sábado, 31 de marzo de 2018

¿Antiguos cultos en el Santuario de Castrotierra?. Castrotierra de la Valduerna-Riego de la Vega

Hoy queremos despedir el mes trayendo un ejemplo más de unión entre un antiguo poblamiento, ya desaparecido hace bastantes siglos, y una ermita o santuario cristiano como vigilante, indicador o recordatorio de que ahí existió un castro. A priori, en esta tipología de sobreposición histórica, no se da la continuación de cultos en un mismo enclave a lo largo de los siglos y milenios, a pesar de que en la actualidad exista un templo cristiano, pues no sabemos nada sobre la sacralidad del lugar con anterioridad, más allá de conocer que el presente templo se sitúa sobre un ámbito poblacional ya desaparecido y perteneciente a periodos históricos lejanos, con lo que, desde ese punto de vista, no tiene un aparente interés en cuanto al intento de localización de enclaves en los que se dio una sobreposición de cultos, ejemplos, estos últimos, de los que hemos dado buena cuenta, por aquí, con un buen número de casos a lo largo de los años de existencia de este blog. Todo esto, evidentemente, a primera vista, pues quizás, si se intenta ver un poco más allá, se acaben descubriendo algunos ejemplos en los que, además del poblamiento anterior, el santuario y el culto actuales quizás sí pudieran estar ocultando o indicando -según se quiera ver-, cultos anteriores. El ejemplo que hoy traemos podría ser uno de ellos.
Como se puede comprobar en el título de la ficha, hoy nos acercamos al Santuario de la Virgen de Castrotierra, en la población de Castrotierra de la Valduerna, pedanía del municipio de Riego de la Vega, en la comarca leonesa de Tierra de La Bañeza. Este santuario, construido sobre lo que fue un castro astur -nos encontramos no lejos de Astorga, la antigua Asturica capital de los astures-, celebra una romería, cada siete años (o cuando las adversidades como las sequías, como cuenta la leyenda cristiana, u otras hagan necesaria, en opinión de los fieles, de la intervención de la Virgen de Castrotierra) muy curiosa y una de las más importantes dentro del territorio leonés; una romería que hace sacar la Virgen desde el santuario para llevarla precisamente a la ciudad de Astorga, donde permanecerá, en su catedral, durante nueve días, tras los cuales será devuelta al Santuario de Castrotierra.
Según se dice, la primera noticia que se tiene de esta romería se remonta a 1557, o lo que es lo mismo, a fechas no muy lejanas. Quizás sea cierto que no vaya más allá esta romería del siglo XVI como apuntan las fuentes históricas (aunque la tradición oral remonta el suceso de la sequía que provocó la primera peregrinación al siglo V d. C.), pero también es muy posible que únicamente lo sea en su forma actual, puesto que el ritual de acercamiento a la antigua capital astur y población vertebradora de la comarca de La Maragatería y otras vecinas, como en la que nos encontramos, el antiguo enclave en el que el santuario se encuentra y la aglutinación, en el ritual, de distintos pueblos de la comarca, quizás no sean otra cosa que la forma actual de antiguos cultos o uniones tribales, incluso de trascendencia política, que pudieran ir mucho más allá en el tiempo.
Pero, como siempre decimos en estos casos nada claros, no son más que meras especulaciones del que esto escribe.

Santuario de Castrotierra - Foto: vivaleon.com

Fuente: La Virgen de Castrotierra: su historia, santuario y romería. Laureano Rubio Pérez.

Al Norte del pueblo de Valdornés de Castrotierra se alza un cerro pelado, de unos 900 m. de altura, que recibe el nombre de "Cuesta del Castro". A pesar de carecer de documentación histórica, podemos afirmar que en dicha cuesta se asentó un castro celta, aprovechado siglos más tarde por los romanos como refugio de la vía, que bordeándolo, se dirigía de Astúrica a Brácara y cruzaba el río Ornia (Duerna) a la altura de Villamontán.
Es obvio pensar que los romanos, que en el siglo II llegan a Valdornia, posterior Valduerna, en busca de metales preciosos, escojan las fortificaciones de este estratégico castro para vigilar las vías que canalizaban el oro hacia el campamento de Villalís desde donde sería enviado a la ciudad de Astúrica por la vía anteriormente citada.
Durante la Edad Media sigue teniendo vigencia este castro, sobre todo, ante las invasiones árabes que llegaron a la Valduerna. A lo largo de todas las obras y excavaciones realizadas en él se han hallado multitud de tumbas con distintos caracteres y formas, lo que demuestra su pertenencia a distintas épocas. Es significativo que hasta el año 1859 el cementerio de Castrotierra se encontraba dentro de la cerca del santuario.
[...] Hasta el siglo XVI de nuestra era carecemos de documentación histórica acerca del origen de la peregrinación de la Virgen de Castrotierra a la catedral de Astorga. Por su parte, la tradición nos remonta a pleno siglo V d. C. Sucede que, ante una gran sequía que afectó a la región durante siete años, los campesinos acuden a Sto. Toribio para pedir consejo. El Santo les manda buscar la imagen de la Virgen de Castrotierra, y una vez hallada, conducirla en procesión a la "catedral" de Astorga donde debían ofrecerle un novenario.

