miércoles, 1 de enero de 2020

Tesoro áureo de La Cañada de Pajares, Villanueva de la Vera

Nos acercamos, para iniciar el año, a la bella comarca de La Vera, ubicada en la vertiente meridional de la Sierra de Gredos, en pleno Sistema Central. En el término municipal de Villanueva de la Vera, en concreto en el paraje conocido como La Cañada de Pajares, se halló un yacimiento arqueológico que va del Bronce Final a la Edad del Hierro. A este último periodo pertenece el tesoro que hoy traemos, principalmente elaborado con oro, de ahí que el propio Jesús R. Álvarez-Sanchís, el gran especialista en el estudio de los vettones y de la Edad del Hierro peninsular en general, lo haya calificado como tesoro áureo, expresión que, por tal motivo, hemos utilizado en el título de esta entrada. El tesoro se compone, principalmente, por dos placas que contienen una serie de elementos decorativos que han hecho que el mismo sea calificado como orientalizante. No negamos, evidentemente, la verosimilitud de dicha calificación, pero creo que quizás se esté negando, en parte, la gran maestría existente en la orfebrería del mundo celta, con características propias no importadas, como tampoco fue importada la pieza en sí, ya que según el propio investigador que traemos, fue creada en un taller de la zona. A nosotros nos han llamado la atención dos rostros humanos representados en estas piezas, de ahí que hayamos acompañado, a esta entrada, una imagen de las mismas, pero aportamos, a continuación, un breve fragmento del libro "Los señores del ganado", del propio Jesús R. Álvarez-Sanchís, donde se realiza una descripción más detallada de las características de este tesoro, existiendo, también, una representación astral y lunar, que le otorgan, igualmente, un carácter sacro o apotropaico a los objetos en los que se encuentran.
Feliz Año a todos los lectores y amigos de Iberia Mágica.

Fotos del Museo de Cáceres, donde se halla el tesoro.

Fuente: Los señores del ganado. Jesús R. Álvarez-Sanchís

El carácter sagrado del tesoro áureo hallado recientemente en la Cañada de Pajares (Villanueva de la Vera) y datado a finales del siglo VII a. C. está fuera de toda duda. Formado por dos placas o diademas gemelas, una placa con la representación de un grifo, varias láminas igualmente de oro y otros materiales todavía en estudio, sus motivos iconográficos se han relacionado con el ciclo astral y elementos de gran arraigo en la orfebrería del Próximo Oriente, como los discos y crecientes lunares, prótomos con peinados hathóricos, flores de loto, palmetas y otros motivos arborescentes.
[...] El deseo de emular la exótico se tradujo en la copia sistemática de los objetos de lujo importados. Por ejemplo, se ha puesto de relieve la existencia de un taller indígena en las faldas de Gredos, de donde procederían las joyas de Villanueva de la Vera, a partir de las particularidades estilísticas, de los contenidos de aleación de oro, plata y cobre que éstas ofrecen y de la disponibilidad de recursos metalíferos. En torno al lugar donde se produjo el hallazgo se recogieron dos toberas de arcilla, punzones y agujas diseñados para el repujado y grabado, un plato de balanza, un carrete para reducir el metal a alambre o hilo y una especie de taladro cilíndrico, por lo que parece lógico deducir una actividad industrial de fundición. La escasez de análisis metalográficos impide conocer la tecnología del bronce y del hierro empleada, pero algunos hallazgos revelan centros de producción de cierta categoría.



lunes, 30 de diciembre de 2019

La Viejanera, Sopenilla-San Felices de Buelna

Nos acercamos al fin del presente año. El menos prolífico desde que empezó, hace más de diez años, la andadura de este blog, por hechos ajenos a nuestra propia voluntad. Esperamos que el nuevo nos permita estar más activos. Adentrándonos en el tema tema de hoy, precisamente traemos una representación que se daba en la fecha de fin de año en bastantes pueblos de la actual Cantabria. Hoy hablamos de La Viejanera de Sopenilla, pueblo del municipio de San Felices de Buelna. No hay error en la transcripción del nombre del festejo, pues, pese al parecido en el nombre, no estamos hablando del famoso festejo de la Vijanera, de Silió, del que ya hemos hablado en este blog en más de una ocasión, sino de La Viejanera, pues una vieja es el personaje tenebroso que anunciaba un ser, al que había que entregar un nabo, si no querían los niños que acudiera la Vieja tenebrosa -La Viejanera-. Así lo contó, recientemente, una señora de ochenta y ocho años de edad a los integrantes del programa radiofónico Cantabria Oculta, del que hemos extraído más información en otras ocasiones. Aparecía un señor, con un amplio sombrero de paja y un pañuelo que le cubría el rostro, portando un caldero, el cual removía y golpeaba con lo que Pilar, que así se llama la señora, decía ser un palo. Éste anunciaba la llegada de la Viejanera, si no se le entregaba un nabo. Vemos una vez más a este tubérculo, como símbolo, a buen seguro, de fertilidad, recordándonos, en cierto modo, aunque en un contexto diferente, pues no se arrojaba, al Jarramplas de Piornal, en la comarca extremeña de La Vera. Estamos en el periodo en el que comienzan las mascaradas invernales, que tanto abundan por nuestras tierras ibéricas y que, en muchos casos, se han perdido, como en el presente caso que nos ocupa en relación a este pueblo de la comarca del Besaya.

