martes, 17 de julio de 2018

El Cabezo de San Ginés y su posible antigua sacralidad, Cartagena

Nos acercamos a uno de esos lugares donde se acumulan un buen número de vestigios que, en su conjunto, constituyen claros indicios de que esta localización pudo ser bastante importante desde bien antiguo, desde un punto de vista espiritual, religioso o simbólico. Hablamos de El Cabezo de San Ginés, también conocido como Monte Miral, en el municipio de Cartagena, del que escuchamos hablar, hace escasos días, gracias a un programa radiofónico. Nos encontramos en un lugar donde abundan los yacimientos desde la época íbera y posteriores, los cuales se han ido aglutinando, poco a poco, con el transcurso del tiempo, en los parajes y pueblos aledaños. Pero en lo que hace referencia al propio lugar de El Cabezo de San Ginés, el primer yacimiento al que hay que hacer mención es el de la Cueva Victoria, que se encuentra en su ladera meridional, donde, además de restos de animales de eras remotas, se han hallado restos humanos con más de un millón de años de antigüedad, lo que le otorga una gran singularidad, desde un punto de vista antropológico, además del zoológico, a dicha cavidad, a pesar de lo desconocida que es para el gran público, no sólo foráneo, sino cercano al lugar en sí.

Cabezo de San Ginés - Foto: Nano Sánchez

Una gran pista sobre la sacralidad que pudo tener este cerro -de los que suelen llamar 'cabezos' en la zona levantina valenciana y murciana, como es el caso- es la existencia, en el pasado, de hasta nueve ermitas en sus laderas, de las que se conservan cinco en pie, aunque en estado ruinoso, lo que resulta curioso, pues no suelen ser muchas las elevaciones, cerros o montañas sacralizadas con tan alto número de ermitas u oratorios. Muy cerca, también, se encuentra el Monasterio de San Ginés de la Jara, que sería un elemento indiciario más a añadir para seguir tras las huellas de una más que posible ancestral sacralidad en este lugar que mira al Mar Menor y que tan cerca del Cabo de Palos se encuentra. Se cree que este monasterio se construyó en el siglo XVI sobre las ruinas de lo que fue en su momento una fortaleza árabe, sobre la que, posteriormente, en tiempos de Alfonso X El Sabio se adosó una ermita. Incluso se habla de que fue un lugar de culto, en tiempos islámicos, para mozárabes.
Como nos ha ocurrido con otras muchas fichas, no hay huellas en forma de cazoletas, altares rupestres, pinturas rupestres, petroglifos o cualquier otro vestigio que nos remonte a la Antigüedad o la Prehistoria sacras, pero sí claras sospechas, por la acumulación de cultos en etapas posteriores, de que la sacralidad de este lugar, le pueda venir de bien antiguo, de ahí que hayamos considerado de interés dedicarle una ficha en este humilde espacio.


lunes, 16 de julio de 2018

La Cueva y el Hombre de Morín, Villaescusa

Nos acercamos a una zona en la que es más que conocida la abundancia de muestras rupestres y cuevas habitacionales, además de santuarios del Paleolítico. Nos referimos, por supuesto, a Cantabria.
Hoy traemos al blog la Cueva de Morín, en Villaescusa, población de la comarca de Santander.
La cueva fue estudiada en 1910, por primera vez, por dos grandes de los inicios en el estudio del Paleolítico, como fueron Obermaier y Wermet. Desde entonces, han sido varios los estudios de esta gruta, hasta que en 1969 Joaquín González Echegaray y Leslie Gordon Freeman descubrieron al conocido como Hombre de Morín, un ser humano varón, de gran altura -1,85 m- reclinado sobre su lado izquierdo, con las manos a la altura de la cara y las piernas flexionadas. Le faltaban la cabeza y las manos, que se colocaron cerca del lugar que ocupó el cuerpo, en lo que se ha considerado, mayoritariamente por la comunidad científica, como un enterramiento ritual. Pero dejemos que a magnífica web Regio Cantabrorum nos cuente.

