lunes, 12 de noviembre de 2018

Vaquillones y Zorramangos, Villares de Jadraque

Ahora que ya cruzamos la fecha de mitad de otoño -el samaín- y quedó atrás, hace más de mes y medio largo, aquel momento en el que las tinieblas empiezan a adelantar a la luz tras el equinoccio de otoño, en ese eterno combate, nos vamos acercando poco a poco a la estación fría -para antiguos pueblos, como los celtas, ya estaríamos en ella- y a sus famosos festejos invernales. El carnaval, como hemos apuntado en más de una ocasión por aquí, nació de todos estos festejos primitivos que se extendían durante todo este periodo que abarca desde el Solsticio de Invierno, al Equinoccio de Primavera. Hoy traemos uno de ellos, que se celebra el sábado grande o gordo de Carnaval: Los Vaquillones y Zorramangos. Esta mascarada pertenece a la población alcarreña de Villares de Jadraque, en la conocida como Sierra Norte de Guadalajara, muy cerca, como su genitivo indica, de la histórica Jadraque. Los cencerros, como casi siempre, hacen acto de aparición, junto a unas máscaras de aspecto bastante inquietante; y los cuernos, con toda la simbología que siempre tuvieron estas prolongaciones óseas de algunos animales, en este caso de las vacas, de ahí el nombre de Vaquillones, igualmente forman parte del festejo.
 La lucha entre la Luz, con su colorido, y la oscuridad, con lo siniestro, además de la prominente fecundidad que está por venir con la Primavera, vuelven a conjugarse en un festejo de raíz inmemorial, que ojalá no se extinga, como le ocurrió a otras celebraciones, y pueda seguir volviendo cada Sábado Grande de Carnaval.

Foto: villaresdejadraque.com

Fuente: turismocastillalamancha.es

Mozos y casados de Villares de Jadraque salen el sábado de carnaval rompiendo el silencio con los numerosos cencerros que cuelgan de las amugas o angarillas que llevan sobre sus hombros, rematando el otro extremo de esta herramienta agrícola, atan grandes cuernos de vaca. La tela de arpillera que cubre su rostro les da un aspecto siniestro, de hombres sin rostro que el sombrero de paja potencia más aun si cabe, el pantalón negro y el mantón de rojo y grueso paño llamado "cobertón" les da un vistoso aspecto entre las pardas casas del pueblo.
Estos vaquillones van en grupo y se dedican a perseguir con pitidos y bufidos a mozas y chiquillos el sábado de carnaval; este mismo día se disfrazan otros personajes típicos en el pueblo llamados "zorramangos": algún vaquillón no uniformado, hombres de paja, el dientes de patata (especie de vampiro tiznado de hollín como los diablos de Luzón)... en fin, personajes en otro tiempo bastante típicos, muy cercanos a la cultura agrícola y ganadera de nuestra tierra y que nos dan idea de la maravillosa inventiva de nuestros antepasados.
Antiguamente el Ayuntamiento invitaba a vino a los vaquillones para refrescarles (o más bien calentarles) de sus carreras tras las mozas y por la noche se celebraba un baile de carnaval que sin duda sería digno de verse dada la variedad de estos disfraces realmente populares.


miércoles, 24 de octubre de 2018

Peña Buraca o el Canchal de los dos Ojos, Piedras Albas

En junio de 2016 dedicamos una entrada en el blog a lo que algunos historiadores y arqueólogos han definido como ídolos-búho vettones. Éstos no son otra cosa que una serie de rocas con dos orificios redondeados, que parecen asemejar a los ojos de un búho, como animales totémicos que eran para muchos antiguos pueblos, incluido el pueblo vettón, en cuyo territorio, parece ser, mayor número de manifestaciones se han encontrado de este tipo. En dicha ficha, trajimos un par de ejemplos y hoy traemos otro que hemos conocido gracias a nuestro gran colaborador, Miguel Eugenio Lozano. Hablamos de la Peña Buraca o el Canchal de los dos Ojos, en el municipio de Piedras Albas, muy cerca de Alcántara, con lo que quizás, aquí, más que vettón, deberíamos calificar el enclave como lusitano, aunque ya se sabe que esas "fronteras" prerromanas son un poco difusas y es complicado establecer el lugar más o menos exacto de las delimitaciones entre unas y otras etnias. Se dice que esos agujeros -los de Peña Burada- fueron utilizados como lagares, tanto para hacer vino, como para hacer aceite, pero vistas las tumbas -éstas parecen altomedievales, pero ya sabemos que los lugares de culto se iban sobreponiendo en el tiempo- que hay en los alrededores y su claro aspecto de antiguo santuario rupestre, a buen seguro pudo tener, con anterioridad, la función que autores como Ángel L. Mayoral y Ana Olivera Poll deducen que se les pudo atribuir a estos ídolos-búho, ya fuera como piedras de vigilancia, al estilo de un Argos Panoptes, como los calificó Ángel L. Mayoral o como una especie de "alerta permanente, como icono protector", tal y como afirmó Ana Olivera Poll, afirmaciones que recogimos en la ficha mencionada, a la que nos remitimos.
Hemos de mencionar también la opinión de algunos otros autores, que consideran que este lugar fue un antiguo eremitorio altomedieval, al que pertenecerían las tumbas rupestres antropomorfas, pero nosotros pensamos que la sacralidad de este lugar pudiera venir de más atrás en el tiempo, como se ha podido acreditar, ciertamente, en otros muchos ejemplos.