Sopenilla

Fuente: Pilar (informante) - Cantabria Oculta - 29/12/2019

-Se celebraba- el último día del año. La llamábamos la Viejanera y venía por la noche. Había un señor, un vecino, que era muy chistoso y después de cenar llamaba a la puerta y entraba disfrazado con un sombrero y un palo, y había que darle nabo para comer, porque si no comía nabo, y no éramos buenos los niños, venía La Viejanera. 
-¿Cómo vestía?
Yo le vi el sombrero, el 'pañuelón', el caldero y el palo para remover lo que hubiera en el caldero. El sombrero era como de paja, de los que se llevaban al campo. 
Iba por algunas casas del pueblo. Llamaba a la puerta y entraba, si estaba la puerta abierta, e iba como removiendo lo que simulaba ser sangre, haciendo el ruido -característico-.


lunes, 18 de noviembre de 2019

El Templo de Júpiter de Clunia, Peñalba de Castro-Huerta de Rey

Regresamos a una de las antiguas ciudades romanas de más importancia, como fue Clunia Sulpicia, citada por Plinio el Viejo en su Historia Natural (III, 26-27). Fue la continuación poblacional de un castro arévaco, muy cercano, llamado Kolounioku, topónimo que derivó en Clunia, como ocurre con el nombre de tantas ciudades romanas, las cuales lo toman, ya sea total o parcialmente, de la denominación indígena. En relación a la temática de este blog, son ya varios los vestigios de este lugar que hemos traído, como los dos altares consagrados a Neptuno hallados, un oráculo, un santuario priápico y vestigios del culto a Las Matres. Hoy dejamos constancia de un templo, situado en lugar preminente de su foro, dedicado al principal dios del panteón romano, como fue Júpiter. Parte de sus elementos decorativos y arquitectónicos fueron reutilizados con el devenir de los siglos en edificios de la zona, como una hospedería o en la ermita románica de la Virgen de Castro, la cual se encuentra, además, en el lugar donde se halla una necrópolis de época visigoda.
Como se puede apreciar, nos encontramos ante un yacimiento fascinante, no sólo por los restos romanos, incluido su famoso teatro romano, como periodo más importante documentado, sino de distintos periodos, ya sean anteriores a Roma o posteriores a su periodo de dominación.

Vista aérea de la zona del foro de Clunia, donde se hallaba el Templo de Júpiter

Fuente: templosromanosenhispania.wordpress.com

Era el principal templo de la ciudad, situado en el extremo sur del foro y ocupaba una posición dominante por asentarse sobre un podio elevado. Su dedicación a Júpiter se confirmó tanto a través de textos (Suetonio, biografía de Galba), como epigráficos o escultóricos. Los únicos restos que se conservan en el lugar son de la argamasa y las piedras que constituían el relleno del podio, descubierto por I. Calvo en 1915. La zona está muy degradada y expoliada, como así atestiguan las noticias sobre el lugar de Hinojal en 1913, en la que detalla que además de la extracción de los sillares del podio, veinte años antes un huracán acabó por arruinar lo que de él quedaba.
Las excavaciones realizadas por Pedro de Palol en los años 1972 y 1973 del pasado siglo, se concentraron en el perímetro de base del templo, ya que éste era prácticamente irreconocible y sólo quedaba el caementicum del núcleo del podio.
Se determinó que era un edificio de 38 m. de largo y 16,60 de ancho y se conserva la última hilada del muro.
El acceso al podio era a través de dos escaleras laterales desde la parte posterior del edificio, de las que se conserva sólo la impronta sobre el caementicum. Además, es destacable el ábside semicilíndrico de la parte trasera del podio.No se pudo concretar nada respecto a la disposición de las cellae ni de sus capiteles. Es de suponer que son de orden corintio como el pórtico del foro. De estos datos, Palol dedujo que era un templo hexástilo, pseudiperíptero con ábside. Su cronología, al igual que el resto del foro, está dentro de la dinastía Julio-Claudia.
Las modificaciones en el ala lateral este, apuntan a que se trata de capillas de culto y no de tabernae del mercado. La división en tres espacios, hacen pensar en una triada de culto. Además aparecieron en esa zona las cabezas y fragmentos de dos jóvenes de la familia Julio-Claudia, un busto de Augusto joven y otro probablemente de Nerón, lo que sugiere culto familiar augusteo. Presentan pavimento de signinium y losas de mármol de Espejón (Soria), cantera próxima muy utilizada en la construcción de Clunia.