El Hombre de Morín - Foto: tacitoenplasencia2010.blogspot.com


Fuente: regiocantabrorum.es

En el año 1969, en plena intervención arqueológica de Joaquín González Echegaray y Leslie Gordon Freeman, los trabajos en el interior de la cueva dieron un resultado sorprendente: Una estructura de época aurinaciense (30.000 años de antigüedad aprox.) compuesta por un fondo de cabaña, señales de una posible empalizada, y cuatro sepulturas fuera de esta última. De todas ellas destacaba una por encima del resto, un hallazgo excepcional que sorprendería a la comunidad científica internacional: “El Hombre de Morín”. Nos encontramos ante un cadáver cuyos tejidos y huesos, gracias al microclima de la cavidad, se habían convertido en una sustancia grasienta plástica (denominada adipociera) que al solidificarse formaron una especie de huella o molde del mismo. Su estado de conservación permitió comprobar que era un individuo de complexión fuerte y unos 1,85 metros, reclinado sobre el lado izquierdo, las manos a la altura de la cara y las piernas flexionadas. La cabeza y los pies habían sido cortados y colocados cerca de la fosa, en lo que parece ser una mutilación ritual. Del mismo modo, en el lugar de la cabeza apareció el “molde” de lo que parece un cervatillo y en los pies un animal mayor, posiblemente un bóvido. Se sabe además que fue depositado en un suelo excavado en forma de trinchera en una fosa de unos 210x52 cm, tapado con tierra (espolvoreado además con ocre rojo) a modo de túmulo y sobre el cual se encendieron hogares en dos momentos diferenciados. Llama la atención la aparición de un pequeño pozo exterior de unos 17 cm de diámetro que comunicaba con el interior. Contenía pequeños fragmentos de huesos quemados. En el interior de la fosa, junto al cuerpo, aparecieron dos piezas líticas de borde cortante que los descubridores asociaron en un principio a un posible ajuar funerario. Para su conservación, se revistió la tumba de fibra de vidrio tanto por los laterales como por debajo de la misma, cortándose y enviándose en el año 1970 al National Museum of Natural History de Washington.
El descubrimiento del “Hombre de Morín” marcó un antes y después en la arqueología regional. Ahora bien, tras lo fantástico de muchas de las interpretaciones en torno al mismo, muchos arqueólogos e investigadores plantean otra realidad igual de valida y que según el contexto, poco o nada tiene que ver con muchas de las afirmaciones realizadas en un principio. Por ejemplo, el “denominado” ajuar pueden ser tan solo dos piezas de industria lítica sin tener ningún componente ritual. Incluso se ha llegado a hablar de que los restos de hogueras por encima de él y el canal de 17 cm eran parte de un “pozo de ofrendas” que comunicaba el exterior de la tumba con el interior. Podríamos estar ante unos individuos donde existía una cierta atención a los muertos, manteniendo incluso relaciones sociales con los mismos tras su fallecimiento…o tal vez no.


Entrada vallada de la Cueva de Morín - Foto: regiocantabrorum.es

lunes, 9 de julio de 2018

Sacralización del agua en la Ermita de la Fuensanta, La Iglesuela

Hoy volvemos, por estos lares 'iberomágicos' a una comarca, no demasiado lejana a mi lugar de residencia, y que me encanta, como es la Sierra de San Vicente. En uno de sus pueblos, en concreto en La Iglesuela, también conocida como La Iglesuela del Tiétar, se encuentra una ermita, que, claramente, parece sacralizar un antiguo lugar de culto al agua. Nos referimos a la Ermita de la Fuensanta. Ésta se encuentra a las afueras del pueblo, a algo más de dos kilómetros, en un paraje de singular belleza rodeado de encinas y con las montañas, de la propia Sierra de San Vicente y de Gredos, como telón de fondo. El templo, reconstruido no hace muchos años, no es demasiado antiguo, pero seguramente esté sustituyendo a otros oratorios cristianos anteriores y, lo más probable que también, a antiguos lugares de culto precristianos, pues la sacralización de una fuente, que dicen de aguas curativas, bien pudiera ser un claro indicio en ese sentido.
Existe, además, no lejos, una piedra caballera con una cruz de piedra en su parte superior, lo que nos hace sospechar que esté, igualmente, sacralizando una antigua peña sacra, en lo que pudiera ser un enclave de antiguos cultos, en un paraje que no pasa desapercibido. Como curiosidad diremos que todos los 1 de mayo se celebra una romería a esta ermita, precisamente en el momento del año en el que los antiguos pueblos célticos celebraban su festividad del Beltaine, con muchas muestras, de aquel antiguo festejo, que han llegado hasta nuestros días, como ya hemos comprobado con "los mayos".
Alrededor de la ermita existe la típica leyenda cristiana, que traemos más abajo, no muy antigua, pues los hechos se sitúan en el siglo XIX, en el que una muñeca, que finalmente se interpretó como la Virgen, cada vez que era transportada desde la Fuensanta, aparecía al día siguiente de nuevo junto a la fuente, en lo que constituye un hecho que se repite en otros muchos lugares.

