miércoles, 10 de junio de 2015

Danzas de la Octava del Corpus, Valverde de los Arroyos

Muchas de las fiestas ancestrales de las que hemos hablado, tanto en las mascaradas y danzas invernales, como en las primaverales celebradas, en buen número, en mayo, tienen su continuación en otras como la que hoy traemos. Tal y como se establece en el texto que aportamos como fuente, las Danzas de la Octava del Corpus de Valverde de los Arroyos, población de la comarca de la Serranía de Guadalajara, según se dice, fueron desplazadas, por bula papal, a ser celebradas en la fecha del Corpus, por lo que, a buen seguro, no serían tan tardías en origen. De este modo, nos han recordado, por el colorido de los danzantes y algunos de sus ritos -la danza de paloteo, la del Cordón, etc-, a otras muchas celebradas a mitad de invierno y que tratan de despertar a la ya no tan lejana primavera por aquellas fechas del Imbolc. Pero esto no deja de ser una mera impresión del que estas líneas escribe, con lo que, como siempre, agradeceríamos cualquier información y opiniones, al respecto, de los lectores que por aquí aparecierais.
Para finalizar diremos que estamos a los pies del que dicen fue un monte sagrado en tiempos celtibéricos por estos pagos, el Ocejón, constituyendo la subida más conocida por la contemplación que se hace, en su subida, de la bonita cascada que cae de la montaña conocida como chorreras de Despeñalagua.

Foto: turismocastillalamancha.com

*Fuente: turismocastillalamancha.es

Si algo caracteriza esta fiesta, es la vistosa vestimenta de los danzantes, en que destaca su alto gorro adornado con flores. Tampoco se queda atrás el botarga, figura tradicional en Guadalajara, vestido de vivos colores.  Las danzas que ejecutan, de origen pagano, no estuvieron ligadas a la celebración cristiana hasta el s. XVII, en que por bula del papa León XI, se les permitía“bailar cubiertos ante el Santísimo”.
Los danzantes realizan su primera danza, la de la Cruz, en las eras, tras la misa. De vuelta en la plaza, interpretan la danza de los Molinos, de paloteo, en que parecen luchar blandiendo sus palos al son de la música. Le sigue la danza del Cordón, en que trenzan ocho cintas de distintos colores, alrededor de un palo que sostiene el botarga.  Y así, hasta completar las seis danzas que permanecen de esta antigua tradición, que, según los vecinos, llegó a tener hasta doce variantes.

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