Peña Buraca - Foto: Víctor Gibello

Fuente: piedrasalbas.es

Santuario rupestre en torno al cual existe un conjunto notable de tumbas antropomorfas, cistas y cubetas; está ubicado en una finca de propiedad particular, pero que se puede visitar. En el trabajo del arqueólogo Gregorio Francisco González titulado "Lagares en torno a Piedras Albas" aparece descrito junto con la descripción de las tumbas y lagares que lo rodean. En este trabajo también se habla de la gran cantidad de lagares que existen en Piedras Albas y que se utilizaban tanto para hacer vino como aceite.



domingo, 21 de octubre de 2018

Los diablos de Mazuecos, Mazuecos

Hoy nos acercamos a una comarca llena de Historia, arqueología y mitología, como es La Alcarria. Esta descripción casi que se podría extrapolar a cualquier otra comarca ibérica; pero La Alcarria, como comarca muy despoblada y eminentemente rural, conserva, si cabe, en mayor medida de lo habitual, leyendas, mitologías y yacimientos arqueológicos que no han desaparecido bajo la presión urbanística. Todo ello, dicho sea de paso, con la salvedad de saber que, en lo referente al mundo mitológico, estamos ante unas creencias que están desapareciendo, incluso hasta en los lugares en los que estos mitos se encontraban aún muy vivos hasta hace no mucho tiempo, pues el mundo rural, a día de hoy, ha perdido el lazo con la cultura popular rural tradicional, para pasar a ser una imagen en pequeña escala de la ciudad.
Ante esto, no cabe otra, al menos, que investigar y recopilar muchas de estas tradiciones, mitos y sucesos supuestamente insólitos, como hace el escritor e investigador Miguel Zorita, del que hemos transcrito unas líneas de una intervención radiofónica que tuvo hace un tiempo, donde nos habla de Los Diablos de Mazuecos, población alcarreña, como hemos anunciado, muy cercana a otras que también tienen sus leyendas y que iremos trayendo al blog, como Mondéjar, Driebes, Albares o Almoguera.
Lo curioso de la presente leyenda, derivada de un suceso real, es comprobar que, hasta no hace mucho tiempo - a principios del siglo XX-, surgían aún mitos o leyendas, al modo o muy parecidas a las generadas en el Medioevo o el Mundo Antiguo. Aunque, quizás, no nos debería sorprender tanto, desde el momento en el que sabemos que esos lazos ancestrales, como apuntamos, han pervivido durante siglos y milenios, hasta ayer, como quien dice.

Vista de Mazuecos, con el conocido como Cerro Redondo al fondo-derecha de la fotografía - Foto: verpueblos.com


Fuente: Miguel Zorita (intervención radiofónica)