Escudo de Riego de la Vega, donde aparece lo que creemos es el Santuario de Castrotierra y los pendones que se portan, de las distintas poblaciones de la comarca, en la peregrinación o romería a Astorga.

viernes, 30 de marzo de 2018

Thermeda, los Santos Niños y el Risco de Los Mártires, Tielmes

A dos días de una de las celebraciones más importantes, no sólo de Tielmes, pueblo ribereño del Tajuña, sino quizás de toda la provincia madrileña a nivel folklórico y antropológico, como es La Quema del Judas, de la que, además, hablamos por aquí hace unos años, volvemos a esta población de la conocida como Alcarria madrileña o Alcarria de Alcalá para hablar de una leyenda local de cierto interés, no sólo desde un punto de vista antropológico, sino también histórico. Así es de creencia en el municipio, y así se recoge en la web del Ayuntamiento de este pueblo, tal y como aportamos en la segunda parte de esta ficha, que el topónimo de Tielmes deriva de la antigua Thermeda de los romanos, nombre de una de las ciudades carpetanas recogidas por Ptolomeo en su famosa lista. Hoy en día la comunidad científica identifica la Thermeda ptolomaica con la actual población alcarreña de Trillo, pero para los temblecos o tielmenses, pues ambos gentilicios son válidos, su población sigue siendo la antigua Thermeda, como los niños Justo y Pastor, mártires del cristianismo, que según muchos investigadores, como ya apuntamos por aquí en más de una ocasión, dicen ser la cristianización de Cástor y Pólux, nacieron en su pueblo y se refugiaron, antes de ser descubiertos, en el Risco de Los Mártires, a cuyos pies se construyó, mucho después, la actual Ermita de los Santos Niños de Tielmes, la cual se halla a dos kilómetros del pueblo, en la otra orilla del río Tajuña. Da igual que la oficialidad diga que fueron oriundos de la antigua Complutum -actual Alcalá de Henares-, pues para los habitantes de este pueblo tajuñero, si se me permite la expresión, los consideran paisanos suyos, como ocurre en tantos otros lugares con otros tantos personajes, ya sean históricos o mitológicos, como es el caso, o con distintos acontecimientos históricos. Para no ir muy lejos, ahí tenemos igualmente el ejemplo del muy cercano Risco de las Cuevas del vecino pueblo de Perales de Tajuña, en el que se creía se situaba la antigua Caraca y el famoso acontecimiento de Sertorio y los caracitanos, algo que ha sido descartado por la oficialidad de la ciencia, pero que en el lugar se sigue igualmente creyendo.

El Risco de Los Mártires - Foto: José Carlos Canalda

Fuente: tielmes.es

El nombre de Tielmes se cree que es una derivación del término Thermeda de origen romano, el cual se utilizó para denominar el lugar donde, según relata la tradición, nacieron y vivieron los hijos de San Vidal, Justo y Pastor, quienes fueron ajusticiados por los romanos en tiempos del pretor Daciano y del emperador Diocleciano en el siglo IV. Estos hermanos, contando con unos 6 y 9 años de edad, respectivamente, fueron decapitados por no renunciar a su fe cristiana contraviniendo el edicto promulgado en el año 303 por el emperador Maximiano. La fecha del ajusticiamiento es la del 6 de agosto del año 306, día que constituye, a partir de entonces, la festividad mayor de la población de Tielmes, que tiene como patronos mayores a los denominados por su martirio como Santos Niños Justo y Pastor.
Su principal lugar de culto, si dejamos a un lado la Iglesia Parroquial, es el Risco de los Mártires, lugar en el que según cuenta la tradición, pudieron refugiarse del acoso de las autoridades romanas, al pie del cual, se erigió una ermita (construida en la segunda mitad del siglo XVIII) para su advocación.

Ermita de los Santos Niños Justo y Pastor de Tielmes - Foto: José Carlos Canalda



Dos altares a Neptuno y un oráculo en la antigua Clunia, Peñalba de Castro-Huerta de Rey

Hoy volvemos a uno de los yacimientos celtíberos más importantes de los visitables en la actualidad y a lo que fue, igualmente, un poblamiento de cierta importancia entre los arévacos, la misma tribu oriunda de los muy importantes yacimientos de Numancia y Termancia. Hablamos de Clunia. En Clunia -Colonia Clunia Sulpicia para los romanos- se hallaron dos altares consagrados al dios Neptuno, el dios de los mares, a pesar de la lejanía de este punto con respecto al mar o al océano. En la ficha de hoy también queremos dejar constancia de una información que nos proporcionó Suetonio, quien afirmó que en este antiguo poblamiento existió un oráculo que predijo que de Hispania saldría quien gobernaría el mundo, algo que los partidarios de Galba entendieron como un indicio, que no se cumplió, en dicho caso, pero que se podría igual entender cumplido a través de los varios emperadores que hubo de origen hispano en lo que fue el imperio más importante de la Antigüedad en Occidente.

