sábado, 8 de noviembre de 2014

La esquila de las ánimas, La Alberca

Ya dejada atrás la fecha o fechas de celebración de ánimas, difuntos, samaín o el antiguo Samhain céltico, queremos traer una muestra más, pero que no sólo se da en sus fechas propias, en éstas de mitad de otoño, ya con el Solsticio de invierno a la vuelta de la esquina, sino cada viernes de año. Hablamos de la tradición de La esquila de ánimas de La Alberca, población de la comarca de Sierra de Francia-Quilamas. Una moza recorre las calles, junto con otras dos que la acompañan con un candil y una esquila que hacen sonar en varios puntos concretos, además de recitar una oración. Esta procesión finaliza ante una curiosa hornacina custodiada por dos calaveras, constituyendo, por tanto, una especie de osario. Pese al tinte tétrico que se le ha querido dar a esta tradición, no deja de ser un ritual de respeto a los difuntos que ya no están con nosotros en el mundo de los vivos y, aunque toma una forma cristiana, hunde sus raíces, a buen seguro, en cultos mucho más antiguos.

Hornacina de ánimas de La Alberca - Wikipedia

*Fuente: http://marcopolito56.wordpress.com

Cada viernes del año  al atardecer, haga frío, calor o llueva, sin hora fija,  cuando el sol se oculta en el horizonte y la noche levanta su manto, una “moza”, que en realidad es una mujer de cualquier edad, incluso avanzada, recorre las estrechas calles del pueblo, acompañadas por otras dos mozas más tocando  una esquila (campanilla) y portando un candil, mientras rezan el rosario. Cuando llega a las esquinas señaladas, da tres toques de esquila y entona una salmodia (oración) por todas las almas del Purgatorio: “Fieles cristianos, acordémonos de las Benditas Almas del Purgatorio con un Padrenuestro y un Ave María por el amor de Dios…”.  Tres nuevos toques a la esquila para continuar rezando: “Otro padrenuestro y otra Avemaría por los que están en pecado mortal, para que su Divina Majestad los saque de tal miserable estado”. Hace sonar la esquila dando otros tres toques y continúa su camino sin dejar de rezar, hasta completar un recorrido de aproximadamente treinta minutos, mientras sus convecinos ruegan, dentro de sus hogares en recuerdo de sus difuntos.
La misteriosa procesión finaliza en un lugar misterioso y tétrico, un antiguo osario alojado en una hornacina situada en la fachada exterior de la Iglesia de la Asunción que contiene dos calaveras, unos candiles y un cirio, que siempre permanece encendido a modo de luz para guiar aquellos que se encuentran en el inframundo. Esta tradición ancestral se ha mantenido intacta a lo largo de los siglos y  actualmente doce  “mozas de ánimas” se reparten su turno, un mes cada una, como señal de agradecimiento a peticiones concedidas, movidas por alguna promesa o simplemente por devoción.
Solo en una ocasión, desde que existe esta tradición y según cuenta la leyenda, la moza de ánimas no salió a hacer su recorrido. Según unos, la moza no salió debido a que la nieve cubría el pueblo y era difícil caminar. Según otros, la moza fue asesinada. Sea la causa que fuere, todos aseguran que esa noche escucharon perfectamente cómo sonaba la esquila, al igual que todas las noches, al paso por sus casas: La esquila salió sola.


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