Mazuecos es una localidad alcarreña, al sur de la provincia de Guadalajara, en la cual, en 1901 ocurrió un fenómeno curiosísimo. Muchos fenómenos atmosféricos no había manera humana de explicarlos, salvo bajo la superstición o bajo las creencias. En este caso, nos encontraríamos a finales del mes de julio de 1901, cuando un vecino de Mazuercos, muy singular, Cipriano Martínez, que tenía bastante mal carácter, pues había tenido una vida emocionalmente bastante compleja, con el fallecimiento de una hija, que había hecho que su carácter se agriase hasta límites insospechados, tanto es así que los vecinos recordaban como blasfemaba, profiriendo gritos hacia el cielo...tuvo la mala suerte este buen señor de toparse en las fechas citadas con lo que hoy diríamos un tornado, es decir, una enorme ventolera que, cuando este hombre estaba haciendo las tareas agrícolas a las afueras del pueblo, sufrió el arrebato de los vientos, que se lo llevó a determinados metros de altura, con la mala suerte que le hizo caer por un barranco profiriéndose tal golpe, que a los pocos días terminó muriendo. Evidentemente, Cipriano, que no supo nunca explicar qué demonios había pasado -y nunca mejor dicho-, trató de explicar aquel accidente meteorológico, que es como el acta de defunción determina la muerte de Cipriano, como eso, como un arrebato de los propios diablos, diciendo que habían sido los diablos los que le habían llevado por los aires. Aquella historia que terminó, desafortunadamente, con la muerte de Cipriano a los pocos días, se terminó transmitiendo por los pueblos de alrededor y es curiosísimo como, el propio Cipriano, afirmaba que habían sido los diablos los que decían que se lo habían llevado por los cielos, terminó degenerando un leyenda que, cuando a mí me llega siendo niño, en los pasados años noventa del siglo XX, se había exagerado hasta tal punto, que me contaban que este tal Cipriano había desaparecido en los aires y que sólo habían caído trozos de su ropa quemada. Afortunadamente, cuando he podido investigar esto bajo los datos y los testimonios de otras personas cercanas a este hombre, se determina que no desapareció en los aires, sino que, sencillamente, se dio aquel terrible golpe, aunque sí es interesante como él interpreta esos cambios meteorológicos como seres fantásticos, como los propios diablos que son los que se lo habían llevado por los cielos.  




miércoles, 17 de octubre de 2018

Los Fachicos de San Lourenzo, Muiños de Veronza-Carballeda de Avia

En el municipio gallego de Carballeda de Avia, en la parroquia de Muiños de Veronza, encontramos la Capilla de Veronza. Ésta, a lo largo de los años, ha sufrido distintas remodelaciones, siendo su aspecto actual fruto de una reconstrucción llevada a cabo en el siglo XX. Desde este punto de vista, por tanto, no estamos ante una de las capillas o ermitas de más interés artístico e histórico de Galicia, por lo que no es su mera existencia la que nos ha traído a dedicar una ficha a este oratorio. Lo que verdaderamente nos ha hecho querer mencionar a esta capilla es el curioso ritual que se celebra cada San Lorenzo, santo al que está consagrado este templo, con el fuego como elemento ritual protagonista. No olvidemos, igualmente, lo que se dice sobre San Lorenzo en relación a su identificación con el antiguo dios Lug, consagrándose, a este último, una de las cuatro grandes fiestas célticas: el Lugnasad, que coincide, a grosso modo, con la celebración de San Lorenzo; mientras que el Lugnasad se celebraría los primeros de agosto o, lo que es lo mismo, en el momento intermedio entre el Solsticio de Verano y el Equinoccio de Otoño del hemisferio norte terrestre, San Lorenzo tiene su día en el santoral los días diez de agosto.

Foto: sociedadeantropoloxicagalega.wordpress.com

Pues bien, los 10 de agosto, se encienden en Muiños de Veronza, por la noche, los conocidos como fachicos, que son una especie de troncos o ramas de pino, que previamente se dejaron secar, a los cuales se da fuego y cada participante en el festejo porta uno de ellos dando nueve vueltas alrededor de la capilla, en lo que supone una cifra que se repite en otros rituales gallegos, como el ritual de fertilidad que se lleva, dejando pasar nueve olas, en la playa de A Lanzada, del que hablamos en este blog hace unos años. Estos fachicos son de gran tamaño y contienen en su parte superior, a modo de antorcha, una piña sobre la que se prende el fuego que consumirá el tronco en un ritual que empieza a las 10 de la noche y acaba sobre las 2 de la madrugada.

