alcarreña. Suyas son las fotos que aportamos y a él -a nuestro amigo- le dedicamos esta entrada sobre la tradición de esta bella población, heredera, como siempre apuntamos, del ancestral culto al árbol y con un marco excepcional, en este caso, no sólo por la belleza del pueblo en sí mismo y su arquitectura popular de pizarra, sino por su ubicación a los pies del mítico, por estos lares, Ocejón. No obstante, hay que decir que estamos en uno de los lugares más visitados, en los alrededores de esta montaña -el Monte Fuji alcarreño, como algunos le apodaron al Ocejón por su cierto parecido, visto a la distancia, con la montaña nipona-, como inicio de ruta para hacer cumbre en esta montaña.

Foto: Antonio Menéndez Lozano - 26/05/2018

Fuente: pueblosycomarcas.com

Se trata de una celebración primaveral que según indican los estudios al respecto, se hacía coincidir generalmente con el primer domingo de dicho mes teniendo antiguamente connotaciones rituales totémicas a la divinidad primaveral o de los árboles; connotaciones que se han ido perdiendo con el paso de los tiempos.
La celebración de las “fiestas mayales” es común en muchos países de Europa donde existen variantes similares de la misma.
[...] En la península Ibérica se celebran en casi todas las regiones (tanto de España como de Portugal). La puesta del mayo suele realizarse la noche del 30 de abril al 1 de mayo en numerosos pueblos. El mayo es un tronco o palo alto (árbol de mayo) que se alza en una plaza o lugar público durante el mes de mayo y donde concurren los mozos y mozas a divertirse con bailes y festejos. En algunas zonas y durante épocas, los jóvenes competían por trepar por el árbol hasta llegar a la parte superior donde debían de coger una bandera, mientras las muchachas les animan desde abajo bailando y cantando en torno al árbol.


Foto: Antonio Menéndez Lozano - 26/05/2018

sábado, 26 de mayo de 2018

Recreación de sacerdote augur en la Villa Romana de Materno Cinegio, Carranque

Hace dos semanas se celebraron en la villa romana de Carranque las XIII Jornadas Romanas, siendo las de esta última edición, nuestra primera visita a las mismas. Se recrearon escenas como la jornada de un magistrado, o parte de ella, desde que éste despertaba, hasta que realizaba la audiencia de su clientela; la descripción de las clases sociales; de un campamento militar; luchas de gladiadores; un funeral romano del periodo precristiano o de incineración; el cielo nocturno y el mundo de los astros para los romanos; una descripción del ejército romano y la evolución de su armamento en los distintos periodos de la Antigua Roma; y una escena o ceremonia religiosa, que es la que traemos, en forma de documento videográfico, a esta entrada.
En ella el grupo de estudio y recreaciones romanas, Ab Urbe Condita, recreó el ritual practicado por un augur, aquellos sacerdotes que acompañaron al mundo romano, desde prácticamente su fundación y hasta el periodo cristiano, cuando desaparecieron, y que tomó muchos elementos prestados del mundo griego y del etrusco. La corporación de los augures constituían uno de los cuatro colegios sacerdotales por antonomasia de la Antigua Roma, pudiendo ser augures oficiales, de los que sólo podían requerir sus servicios los magistrados, o augures particulares.
A su vez, se dividían entre los que interpretaban la voluntad de los dioses a través de ciertas fórmulas religiosas y los que descifraban dichas voluntades sin previa solicitud, tras la contemplación de ciertos elementos que consideraban designios. La adivinación se podía, en este sentido, extraer de señales del cielo, en forma de rayos, relámpagos, entendiendo que eran augurios favorables, si mirando hacia el sur, los rayos caían hacia su izquierda -entre el Sur y el Este-, considerándose la derecha de Júpiter; a través de los vuelos de las aves e incluso de sus gritos o graznidos, sobre todo de los cuervos, grajos o lechuzas; adivinación observando las vísceras de los animales; posiciones y actitudes de mamíferos y reptiles; acontecimientos imprevistos, que normalmente eran considerados como de mal augurio, etc.
Pero dejemos que sean los que recrearon la escena los que nos cuenten sobre los augures o, más bien, sobre la religión romana en general, pues no sólo se ciñeron a recrear la ceremonia de un augur.







 
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