lunes, 28 de diciembre de 2009

El Valle y la Peña del Rey Moro de Toledo

Hoy realizamos nuestra primera visita a la ciudad más mágica y con mayor número de enigmas y leyendas seguramente de toda la Península Ibérica. Así que, con toda seguridad, no será la única vez que nos acerquemos, en Iberia Mágica, a esta maravillosa ciudad. Algunos, aunque no tan agraciados como los que en ella residen, tenemos la fortuna de vivir a no mucha distancia de la misma, pudiendo repetir así visita con bastante frecuencia, pues Toledo no se conoce en una, dos, o tres jornadas, yo diría que se necesitarían varias vidas y, aun así, nos quedarían infinidad de enigmas por resolver y su poder para sorprendernos una y otra vez continuaría vigente con mayor intensidad, si cabe, que el primer día.
Hoy, en concreto comenzaremos por el lugar con más tinte ancestral de toda la ciudad, este enclave no es otro que El Valle, en concreto, la hoz del río Tajo, que en forma de herradura abraza a la antigua ciudad por el Este, el Sur y el Oeste. En la orilla opuesta a Toledo nos encontramos con el cerro del Bú, donde algunos dicen que se encuentra el poblamiento originario de la ciudad, y sobre todo, hacía el mediodía, los protagonistas de hoy, la ermita de la Virgen del Valle y, tras ella, un cerro con forma cónica conocido como la Peña del rey Moro. El lugar tiene ese tinte de sacralidad ancestral que desprenden todos aquellos enclaves naturales impactantes. Así, existiendo constancia de antiguas ruinas en el cerro del Bú, no es extraño que en las proximidades de la ermita, tan cercanas a dicho antiguo poblamiento, existiera algún lugar sagrado para sus antiguos moradores y ahí entra en juego la intuición de un servidor, seguramente errónea, en cuanto a la Peña del rey Moro, tan próxima a la actual ermita de la Virgen del Valle; especulación que me puedo permitir traer hasta aquí, pues no es mi intención, ni tengo posibilidad, de sentar cátedra ni sobre éste ni sobre ningún otro asunto, simplemente opino, o más bien divago, en un humilde sitio como éste, cuyo morador es aficionado a estas temáticas.

Toledo visto desde la Peña del Rey Moro, con la ermita de la Virgen del Valle abajo - Iberia Mágica

La leyenda "oficial" del lugar nos cuenta que en el año 1083, reinando en Toledo el rey musulmán Yahia Alkadir, éste pidió ayuda para defender la ciudad, pues Alfonso VI, rey de Castilla, tenía la misma cercada. Ante la imposibilidad de recibir ayuda de los reinos de Taifas de Zaragoza y Badajoz, pues sus reyes habían fallecido antes de poder prestar dicho socorro, tuvo que acabar recurriendo a los monarcas del norte de África, mandando éstos a un emisario para que evaluara la situación y las necesidades reales y así prestar la ayuda necesaria. El mensajero elegido fue el príncipe Abul-Walid. Éste a su llegada conoció a la joven hermana del monarca toledano, de nombre Sobeyha, quedando los dos profundamente enamorados. Así, cuando tuvo que volver para realizar su cometido de informar, juró a la joven que volvería para estar ya siempre junto a ella, pero cuando se formó el ejército y volvió él a la cabeza del mismo, Toledo ya había sido tomado por los cristianos y su amada había muerto de pena por la desgracia de su familia -perdió a una hermana cuando la ciudad fue asaltada- y, sobre todo, ante la idea de no volver a encontrarse con su amado. Pero antes había dejado un mensaje para Abul-Walid, que le fue transmitido cuando llegó a las cercanías de la ciudad sin conocer que ésta había sido ya tomada por las tropas enemigas y, por supueso, sin tener noticia alguna de la muerte de su amada. En el mensaje decía que había muerto pensando en él y que no tratara de recuperar la ciudad. Pero Abul-Walid no hizo caso y acampando en la zona de El Valle, al otro lado del río, se dispuso a tomar la ciudad. Pero una de las noches, un grupo de guerreros, con El Cid a la cabeza, que se encontraba a las órdenes del rey Alfonso VI, atacó por sorpresa el campamento de Abul-Walid, extendiendo el pánico entre las tropas musulmanas, que llegaron ante la confusión y la nula visibilidad nocturna a luchar y darse muerte entre sí. A la mañana, los pocos supervivientes se rindieron y antes de su huida encontraron a su monarca muerto sobre la Peña hoy conocida en su honor como del Rey Moro, donde le enterraron. Dicen los toledanos que las noches de luna, al mirar a las piedras desde Toledo se ve el cuerpo del rey moro subido a la peña contemplando las calles y torreones de Toledo, por donde paseaba con su amada.

Peña del Rey Moro - Iberia Mágica

Ésta es la leyenda tejida en torno a este lugar. Pero ahora entra en juego mi hipótesis y no es otra que tratar de deducir su antigua sacralidad. Hay una serie de elementos que confluyen en este enclave que pueden suponer un indicio en cuanto a dicha posibilidad, aunque claro está, falta toda huella arqueológica que verifique lo que vengo a decir, por eso no pasa de ser una mera hipótesis personal, hipótesis seguramente planteada por otras muchas personas con anterioridad, o quizá no, ante tal supuesto absurdo. Pero yo me aventuro, pues la proximidad de la ermita -indicio en bastantes casos de cristianización de lugares ya eran sagrados con anterioridad-, del poblamiento prerromano y la forma cónica del cerro con un gran cúmulo de rocas de granito de sugerentes formas, me traen a la memoria otros lugares de cultos naturalistas ancestrales bastantes similares, donde la roca, el agua, el cerro cónico y el impacto visual lo hacen idóneo para que hubiera podido ser elegido por los antiguos moradores de El Valle, esos antiguos toledanos que eligieron un lugar, que con el tiempo quedaría inmortalizado en la Historia universal, como su lugar de culto. Ahí dejo caer mi intuición, que seguramente no sea más que una simple elucubración sin fundamento empírico, pero siempre que paseo por el espectacular Valle y contemplo la ermita en la parte baja de la propia Peña, no puedo evitar que en mi mente brote dicha reflexión.


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