Foto: sociedadeantropoloxicagalega.wordpress.com


lunes, 15 de octubre de 2018

Crómlech de Totanés, Totanés

Volvemos al blog, tras un largo periodo de inactividad, por motivos que no vienen al caso, aunque he de decir que relacionados con las ocupaciones que nos "dan de comer", como se suele decir, que a veces nos apartan de otro alimento, casi más importante, si cabe, como es el espiritual o interior que producen el estudio o la lectura de temas como los que aquí nos proponemos tratar. 
Entrando en materia, hay que decir que estos días, en distintos medios, se está hablando bastante de un reciente descubrimiento o, más bien, habría que decir de una reciente presentación al público, como es el Crómlech de Totanés, el cual toma el nombre, de momento, del propio municipio de la comarca de Montes de Toledo sobre el que se asienta. Y decimos, "más bien ...de una reciente presentación", puesto que los arqueólogos y demás estudiosos del megalito ya lo conocen de un tiempo atrás, como conocen dichas piedras, igualmente, los vecinos del pueblo, generación tras generación, creyendo muchos de éstos que quizás sería un antiguo corral o resguardadero de ganado.
Poco más se sabe sobre el mismo y sólo los estudios, que continuarán realizando los científicos, nos irán dando luz sobre el mismo en cuanto a su datación, su uso y posibles cultos celebrados en el mismo, ya fueran funerarios o de otro tipo. Al menos, hasta el momento, la presentación fue por todo lo alto, puesto que el pasado día 22 de septiembre, se celebró un acto público de presentación del monumento recién descubierto para la ciencia, con gran afluencia de público, aprovechando el momento del equinoccio otoñal para observar ciertos alineamientos de las piedras del dolmen con el Sol, pues se especula, como ocurre con la gran mayoría de estas construcciones, que estaban alineadas con distintos momentos del año, como podrían ser, además de los equinoccios, los propios solsticios y, como no, sus periodos intermedios, aquellos que coinciden con los cuatro grandes festejos célticos, que a buen seguro, hundían sus raíces en otros festejos anteriores que nos remontarían hasta la Prehistoria

Foto: astrometrico.es

Fuente: Antonio Pérez Verde - astrometrico.es

La disposición circular de las rocas no es el único factor que sustenta la construcción del crómlech por parte del hombre. Las alineaciones de varias rocas con respecto a la salida y puesta de Sol en el equinoccio son argumentos que apoyan no solo la construcción humana sino también el conocimiento de los movimientos celestes. También se están confirmando alineaciones con respecto a los solsticios, lo que indicaría que este crómlech pudo haber sido usado como calendario.
De ser así, esta estructura pudo ser utilizada para conocer fechas clave en la vida de nuestros ancestros sedentarios. El periodo de siembra o la proximidad de las épocas fría, cálida o lluviosa son algunos ejemplos. Y por qué no, en base a estas fechas comenzar a celebrar sus primeras festividades. De este modo utilizarían el crómlech como lugar de culto por ser la herramienta que les indicaba cuándo tenían lugar sus momentos destacados.
Si el crómlech fue un lugar de culto es algo que también se va a analizar. Para ello, el Instituto de Arqueología de Mérida (IAM-CSIC) rastreará el interior de la estructura y sus alrededores con un magnetómetro en busca de objetos elaborados por el hombre. Por medio de excavaciones también se analizará el subsuelo buscando restos de cenizas humanas, restos de fauna, madera quemada o semillas. Su detección confirmaría que el crómlech era un lugar de culto funerario, ofrendas o ambos. En las excavaciones también se analizarán pólenes para vincular el crómlech a la vegetación que poblaba la zona en tiempos en los que se le daba uso a esta estructura megalítica.
En la península no se conoce un gran número de este tipo de construcciones. La más conocida seguramente sea el crómlech de los Almendros, situado en Évora (Portugal). Presenta una gran envergadura y una gran complejidad debida a sus varias fases de construcción desde inicios del Neolítico. Otro de los más conocidos es el crómlech de Oianleku, en Guipúzcoa, de menor envergadura y más tardío que el de Évora. Además, existe el fenómeno de los crómlech pirenaicos, que se sitúan fundamentalmente en el Pirineo central y occidental. Estos son más tardíos incluso ya que se han datado sobre la Edad del Hierro (primer milenio a. C.).


lunes, 24 de septiembre de 2018

Cueva de Coímbre, Alles-Peñamellera Alta

En el concejo del oriente asturiano de Peñamellera Alta -en asturiano El Valle Altu de Peñamellera- encontramos una muestra más del arte rupestre prehistórico cantábrico. En este caso no son pinturas, sino grabados los que representan las típicas muestras de zoomorfos tan habituales del magdaleniense cantábrico, destacando el grabado de un bisonte que tanto nos recuerda a los de las Cueva de Altamira, que hoy, por cierto, andan de aniversario, por el 139 aniversario de su descubrimiento. Estos grabados se hallan en la Cueva de Coímbre, también conocida como Cueva de las Brujas, lo que supone, quizás, una prueba de que desde antes de su descubrimiento para la ciencia, los paisanos de la zona conocían de sobra la existencia de distintas muestras y grabados rupestres que identificaban, a buen seguro, con lo enigmático y desconocido que puede presentar, por ejemplo, el mundo brujeril, de ahí el nombre, aunque dicho sea de paso, esto no supone más que una especulación del que suscribe. Los grabados se encuentran dispersos en lo que es la sala principal de la Cueva.
En los últimos años se han realizado excavaciones arqueológicas que han servido para proporcionar objetos de adorno y arte mueble de hace unos 14.000 años.