Foto: Dani Herradón
Fuente: laiglesuelaenimagenes.blogspot.com

La historia y construcción de esta Ermita según cuentan data del siglo XIX cuando un pastor de la vecina Casavieja se encontró a una muñeca en el manantial y este se la llevó a casa en repetidas veces para su hija, pero en ninguna ocasión llegó. La primera vez creyó haberla perdido por el camino, pero al día siguiente al llegar al manantial la muñeca estaba allí de nuevo, el pastor extrañado pensó en que alguien que la encontró tras haberla perdido, la devolvió a la fuente. La segunda vez la guardó bien con la intención de llevarla a su casa de nuevo, pero de nuevo al llegar a casa no estaba y al día siguiente estaba de nuevo en el manantial, muy extrañado lo intentó varias veces más y la muñeca siempre desaparecía y la volvía a encontrar en la fuente. Tras contar lo sucedido en La Iglesuela los vecinos construyeron la ermita, como lugar de resguardo para la virgen que la apodaron como "La de la Fuensanta" y empezaron a celebrar su fiesta el 1 de mayo.


Foto: Dani Herradón

domingo, 8 de julio de 2018

La vettona Ávila y Hércules

Hemos comprobado, en distintas entradas de este blog, la vinculación que Hércules, héroe de la mitología clásica grecorromana, ha tenido en la fundación de distintas ciudades ibéricas. En el caso que hoy traemos, el de la ciudad de Ávila, antigua población, que se sepa, de origen vettón, la leyenda no cuenta que fuera fundada directamente por Hércules, sino por su hijo Alcideo, vástago que tuvo con Abyla, uno de los promontorios del Estrecho de Gilbraltar, en concreto el de la parte africana, pues Calpe (actual Peñón de Gibraltar) sería el de la parte europea, con la que mantuvo una relación amorosa del que nació el citado Alcideo, que, en honor a su madre, dio su nombre a la ciudad fundada por él mismo.
En cuanto al origen de esta leyenda, poca cosa sabemos, pero la intuición nos dice que quizás estemos ante una mitología de reciente creación, que no vaya más allá del periodo romántico decimonónico, o, si fuera de más lejana creación, seguramente no vaya más allá de la Baja Edad Media.
Sea cual fuera la génesis de este mito, nos ha parecido de interés para este espacio, con lo que aquí dejamos constancia de ella.

La famosa muralla de Ávila - Foto: tourtravelandmore.com

Fuente: aqmapacolorca.blogspot.com

[...] Esta última versión mitológica es la que nos cuenta Eduardo Ruiz Ayúcar en su Historia de Ávila. Abyla y Calpe, eran dos promontorios a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar que quedaron como restos de la cadena montañosa que Hércules desgarró para unir el Mediterráneo y el Océano Atlántico. Abyla era también el nombre de la mujer de Hércules con quien tuvo a Alcideo, Continúa la leyenda que Alcideo se lanzó a conquistar el centro de la Península y la primera ciudad principal que fundó la nombró Abyla en honor a su madre.
Pero vayamos al Padre Ariz que nos cuenta cómo Alcideo, hijo de Hércules y Avila arriba a Cádiz desde África junto a sus tropas y su ayo Sofonisbo. Allí fueron rechazados por los griegos que habitaban la zona y los emplazaron a abandonar el lugar en tres días. Siguiendo los augurios, viajaron hacia el norte llegando al cabo de treinta días a un Collado. En el Collado vieron un gran número de palomas, que según los augurios indicaba que aquél era el lugar donde debían asentarse. Aquí decidió entonces asentarse Alcideo con los suyos, a los que reunió y les habló diciéndoles que allí acababan sus trabajos y en aquel Collado sería el lugar que debían poblar; y diciendo esto besó la tierra en señal de posesión e hizo sacrificios al Sol, matándole un toro y una vaca blanca.
Tras la llegada de los africanos, los hispanos habitantes de la zona se organizaron y los atacaron cuando estaban descuidados. Sofonisbo les salió al encuentro y fue muerto por una flecha. Alcideo, enterado de la tragedia cargó con furia a los hispanos matando e hiriendo a muchos. Recuperado el cuerpo del ayo, lo hizo quemar y lo sepultó en la ladera del Collado. Los hispanos, temerosos de la furia de Alcideo,le presentaron dones, ganado y comida. Hicieron alianzas con Alcideo y se mezclaron en matrimonios mixtos. Cultivaron la tierra, domesticaron ganado y poco a poco hicieron sus casas. Alcideo mantenía la paz y ellos le obedecían como a un señor y otras poblaciones se avinieron a ser sus vasallos sujetos a sus leyes.
A los siete años de la llegada de los africanos, y mezclados con los hispanos que eran mayoría, Alcideo los juntó a todos y les habló de la necesidad de construir una defensa, cercar con fuertes murallas la población y pidió la ayuda de todos para llevar a cabo el trabajo. Se iniciaron las obras al octavo año, y tardaron otros trece años en terminarla los muros. Y por ser hijo de la noble Ávila, Alcideo "puso a la tal población su propio nombre de Avila".



