domingo, 3 de enero de 2016

El Bronce Carriazo, Sevilla

Hasta ahora no habíamos traído al blog una las creaciones más conocidas del mundo tartésico. Hablamos de un relieve en bronce de 15,3 x 9,5 cm, que parece pudo haber formado parte de un bocado de caballo. Está datado entre los siglos VII y VI a. C. y se cree fue hallado en los alrededores de Sevilla, aunque el arqueólogo Juan de Mata Carriazo y Arroquia se encontró con él en un mercado de antigüedades, en los años 50 del siglo pasado, de ahí se le llamara como uno de sus apellidos.
Se trata de una representación de la diosa fenicia Astarté, aunque con el típico peinado que presentaba la diosa egipcia Hathor, eso sí, sin las características orejas de vaca de esta última divinidad. En esos siglos, por tanto, el sincretismo entre las tradiciones orientales -fenicia y egipcia- y la local, era más que evidente. De todas formas, hemos de hacer caso a los expertos, que la califican como tartésica, pero bien pudo provenir de alguna colonia propiamente púnica de la zona o de la propia Fenicia; entendemos que se han tenido que basar en alguna razón que no conocemos para considerar a la pieza como de producción local. El Bronce de Carriazo se puede contemplar en el Museo Arqueológico de Sevilla.

Foto: Wikipedia


*Fuente: Red Digital de Colecciones de Museos de España - ceres.mcu.es

El ´Bronce Carriazo´ constituye una pieza excepcional entre los objetos de origen tartesio de este Museo, por su original modelo iconográfico y especialmente por su trascendencia histórica. Se halló de forma casual en el mercadillo de ´El Jueves´ de Sevilla en los años 50 del pasado siglo, y continúa protagonizando un encendido debate acerca de su funcionalidad específica. Presentado como cama de bocado (Maluquer, 1957; Blanco, 1960), y objeto de caldero (Maluquer, 1957), parece que corresponde, según paralelos iconográficos, con una cama lateral de bocado de caballo. El modelo remite a la región del Luristán, dentro del mundo asirio del s. VII, aunque esta hipótesis debe admitirse con reservas. Lo que sí está claro es que no es producto de la influencia de Hallstat, como sugería Maluquer, ya que la representación, la diosa entre animales, es típica del mundo oriental, transportada por los comerciantes fenicios y orientales a partir del s. VII por todo el Mediterráneo (Jiménez, 2002)
[...] A cada lado -de la diosa- se erige un ave en vuelo, de especial valor simbólico, con plumas bien ordenadas que se acoplan por encima de la cabeza femenina. De pico largo, recto y cerrado, con ojos levemente indicados, portando una especie de collar constituido por tres líneas paralelas, y por debajo, unas leves escamas pertenecientes al pelaje del cuello. Bajo las alas extendidas, el cuerpo adquiere forma de nave, de donde sobresalen siete apéndices perforados para la suspensión de algún elemento decorativo (cadenillas con sonajeros, ruedas o figuritas). El pico del ave situada a la derecha de la figura se encuentra fracturado.
La parte posterior se presenta lisa, a excepción de una gruesa anilla dispuesta en vertical a modo de asidero. 



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