Representación de un bisonte en la Cueva de Coímbre - Foto: artepaleoliticoenasturias.com

Fuente: artepaleoliticoenasturias.com

LA CUEVA DE COÍMBRE, también llamada “de las Brujas”, es valorada arqueológicamente en el año 1971, tras la identificación de los grabados que decoran sus paredes, notificada por el entonces médico del pueblo D. Gregorio Gil. A pesar de la valoración inicial que se hace de la cueva, donde además del arte rupestre se alude a la presencia de abundantes restos arqueológicos que se recogen en superficie y que apuntarían a la enorme potencialidad del yacimiento, no se hace estudio alguno sobre su depósito arqueológico, permaneciendo este en el olvido y desprotegido frente a actuaciones antrópicas de carácter agropecuario y a frecuentes saqueos, que alteraron los niveles arqueológicos en distintas áreas de la cueva.
No obstante, desde el año 2008 se vienen repitiendo campañas de investigación arqueológica, dirigidas por el arqueólogo y profesor de la UNED, David Álvarez Alonso, quien coordina un numeroso equipo de investigadores. Dichos trabajos se han venido financiando por el Grupo de Investigación de Alto Rendimiento de Prehistoria de la Universidad del País Vasco y por el Ministerio de Educación y Cultura, aunque las últimas campañas han sido financiadas en su integridad por la fundación María Cristina Masaveu Peterson. 
Aunque todavía se encuentran en curso de desarrollo los estudios líticos y faunísticos, así como el estudio sedimentológico, palinológico, antracológico, microfaunístico, de materias primas líticas y del conjunto artístico, ya se han publicado algunas conclusiones respecto a los trabajos llevados a cabo en estas últimas campañas. El análisis y procesado de los restos hallados se realiza en el laboratorio de arqueología de la UNED, en Gijón.
Las excavaciones arqueológicas realizadas han puesto de manifiesto la existencia de un rico nivel de ocupación correspondiente al magdaleniense superior y final, donde además de industria lítica y ósea, y restos de fauna, ha proporcionado objetos de adorno y arte mueble, con dataciones en torno a 12.000 BP. Los restos de adornos consisten en tres conchas perforadas y dos caninos atróficos de ciervo perforados. El yacimiento también ha proporcionado varios fragmentos de azagayas, varillas y un arpón con una hilera de dientes.


lunes, 17 de septiembre de 2018

Dolmen de la Creu d’en Cobertella, Roses

Volvemos al Ampurdán y, de nuevo, al municipio de Rosas -Roses en catalán- para hablar de un importante dolmen de la zona: el Dolmen de la Creu d’en Cobertella. El Dolmen no es de los más antiguos, sino más bien habría que decir que es de un tiempo bastante reciente, si comparamos con la datación de otros y el origen del movimiento megalítico, pues se entiende que tiene una antigüedad de entre 3500 a 3000 años. Se encontraba recubierto de tierra, formando un túmulo, y en él han aparecido distintos enterramientos, además de restos de cerámica e incluso monedas romanas, lo que supone una clara prueba de que en periodos posteriores se internaron algunas personas igualmente y, muchos siglos después, hicieron, igualmente, sus ofrendas, si es que ése fue el motivo de que se encontraran dichas monedas ahí. Ya se sabe que estos lugares, casi siempre vinculados en exclusividad al rito funerario, también se dice pudieron cumplir las funciones de antiguos templos.

Foto: Siset - es.wikiloc.com

Fuente: patrimoni.gencat.cat

El de la Creu d’en Cobertella, en Roses, es el dolmen megalítico más grande de Cataluña. Ubicado en el paraje de la Casa Cremada y documentado ya desde el siglo XIII, este megalito es una muestra excepcional de sepulcro neolítico.
Con una antigüedad de entre 3.500 y 3.000 años, el dolmen está formado por grandes losas de gneis granítico, material muy abundante en la zona y pertenece a la tipología de sepulcro de corredor. Se trata de un estrecho pasaje de grandes piedras y una cámara uneraria cubierta de tierra o piedra. Del dolmen de la Creu se conservan la cámara y la antecámara, mientras que del corredor que la precedía no queda nada.
Todas estas estructuras se encontraban cubiertas de un túmulo artificial de forma circular, cubierto de tierra y, probablemente, rodeado por una serie de bloques de piedras, hoy desaparecidos. En las cámaras del dolmen se realizaban inhumaciones múltiples sucesivas, un tipo de entierro habitual en el Neolítico.
El dolmen de la Creu d’en Cobertella se restauró en 1957 y la excavación arqueológica sacó a la luz restos de cerámica, monedas romanas y restos óseos. Se encuentra en una zona de gran riqueza en sepulcros megalíticos.



 
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