jueves, 14 de noviembre de 2019

La Piedra del Santo de la Ermita de San Frutos, Carrascal del Río

Nos acercamos, por tercera vez en este blog, a la Ermita de San Frutos y su entorno, en tierras castellanas del entorno sepúlvedano, donde encontramos uno de los enclaves naturales más espectaculares del centro peninsular, como son Las Hoces del Río Duratón. En una de las ocasiones hablamos de una serie de cazoletas y grabados rupestres que se hallan muy cercanas a la ermita y en otra de la conocida como Cueva de los Siete Altares. Hoy regresamos a este mágico lugar para hablar de una curiosa tradición, de claros tintes precristianos, a pesar de su celebración en un templo o santuario cristiano, como es la ya citada Ermita de San Frutos, alrededor, además, del culto a uno de los elementos más sagrados en el pasado, como era la piedra. Hablamos de la Piedra del Santo, alrededor de la cual -nunca mejor dicho, por los giros que se dan alrededor de la misma- existen una serie de rituales, celebrados, además, en unas fechas cercanas al antiguo samhain céltico o nuestra actual fiesta de difuntos, uno de los momentos claves en el calendario anual de celebraciones rituales, que suponen, en este caso, un claro rito de curación, entorno al poder mágico que se otorgaba, desde tiempos inmemoriales, a algunas piedras. La piedra "mágica" en cuestión, se encuentra oculta bajo el retablo, alrededor de la cual existe un pasadizo por el que hay que gatear para dar el giro.

Retablo en el que se encuentra oculta La Piedra del Santo - Foto: laberintoromanico.blogspot.com

Fuente: Mónica Rico, 10/07/2019 - elnortedecastilla.es

En este enclave privilegiado, el silencio únicamente interrumpido habitualmente por el vuelo de las aves, cada 25 de octubre se va rompiendo por el murmullo de las primeras personas que empiezan a llegar al templo. A lo lejos se comienza a escuchar el sonido de las dulzainas, que como en toda fiesta segoviana que se precie, no pueden faltar a la celebración. Finalmente el jolgorio y la algarabía se hacen patentes y se mantienen durante todo el día.
Cientos de personas acuden a esta cita, especialmente desde la localidad de Carrascal del Río y de su pedanía Burgomillodo, término al que pertenece el lugar donde se encuentra situada la ermita, pero también de toda la comarca. Como manda la tradición, muchos de ellos acuden con un ramillete de perejil. Además, ya en el templo también hay que cumplir otro mandado. Bajo el altar existe un sillar, que es conocido popularmente como 'la piedra del santo'. Pues bien, según la leyenda, quien da una vuelta y pasa agachado bajo este sillar, le desaparecen los dolores. Otras versiones dicen que quien completa la vuelta se casa. También se cuenta que con tres vueltas seguidas bajo el estrecho paso, se cura la hernia. Leyenda o tradición, cada 25 de octubre son muchos los que no dudan ni un minuto y se encaminan hacia este lugar del templo con el afán de pedir salud.


