lunes, 15 de junio de 2015

La Mojea del Viñazu y el toro de San Juan, Tierras de Granadilla

En algún lugar de Tierras de Granadilla, parafraseando al autor de la más universal obra literaria castellana, aunque en nuestro caso en relación a la comarca extremeña y no a la manchega, se encuentra La Mojea del Viñazu. Félix Barroso, una de nuestras máximas referencias, sobre todo en lo que se refiere a la comarca de Las Hurdes, que tantas veces traemos a este blog, y a comarcas aledañas, como la de hoy, de la que es oriundo, nos deleita en la red con publicaciones de sus andanzas arqueológicas, rastreando los campos, principalmente de su comarca. Ayer publicó su visita del pasado viernes, 12 de junio de 2015, en el paraje conocido como La Mojea del Viñazu, donde no especifica ubicación, ni municipio, pues a veces es recomendable no hacerlo. Por mojea, como bien explica, se designa un sitio de vegetación espesa, mientras que viñazu nos pone sobre la pista de que nos encontramos en un lugar donde hubo una antigua viña, además de por otras pruebas, como ser una finca con alto muro de piedra, como ocurren en otras muchas viñas, y con colocación de losas que se usaban para guiar a las viñas. En este lugar, además de una curiosa leyenda de fecundidad, relacionada con el simbolismo del toro, en torno al Solsticio de Verano que tan próximo está y que se nos cuenta más abajo en palabras del propio Félix Barroso, existen muestras cultuales en forma de cazoletas, además de las ruinas de una ermita que, a buen seguro, cristianizaba un lugar que ya era sagrado mucho antes.



Fotos: Félix Barroso Gutiérrez

*Fuente: Félix Barroso Gutiérrez

Todo este lugar está impregnado de numerosos enigmas mágico-religiosos, lo que nos lleva a conjeturar que fue un lugar sagrado para remotas culturas. La gente mayor cuenta que, al llegar la "sacrosanta" mañana de San Juan (sosticio de verano), momentos antes de la salida del sol, aparecía en la "mojea" un toro embravecido y furioso, echando baba por la boca. Y refieren que aquellas mozas que quisieran asegurar su futura fertilidad tenían que acudir allí esa misma mañana, quedarse como su madre las trajo al mundo delante del toro y limpiarle a éste la baba con un pañuelo nuevo y rojo. Pero todo el proceso debía realizarse en el mismo momento en que resplandecían las sierras anunciando la salida del astro rey, sin que llegara a asomar la gigantesca y radiante estrella. Si el sol aparecía y no se había ultimado el proceso, el toro embistiría a la moza por sus partes y la mataría.
Esta curiosa y enjundiosa leyenda nos lleva a aquella encarnación del toro en antiquísimas divinidades, que se encargaban de fertilizar la tierra mediante el envío del semen divino en forma de lluvia fecundante. De aquí la costumbre ancestral de asperjar sangre de toro sobre los sembrados, a fin de obtener grandes cosechas. Los druidas (sacerdotes celtas) mezclaban el muérdago con la sangre de dos toros blancos y preparaban una pócima que, ingeriéndola, curaba la esterilidad. Y se cuenta que las antiguas egipcias le mostraban el sexo a Apis, el "Toro sagrado", para asegurar su fertilidad. Por estos pueblos, siempre se dijo aquello de "tieni el toru que joel pol él y pol el güé" (tiene el toro que padrear por el él y por el buey). Los antiguos dioses fecundadores estaban emparentados con el toro y, a su vez, eran divinidades de las tormentas (el trueno es semejante al mugido del toro). Todos estos dioses se encuentran en hierogamia con la diosa Madre o diosa Tierra, a la que se solía representar como a una vaca. El escritor de origen griego Diodoro Sículo (IV, 18,3) afirma que los toros son sagrados entre los hispanos. Pinturas policromadas en cerámicas nos hablan de toros asociados a danzas rituales, en las que participaban mujeres solteras, lo que pone de relieve el carácter fertilizante, genésico y viril del toro.
Como cosa curiosa, hemos de decir que por estas tierras se conserva aún una singular copla, muy popular y cargada de gran sensualidad, cuyo estribillo es el siguiente: "A la Remolona la ha cogíu el toru,/la ha metíu el cuernu por el as de oru./A la Remolona la ha vueltu a cogel,/la ha metíu el cuernu pol allí otra vez".
Finalmente, observamos un trozo del lienzo de uno de los muros de una antigua ermita (posible sustitución de algún templo pagano) que se encontraba lindando con la "Mojea del Viñazu".


Tierras de Granadilla

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