jueves, 5 de julio de 2018

Santa María de Eunate y el Templo al dios Jano, Muruzábal

En la comarca navarra de Puente la Reina, en concreto, en el municipio de Muruzábal, se encuentra uno de los templos más conocidos y enigmáticos del Camino de Santiago: Santa María de Eunate; en este caso, del conocido como Camino Francés, el de entrada por el puerto de Somport, y que todavía no ha tenido cabida en este blog, lo cual ya, casi después de una década, es bastante decir, pues merecería haber aparecido mucho antes. Mis disculpas ante él.
Son muchas las personas que dicen haber sentido sensaciones muy especiales de toda índole, ya fuera dentro de sus muros o en sus cercanías. Su galería porticada, de treinta y tres arcos, rodea al templo en lo que parece una especie de crómlech románico, sobre todo si se aprecia desde foto cenital, con el templo en el centro. Se habla de su adscripción templaria, pues por lo visto esta antigua orden religiosa, de la que tanto se habla en los últimos años, gustada de los edificios de planta octagonal, como es el caso de este templo. Pero me ha llamado la atención el dato, del que tuve conocimiento hace poco, de ahí que hasta ahora no hubiera encontrado el momento de hablar de este templo, que le asocia al dios Jano, el famoso dios bifronte romano que dio nombre a nuestro mes de enero, pues se dice que sitúa en el lugar que ya ocupó en su momento un templo romano consagrado a este dios. Conocí este dato escuchando la reciente intervención radiofónica de una persona, pero más allá de esta referencia y de la que aporto como fuente más abajo, nada más he encontrado en una primera búsqueda superficial sobre este particular. Habrá que seguir investigando, pues esto simplemente ha sido una pequeña toma de contacto con esta conexión que hoy aquí apunto.

Iglesia de Santa María de Eunate - Foto: arquitectura-antigua.es


Fuente: Francisco Contreras Gil

Todo es misterio en Eunate. Incluso su nombre. Procede del euskera, cuyo significado es "cien puertas", aunque también en vascuence, onate o unate, significa la "puerta buena". Por su parte, en latín eu-nato viene a ser "el bien nacido". Una puerta sagrada para renacer. Fue una iglesia de carácter funerario, llamada "linterna de muertos" debido al fuego siempre encendido en su torreón, que iluminaba a los caminantes por la noche. Según las crónicas legendarias, fue una mujer llamada "La Reina" o "La Señora", quien pidió que se levantara el santuario, que en él fuera enterrada, y que se diera ayuda a los peregrinos. Un enclave de poder, vinculado a los antiguos cultos, donde se erigía un templo al romano dios Jano.



jueves, 21 de junio de 2018

La Cueva de las Calaveras, Benidoleig

En Benidoleig, pueblo algo al interior de la comarca alicantina -habría que decir quizás valenciana, pese la división provincial, sin pretender entrar en polémicas histórico-administrativas- de La Marina Alta, existe una cueva -la Cueva de las Calaveras- que supone la delicia de espeleólogos y de amantes a estas formaciones geológicas, pues está habilitada para la visita desde hace bastante tiempo. Pero no son éstos los motivos de nuestra ficha de hoy, sino más bien la búsqueda de huellas de un pasado sacro prehistórico documentado en esta huella.
El gran y longevo programa de TVE Al Filo de lo Imposible le dedicó un reportaje a esta cueva, en cuyo vídeo alojado en la web de RTVE de manera un poco vaga -normal, cuando no es la temática del programa- se dice que en la cueva se hallaron "restos de enterramientos y ofrendas neolíticas". Hemos tratado de ampliar esta información, pero apenas nada más hemos encontrado, más allá de una mención a que pudo ser utilizada, igualmente, como santuario en época romana, aunque no parece -a priori, pues igual estoy equivocado, pidiendo en tal caso disculpas de antemano- una información demasiado fiable, a pesar de lo cual, doy fe de ella por aquí, porque sería de gran interés de ser cierta.
Para finalizar, como anécdota, diremos que en el escudo de la localidad de Benidoleig aparece una especie de cueva, que seguramente sea la representación de la Cueva de las Calaveras.