martes, 5 de noviembre de 2019

Las Luminarias de calaveras - Coo de Buelna-Los Corrales de Buelna

Pasados unos días de la fiesta de ánimas o de difuntos, retomamos el blog, este mes, para traer una muestra más de los múltiples festejos de difuntos o de ánimas existentes en la Península Ibérica. Hoy nos acercamos a Cantabria, al municipio de Los Corrales de Buelna, en concreto a la población, perteneciente a este municipio, de Coo. Allí, una vecina relata al programa de radio Cantabria Oculta, la costumbre de poner calabazas iluminadas -las Luminarias de Ánimas- de camino al cementerio de esta localidad en la fecha de difuntos. Las calabazas sustituyen a otro tipo de soportes, como nabos u otros tubérculos, que se utilizaban con anterioridad a la llegada de este vegetal americano y son estas luminarias las que ayudan a las ánimas de los difuntos para que puedan seguir la luz y alcancen el más allá plenamente; ésta sería una de las funciones de las luminarias, la otra cumple una función protectora por temor a los difuntos, que es la versión que nos contará la vecina de esta población cántabra, a la que los integrantes del programa radiofónico Cantabria Oculta entrevistaron. Con ello se pretendía impedir que las ánimas pudieran entrar en las casas o que vinieran a hacer una visita o pedir cuentas de algo.
Lo que queda claro, una vez más, que las calabazas y demás simbología no son un producto del actual Halloween, sino que ya formaban parte, mucho antes, de nuestras culturas ibéricas.

Entorno de Coo - Foto: cantabriarural.com

Fuente: María, vecina de Coo

El camino hacia el cementerio se decoraba con calabazas que se iluminaban. Empezábamos en las casas a vaciar las calabazas, a ponerles dientes; por las noches les poníamos velas y se colocaban hasta el cementerio. Le hacíamos los dientes largos y los ojos, -de un tamaño suficiente- para que saliera la luz. Recuerdo que había mucha juventud, aquel entonces, en mi barrio. Las Luminarias se colocaban desde el "barrio último" hasta allí -hasta el cementerio-. Se ponían por encima de las paredes. Era una tradición que hacían ya los antiguos, por temor a los difuntos. Creíamos que a lo mejor se podrían levantar de la tumba.



lunes, 21 de octubre de 2019

El rey Batueco, los jáncanos y los rucones, Las Batuecas-Las Hurdes

En el número 450 de la famosa y longeva publicación de folklore, sabiduría popular y antropología en general, como es la Revista de Folklore, encontramos un interesante artículo (Similitudes entre leyendas y mitos de España, Irlanda y Escitia), del que extraemos las siguientes líneas, el cual, como su título indica, hace una comparativa entre mitos españoles e irlandeses que han llegado hasta nuestros días -o, al menos, hasta periodos cercanos, pues, tristemente, la tradición oral está en claro peligro de extinción, si es que ésta aún no se ha producido del todo-, y que tienen paralelos, igualmente, con mitos o leyendas de la antigua Escitia, en lejanas tierras euroasiáticas.
Nos ha interesado la historia del mítico rey Batueco, que como su nombre indica, reinaba por tierras de lo que es el Valle de las Batuecas y alrededores, donde  tenía como enemigos a los jáncanus, esa especie de "polifemos", conocidos también, en otros lugares peninsulares, como ojáncanos en Cantabria; ojarancos u ojancos en Castilla; olláparos en Galicia o pataricos en Asturias, seres, todos ellos, de un único ojo (el propio Batueco se podía asemejar, pues era tuerto). Este rey también tenía como enemigos a los rucones, un antiguo pueblo del periodo de las invasiones germánicas, al que muchos autores otorgan origen astur, pero que otros estudios los sitúan en el territorio hurdano, como las investigaciones de Jordá Cerdá o, posteriormente, el propio Félix Barroso Gutiérrez, el gran experto, como ya sabemos, en todo lo relacionado a este territorio.
Estas enemistades eran debidas a esa eterna lucha, tan recurrente, entre los agricultores, aquí representados por Batueco y sus vasallos, y los pastores, como los jáncanus, en dialecto asturleonés propio de la zona hurdana, o jáncanos en castellano, y los rucones, también pueblo pastoril.
Evidentemente, no negando ciertos conflictos existentes por el uso de las tierras y los pastos que se hayan podido dar a lo largo de los siglos, son muy pocas las ocasiones en las que se nos habla de la gran vecindad existente en siglos pretéritos, en la sociedad concejil, donde en los bienes comunales, de verdadera gestión pública, y no a lo que hoy llamamos público, se encontraba la satisfacción de todas las necesidades en cuanto a tierras de cultivo, de pasto y de aprovechamiento forestal y cinegético; pero ya sabemos que parece primar más la construcción, malintencionadamente o no -apostaría por lo primero-, de un pasado oscuro y negativo de la humanidad que ensalce el presente y, de tal modo, nos haga aceptar lo que a día de hoy vivimos en la sociedad contemporánea.
Pero dejando estos asuntos al margen y centrándonos en el tema de hoy, hemos de decir, por tanto, que estamos ante un mito que conjuga, de manera fascinante, lo fantástico y lo histórico, dando como resultado una joya más del acervo cultural hurdano.

