Representaciones de équidos: De entre ellos destaca la presencia de 179 figuritas talladas en piedra arenisca local, la mayoría en forma de équidos, pero una veintena aproximadamente son en forma humana. No falta otro tipo de exvoto más modesto, pero no por ello carente de valor religioso, como anillos, sortijas, cuentas de collar, fíbulas y hasta una falcata en miniatura, fragmentos de cerámica griega, etc. seguramente objetos personales del oferente que al no poder adquirir una pieza de cierto valor, se contentó con depositar un objeto propio.
El hecho de que la mayoría de las piezas fueran équidos, llevó a su excavador a determinar que la advocación de este centro era a una divinidad protectora de los animales y más concretamente del caballo, como la diosa Epona.
Gracias al avance de la investigación en las últimas décadas, se piensa hoy en día, en un culto de tradición indígena relacionado con la actividad cotidiana de las labores agrícolas y ganaderas, el comercio, sin obviar aspectos relacionados con la fertilidad y la protección de los animales. Hemos de tener presente, la importancia del caballo como animal de tiro, carga y transporte, además de para la guerra y como símbolo de prestigio y de poder de su poseedor.
Seguramente estas pequeñas esculturas, fueron realizados en talleres situados en las inmediaciones del santuario que sirvieron para abastecer las demandas de los fieles que acudían en peregrinación a él. La diversidad tipológica y la calidad dispar de las facturas lleva a pensar en la existencia de distintas manos artesanales.
(www.regmurcia.com)
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