Cueva de las Calaveras - Foto: fotosylugares.com


Fuente: Al Filo de los Imposible, blog.rtve.es - 26/02/2010

En sus entrañas se han encontrado, y son visibles actualmente, restos paleontológicos de gran relevancia. La cueva ha sido refugio y habitación humana desde el Paleolítico y se conservan restos de enterramientos y ofrendas de Neolíticas.
La exploración de la zona aérea está documentada desde principios del siglo XVIII. En 1768 un grupo de vecinos mientras la exploraba, halló en su interior los restos óseos de 12 personas, presuntamente agricultores musulmanes de época medieval, que quedaron atrapados y murieron en una crecida del nivel de agua. Estos agricultores realizaban trabajos de captación de agua. El hallazgo de estos restos, dio nombre a la cavidad La Cueva de las Calaveras (Cova de Benidoleig) y a multitud de leyendas urbanas.


sábado, 9 de junio de 2018

Moras encantadas en La Cabrera

Seguimos tras las huellas de Moras Encantadas. En el famoso libro de Ramón Carnicer, "Donde Las Hurdes se llaman Cabrera", al que hicimos referencia no hace mucho por aquí, se recoge el breve fragmento que aportamos en esta ficha, donde podemos comprobar que esta mitología también se da en la comarca leonesa de La Cabrera, lo cual no es de extrañar, cuando hemos comprobado que este mito se repite por multitud de lugares, muy diversos, de la Península Ibérica, que es nuestro campo de investigación al que dedicamos este blog.
Como siempre hacemos, sin ánimo de ser reiterativos para los más habituales por estos lares, simplemente con la intención de dar la información a la persona que por cada una de estas fichas pase de forma aislada y sin apenas conocer el mito de las encantadas, ya se las vista o no de mora, hemos de decir que seguramente estemos hablando de lejanas divinidades que se asociaron a distintos lugares, normalmente de la Naturaleza, como cuevas, ríos, fuentes, etc, aunque, como es el caso de la referencia que hoy traemos, parece que muchas tenían predilección por las cuevas. Estos personajes femeninos, en muchas ocasiones, sólo se suelen aparecer en momentos concretos del año, sobre todo en el Solsticio de Verano, o lo que es lo mismo, en fechas sanjuaneras y podían traer, en algunos casos, algunas que otras desventuras a los que con ellas se encontrasen en esas fechas, principalmente si eran del género masculino, tratando muchas de ellas de conseguir el ansiado desencantamiento, sin lograrlo y quedando atrapadas, eternamente, a ese lugar.
En Galicia y Portugal son las mouras, en Asturias las xanas, en Cantabria las anjanas, en el País Vasco quizás sean las distintas manifestaciones de la diosa Mari y en el resto peninsular las encantadas, encantás o moras encantadas, que como en el caso de hoy, a veces -o muchas veces- un término y otro van unidos.
Tienen cierta similitud con el mundo de las ninfas de la mitología clásica grecorromana, por lo que parte de sus raíces las pudieran encontrar en estos seres mitológicos, aunque muy posiblemente también en divinidades autóctonas de los pueblos prerromanos. Cualquiera sabe; pero ésa es mi apuesta personal: la de creer que son un claro sincretismo de muchas divinidades y mitologías, muchas de ellas muy antiguas. 
A Ramón Carnicer, en su viaje por la comarca de La Cabrera, allá a inicios de los años sesenta del pasado siglo, alguien le habló de una Cueva con una Mora Encantada, historia que había escuchado en distintos puntos de La Cabrera, como él mismo explica, aunque no extrae conclusiones que lleven el asunto a posibles raíces más lejanas a la de tiempo de moros, allá por el Medioevo.

Lago de La Baña, La Cabrera - Foto: leonnaturalmente.com

Fuente: Donde Las Hurdes se llaman Cabrera - Ramón Carnicer

-¿Y sabes más historias de los moros?
-Hay muchas. Le contaré una de una cueva.

La historia de Alberto se refiere a una mora encantada; ya la había oído en Llamas, y me la volverían a contar en La Baña. Casi todas las historias de moros se desarrollan en cuevas y se complican con encantamientos, arcas de oro y esclavas. La gente las cuenta con enorme impresión de lejanía, superior siempre a la de los romanos. A través de ellas se saca la consecuencia de que los romanos practicaban un positivismo duro y sin contemplaciones, mientras que los moros, más que ejercer un poder, andaban constantemente por los vericuetos de la magia, enredados en pactos confusos y en líos de mujeres. 

La comarca de La Cabrera ubicada dentro del mapa de la provincia de León
 
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