Valle de las Batuecas - Foto: Gelomadrid15 - Wikipedia (2015)

Fuente: Similitudes entre leyendas y mitos de España, Irlanda y Escitia - Alejandro Herrero Pizarro - Revista de Folklore Nº 450 - agosto 2019

También en la mitología extremeña han permanecido leyendas sobre las luchas que mantuvo el rey Batuecu (que era tuerto) contra unos pastores cíclopes en el pasado. El rey Batueco y sus vasallos serían también pastores guerreros, aunque hacían uso de la agricultura, lo que causaría un conflicto con los jáncanus, como recoge Félix Barroso (Barroso 2015, 139). Uno de los aliados de este rey Batueco es un poderoso señor, familiar del mismo, al que llaman Tautu. Según relatos recogidos por Barroso, los jáncanus andaban en guerra contra el rey Batuecu y otros pueblos como los ruconis. Los rucones eran un pueblo para el que se ha propuesto origen cantábrico, riojano o astur trasmontano. Este pueblo habitaba de forma semiautónoma en tiempos de los godos (Siglos v y vi) para los que se han propuesto varias ubicaciones, desde Asturias a la zona extremeña de las Villuercas. San Isidoro y otros autores ubican la Ruconia entre montañas mientras otros lo sitúan cerca de la costa cantábrica.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Iglesia de Nossa Senhora do Monte, Duas Igrejas-Miranda do Douro

Traemos un nuevo ejemplo de sincretismo entre un elemento natural, de aquellos que solían ser, en algunos casos, objeto de culto, como puede ser un monte, y otro de culto cristiano, como puede ser una virgen, a la que, además, se le construyó un santuario. Hablamos de la Iglesia de Nossa Senhora do Monte, o lo que es lo mismo en castellano: Nuestra Señora o Virgen del Monte, en lo que sería una denominación que une ambos elementos, a través de la construcción gramatical de un genitivo sin declinación, a diferencia de aquellas lenguas clásicas estudiadas en tiempos mozos ya lejanos.
Esta iglesia se encuentra en la freguesía de Duas Igrejas, en el concejo de la famosa y bella población de Miranda do Douro, en el Trás-os-Montes, antigua tierra peninsular de influencia asturleonesa. El nombre de Duas Igrejas, precisamente, se debe a la existencia de lo que sería la iglesia parroquial, propiamente dicha, de esta población, situada, como es normal, en el caso urbano, y la que es nuestra protagonista de hoy, a las afueras, en campo abierto.

Nossa Senhora do Monte -Duas Igrejas- Foto: Google Maps


A priori no son muchos los indicios históricos que nos puedan hacer pensar que estemos ante un antiguo lugar de culto, más allá de esa combinación entre un elemento sagrado dentro del cristianismo, como es el culto a la Virgen, que ya de por sí, muchos autores relacionan con antiguos cultos a la Tierra o a la Madre Tierra, como se la suele denominar por otros muchos, y un monte o montaña, que ya conocemos que constituye uno de los elementos naturales, junto a otros, más sacralizados en la antigüedad; pero decimos que no son muchos los indicios históricos, en un principio, pues si tratamos de extraer información sobre la existencia de la construcción de la iglesia y del propio pueblo al que pertenece, vemos que la Iglesia de Nossa Senhora do Monte es de mediados del siglo XX y el pueblo no va más allá del siglo XVIII; esto, unido a que la ubicación del santuario no es un monte verdaderamente de entidad, de los que suelen tener, en muchos casos, incluso forma piramidal, y que solían ser muchos de ellos sacralizados desde tiempos prehistóricos, nos podrían haber hecho descartar la verdadera existencia de esta simbiosis sacra mencionada al principio de esta entrada. Si finalmente no hemos descartado esto, es porque hemos comprobado que existe una romería, de gran devoción no sólo en Duas Igrejas, sino en todo el entorno, que se celebra a mitad de agosto en este santuario, además de la orografía del lugar, con un espacioso llano, tan común en otros antiguos lugares de culto y de reunión. Los datos históricos no invitan a decantarse claramente por esta posibilidad, pero, por otro lado, creemos que una romería de tal devoción, difícilmente se puede remontar a poco más de dos siglos, aunque, nunca se sabe. Aunque así fuera, estaríamos, evidentemente, ante lo que sería la repetición de un patrón muy habitual en estos sincretismos que tanto nos gusta traer al blog y, ya sólo por eso, merecería, igualmente, ocupar un espacio en esta recopilación de antiguos lugares sacros de la Península Ibérica.
Queda abierta, por tanto, en este sentido, la puerta a la especulación en relación a este lugar.


 
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