jueves, 24 de mayo de 2018

La Cueva y la Calle de la Mora Encantada, Tarancón

Continuamos trayendo muestras de leyendas de moras o encantadas. En el caso de hoy, además, se combinan, en uno mismo, los dos nombres que tanto se repiten en zonas, principalmente, de influencia castellana, pues queremos hablar de la Mora Encantada de Tarancón, conocida población de la Mancha Alta conquense. En este caso, a diferencia de la Mora de Fitero, de la que hablamos ayer, y que pasó a formar parte de la literatura universal a través de la figura, como apuntamos, de Gustavo Adolfo Bécquer, en este caso no se aparece todas las noches, como la navarra, sino las de San Juan y peinándose sus cabellos con un peine de oro, lo que constituye una combinación de elementos, claramente recurrentes, puesto que se repiten una y otra vez en muchas de sus manifestaciones, lo que nos hace comprobar que estamos, posiblemente, ante un origen común de todas estas moras o encantadas. La vinculación con el Solsticio de Verano nos muestra claramente el origen ancestral de la leyenda, lo que la lleva mucho más allá, en el tiempo, de los tiempos en los que la media Luna reinaba en gran parte de la Península, como siempre apuntamos, pues es muy importante tener en cuenta toda esta mezcolanza de elementos.
En Tarancón se dice que había una cueva y un cerro que recibían el nombre de la Mora Encantada, en un paraje que, no he localizado, pero hacia el que salía un camino, cuando la población era de menor tamaño, que hoy en día ha quedado incluido dentro del casco urbano, siendo la calle que también toma el nombre de la Mora Encantada.

Calle Mora Encantada de Tarancón - Foto: Gema Garrido

Fuente: Jesús Gabaldón Navarro

Cuenta la leyenda que una bella mora y un cristiano se enamoraron. Ella era hija de un rico caballero árabe y él, un humilde cristiano. Se veían en secreto, hasta que un día el padre los descubrió y prohibió que siguieran juntos. El padre encerró a la joven mora en su castillo, pero ella seguía esperando a su amor cristiano y rechazando todas las ofertas de matrimonio que le llegaban. Mientras tanto, el cristiano vagaba por las calles llorando su pena. El progenitor, encolerizado, mandó entonces encerrar a la joven en una cueva, donde moriría de pena. El lugar recibe el nombre de “cueva de la mora”, “mora encantada” o “cerro de la mora”.
En lo que coinciden todas las versiones es en que en la noche de San Juan, la más corta del año, la bella mora se aparece en las cercanías de la cueva y vaga por los alrededores esperando a que vuelva su amado cristiano, mientras peina su larga cabellera negra, sentada junto al río con un peine de oro.


Foto: Gema Garrido



2 comentarios:

  1. Miguel E. Lozanoviernes, mayo 25, 2018

    Hola Argantonios.
    Buenos ejemplos de cuevas con "moras" los que has traído de Fitero y Tarancón. Aunque no la conozco, me hablaron hace tiempo de la cueva de la encantada en Luque (Córdoba). Al parecer en esa localidad, la cueva de la encantada, posee pinturas rupestres ¿sabes si también es el caso de Fitero o Tarancón? No sería descabellado pensar que tal vez ancestralmente se relacionara las pinturas rupestres con seres encantados o mágicos, dando origen a estas leyendas de encantadas.
    Un abrazo, amigo.

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  2. Hola, Miguel.
    Gracias por hablarme de la Cueva de la Encantada de Luque. Me la anoto para futuras entradas del blog, pues no la conozco, no ya solo en cuanto a visita, sino ni si quiera de haber oído hablar de ella, hasta hoy.
    Yo creo que las cuevas de Fitero y Tarancón no deben tener pinturas rupestres (no te lo puedo decir de primera mano, porque no las visité), porque, de lo contrario, hubiera encontrado alguna información, por el valor que, actualmente, se las suele dar y la tendencia, afortudamente, que hay hoy en día a protegerlas, aunque no siempre, quizás, tengan todas la protección que deberían tener, claro.
    Tarancón no lo tengo demasiado lejos, a ver si algún día me acerco por allí y pregunto, no ya por las pinturas, que creo que no habrá, porque de lo contrario supongo que estarían publicitadas, sino para ver si la puedo localizar y se puede visitar.
    En cuanto a la asociación que haces de cuevas con pinturas rupestres y 'encantadas', me parece muy acertada, pues se suele dar muchas veces esa combinación; no ya sólo con encantadas, sino con leyendas de apariciones, embrujos, seres mágicos, lugares con fama de celebración de aquelarres en el pasado, etc.
    Un saludo, amigo, y un placer, como siempre, verte por aquí.

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