viernes, 24 de julio de 2009

El Maestrazgo

De nuevo, en esta entrada, son protagonistas los templarios. No nos gustaría acabar aburriendo al personal con la figura de estos monjes-guerreros, pero sus pasos están tan extendidos entre los lugares que son sagrados desde tiempos inmemoriales, que es obligada su mención. En este sentido, aunque sólo -que no es poco- mueva un interés meramente antropológico, es mucho lo que se les debe, pues rescataron muchos enclaves del olvido y han sido, con toda la dificultad que conlleva seguir las huellas de un grupo proscrito, una fuente de información muy importante.
La comarca de El Maestrazgo fue uno de sus lugares predilectos.
















Toll d'en Drac, El Maestrazgo


El Maestrazgo (El Maestrat o El Maestrat vell en valenciano) es una comarca histórica y natural que se extiende por el norte de la provincia valenciana de Castellón y el sureste de la provincia aragonesa de Teruel.

El nombre de Maestrazgo deriva del término maestre, ya que estos territorios se encontraban bajo la jurisdicción del Gran Maestre de las órdenes militares del Temple, San Juan y Montesa. En 1838, durante las Guerras Carlistas, se creó la Comandancia General del Maestrazgo como distrito militar.
(Wikipedia)
















Ares del Maestre, con su característica formación rocosa en lo alto conocida como La Muela. Sobre la misma se hallaba lo que fue un castillo templario. Curiosa toponimia la de esta población, homónima al menos del dios de la guerra griego. En las cercanías del municipio existe un yacimiento ibero, el de Hostal Nou

El Maestrazgo no es lugar para una ruta, sino una zona absolutamente repleta de síntomas mágicos que ya fueron captados por los templarios cuando, de un modo sistemático, consciente y continuado, fueron apoderándose de lugares, fortalezas y enclaves que, de una u otra manera, formaban parte de este ancestral conjunto de recuerdos insólitos desde las épocas más oscuras de la cultura humana. Sin grandes vías de comunicación, con escasos ríos que la mayor parte del año son simples torrenteras, en un medio seco y árido que le da precisamente su personalidad inalienable, el Maestrazgo es lugar donde caminar pueblo a pueblo, sin dejar uno solo, apuntando en cada uno costumbres, monumentos insólitos, recuerdos demasiado extraños par apoder pasarlos por alto. Por eso, la ruta que voy a proponer en este itinerario no es la única, ni mucho menos, sino apenas un ejemplo -y estoy seguro que ni siquiera el más acertado- de todo el componente insólito de la comarca, señalada por los maestros de la prehistoria, por los monjes medievales, por los caballeros del Temple, por los peregrinos, por los locos y por los carlistas, que convirtieron aquellos lugares en un lugar de violencia y de luto.

El Maestrazgo es tierra donde el elemento mágico se mantiene aún extrañamente vivo. Allí se da la presencia de curanderos y, sobre todo, de ermitas cuyas imágenes están especialmente destinadas a curar todos los males. En el Maestrazgo hay milagros recientes, cruceros góticos escondidos por las aldeas más apartadas y viejos monasterios donde se buscó el conocimiento en profundidad.

Los templarios tomaron una parte muy activa en las campañas por la conquista de Valencia llevadas a cabo por Jaime I el Conquistador. Al cabo de ellas, se vieron dueños de una importante zona, parcialmente compartida por los caballeros de la orden de San Juan. Es curioso advertir que el interés de la orden del Temple por territorios de esta comarca desmiente la suposición -por otro lado bastante extendida- de que los llamados "pobres comilitones del Templo de Salomón" tenían ansia de riquezas y de territorios estratégicamente importantes. El interés de los templarios por determinados núcleos geográficos como estos del Maestrazgo sólo puede explicarse por su búsqueda constante de enclaves en los que, de un modo u otro, surgían las pruebas de haber servido ancestralmente como centros cultuales de gran importancia en las formas religiosas imperantes antes de la implantación del cristianismo. Si repasamos los modos que emplearon los monjes blancos para apoderarse de los lugares que les interesaban veremos cómo, en unas ocasiones, los solicitaron de los reyes de la Corona de Aragón como pago por su ayuda en las campañas de conquista; cómo, en otras ocasiones, los permutaron por enclaves que les habían sido donados y que, a pesar de su riqueza evidentemente superior, carecían del atractivo mágico que estos otros podían tener para ellos; cómo, finalmente, los compraban o los exigían por diversos medios, incluso provocando donaciones de nobles terratenientes que legaban sus dominios al ingresar en la orden, en un momento o en otro de su vida.
(Juan G. Atienza)

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