martes, 24 de octubre de 2017

El culto mariano o culto a la Madre Tierra

Una vez leí o escuché, ahora no recuerdo, que el mejor lugar -o uno de los mejores, tampoco lo recuerdo- del mundo para rastrear cultos paganos era la Península Ibérica. No sabemos si es algo exclusivo de la llamada piel de toro extendida que dijo Estrabón, o, seguramente, también se dé en muchos otros lugares europeos y de otros continentes. Yo, personalmente, apuesto por lo segundo -hay claros ejemplos no sólo en la Península, sino en Europa y en otros continentes-, pero ello no es óbice para que no crea que verdaderamente estamos en una tierra muy rica en sincretismos, de ahí que uno se animara a recopilar, breve y modestamente, lugares y cultos de este tipo en el presente blog.
Lo que hoy traemos son unas líneas en las que queda claro que detrás de la leyenda tan recurrente del hallazgo o aparición de vírgenes, en muy distintos lugares, se da un clara conexión con cultos aún mucho más antiguos, en los que se especula, además, con la posibilidad de que la Virgen de turno no esté haciendo otra cosa que sustituir, como ya se ha apuntado en más de una ocasión por aquí y como es bien conocido por los interesados en estas temáticas, a antiguas divinidades femeninas, que a su vez no son otra cosa que la herencia del antiguo culto a la Madre Tierra del que tanto se ha hablado.

Virgen de Soterraña en su cueva, Madroñera (Cáceres) - Foto: chdetrujillo.com

Fuente: Los peregrinos del Camino de Santiago - Juan García Atienza.

Por si fuera poco, la mayor parte de aquellas imágenes fueron envueltas en un espeso velo de misterio milagroso y casi no cabe tropezar con ninguna que no tenga su leyenda, narrando un prodigioso descubrimiento que habría puesto al descubierto la imagen, supuestamente escondida por temor a que fuera profanada por la invasión árabe, y olvidado después el escondrijo donde fue depositada. Hay imágenes que "aparecieron" en cuevas, en troncos de árboles (generalmente árboles sagrados de la Antigüedad precristiana), debajo de megalitos, a la sombra de arroyos, en el pico de montes venerados por los ancestros, en el fondo de simas inaccesibles que emitieron luminarias para avisar de lo que había en sus profundidades. Y fueron muchas las imágenes que, una vez encontradas, demostraron palpablemente que "deseaban" ser veneradas en el lugar donde las encontraron y que, trasladadas a otro, "regresaron" al sitio del encuentro, solo para mostrar su voluntad de permanecer allí y su deseo de que fuera también allí donde se les levantase el preceptivo santuario.
Estas circunstancias, lejos de fomentar la intención milagrera, y vistos tanto los modelos iconográficos como los lugares donde se les levantó capilla para que fueran a venerarla propios y extraños -léase peregrinos-, nos muestran, a menudo, la presencia de espacios ancestralmente sagrados que fueron recuperados por la memoria de los fieles, que, de pronto y sin encomendarse a ninguna autoridad, los volvieron a hacer suyos, después de que la fe cristiana generalizada hubiera hecho todo lo posible por olvidarlos. Tales lugares, según cabe demostrar en muchos casos, conservaron por mucho tiempo, e incluso siguen conservando en la actualidad, en algunos casos, cualidades que en tiempos de ignorancia pudieron tenerse por prodigiosas: aguas medicinales o detección de especialísimas energías telúricas que fueron sacralizadas por los efectos aparentemente sobrenaturales que producían. En este sentido, y para los peregrinos que quisieran advertirlo, aquella presencia de imágenes de Nuestra Señora en el Camino, o en sus proximidades, era también una llamada de atención a al antigua sacralidad de la Tierra, adorada como Diosa Madre a través de las numerosas deidades femeninas que proliferaron en la Antigüedad, desde Deméter a Belisana, desde Istar a Isis la Negra, cuyas cualidades de negritud heredaron con todas sus consecuencias muchas de las más veneradas imágenes de aquellos primeros tiempos de la exaltación del culto mariano.

4 comentarios:

  1. Miguel E. Lozanomartes, octubre 24, 2017

    Cierto Argantonios. Iberia es muy rica en cultos marianos, generalmente asociados a lugares con gran energía telúrica (como Montserrat o Covadonga), aunque coincido contigo en que el culto a la madre tierra es universal, solo que en cada lugar a ido adquiriendo unas caracteristicas propias y tal vez aquí haya desembocado en ese culto mariano tan extendido. Seguramente la cueva de la Virgen de Soterraña, fuera habitada con anterioridad por la diosa Ataecina.
    Por cierto, pueblo con gran tradición folclórica, Madroñera. Y con una estela de.piedra muy interesante tambien.
    ¡Salud amigo!

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    1. Buena hipótesis la que planteas en relación a la diosa Ataecina. Pudiera ser así, sí señor, pues ya sabemos lo extendido que estaba su culto por aquella zona peninsular.
      Me anoto lo de la estela de Madroñera, no sabía de su existencia.
      Un abrazo, amigo, ¡salud!.

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    2. Argantonios, se me ocurrió relacionar la cueva de Soterraña con el culto a Ataecina a raiz de la basílica visigótica de Santa Lucía del Trampal, que como sabes se encuentra en el pueblo de Alcuéscar, no lejos de Madroñera. Al parecer esta iglesia se levantó sobre un antiguo lugar dedicado al culto de esta diosa celta. He descubierto que dedicaste en noviembre de 2009 una ficha muy interesante a este asunto.

      En cuanto a las estelas, Extremadura,.junto con todo el norte de Iberia, es un lugar muy rico en este tipo de manifestaciones. Hay muchos pueblos por toda la geografía extremeña que poseen estelas de piedra y son diferentes a las del norte peninsular en lo que humildemente he podido observar.
      Un abrazo

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    3. Hola Miguel.
      Cierto, buen apunte, igualmente, el de Santa Lucía del Trampal, pues no había reparado en cuanto a la cercanía entre uno y otro lugar.
      Con respecto a las estelas extremeñas, son diferentes a las del norte, porque entrarían más o menos dentro de la tipología de las estelas del Bronce del suroeste ibérico, que, precisamente, se encuadran, más o menos a grosso modo, con lo que fue el ámbito territorial y cultural tartésico, aunque algunas de estas estelas pudieran ser anteriores a la propia existencia de Tartessos, pero parece claro que pudieran constituir un sustrato totalmente relacionado con el que fue finalmente el pueblo o la cultura de Tartessos.
      Otro abrazo, compañero.
      ¡Salud!

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