Teatro romano de Clunia - Foto: elcorreodeburgos.com


Fuente: Las Madres de Clunia - Joaquín L. Gómez-Pantoja Fernández-Salguero

Sin embargo, Clunia plantea al observador atento una serie de cuestiones que parecen incronguentes y que guardan relación con nuestro asunto. Por un lado, aparecieron en la ciudad dos altares consagrados a Neptuno y algunos bloques esculpidos con un tridente lo que, considerando la distancia al mar y lo yermo del lugar, no deja de resultar un hecho chocante. Salvo que aquí, como en toda la Céltica, Neptuno fuese considerado el numen praesens en cualquier manifestación acuática: se ha hecho notar que no fue sino la influencia griega la que identificó Neptuno con Poseidón entre los latinos, mientras que el recuerdo de la situación precedente perduró en Roma en los árboles de cañizo que se levantaban en las Neptunalias y en la creencia de que la compañera femenina del dios no era otra que Salacia, la divinidad de las fuentes.
El otro dato digno de consideración es el famoso texto de Suetonio en que se describe cómo se formuló en Clunia el oráculo según el cual "algún día saldrá de Hispania quien gobierne el mundo" y que los partidarios de Galba entendieron como un indicio del futuro destino de éste: "el sacerdote de Júpiter, advertido por un sueño, había retirado del santuario de Clunia la misma predicción expuesta en idénticos términos doscientos años antes por una niña que tenía el don de la profecía". De este texto se ha resaltado su importancia para Hispania en general, que ganó peso específico dentro del Imperio, y para Clunia en particular, porque se atribuye a Galba la concesión del estatuto colonial. Pero invirtiendo los términos de una ecuación con visos de verosimilitud, el testimonio de Suetonio permite suponer que en Clunia surgió en torno a un fenómeno hídrico -un manantial, una cueva, un pozo-, un santuario con funciones oraculares. Nótese, además, que el dato de que la profecía no era contemporánea sino vetusta de doscientos años y que el sacerdote de Júpiter fuera capaz de recuperarla, implica -además de la inevitable antigüedad del templo-, la existencia de un registro o memoria del pasado, quizá -es sólo suposición en un terreno de por sí hipotético-, similar a las tabulae apud pontificem maximum donde este sacerdote señalaba para la posteridad los digna memmoratu, entre los que ciertamente cabían los prodigios.


domingo, 25 de marzo de 2018

Los verracos, ¿hitos de la ancestral trashumancia?

Hemos hablado en más de una ocasión, en nuestro espacio, de esas muestras escultóricas tan características del pueblo vettón, como son los verracos, las esculturas zoomorfas prerromanas en granito que representan desde a cerdos, a jabalíes o a toros, principalmente. Igualmente hemos comentado que son muchas las hipótesis que se han planteado alrededor del posible significado simbólico de las misas: desde limitadores de terrenos o marcas de frontera, elementos protectores del ganado y otras, pero, hasta que no leímos las siguientes líneas que aportamos de la conocida obra Gargoris y Habidis, la cual ya hemos citado en alguna que otra ocasión por aquí, no supimos que existiera otra opinión según la cual se dice que pudieran estar señalizando vías, cañadas, cordeles o veredas de la trashumancia.
No tenemos base suficiente, puesto que no hemos estudiado a fondo su distribución, ni hemos trazado líneas imaginarias entre los verracos conocidos, (algo complicado, puesto que la mayoría han sido movidos de su lugar de origen, para pasar a formar parte del decorado de numerosas plazas de los pueblos), más allá de conocer la existencia de muchas de estas esculturas en gran parte de lo que fue territorio vettón y alrededores, pero, a bote pronto, no nos parece la hipótesis más sólida, a nuestro criterio, puesto que entendemos que éstos se distribuyen en un delimitado territorio, concretamente el ceñido al pueblo prerromano celta de los vettones, no existiendo en el resto de territorios peninsulares, hasta donde llegan, desde antaño, los caminos de la trashumancia, muestras de éstos, salvo algún que otro verraco desubicado, como el que comentamos, hace tiempo, de la ciudad de Braganza, en Portugal. Quizás se nos pueda decir que sólo los vettones habrían marcado con verracos a modo de hitos estos recorridos ganaderos, pero, como bien decimos, estas rutas eran mucho más extensas de lo ceñido al propio territorio donde estas esculturas se manifestaron, con lo que no compartimos del todo la asociación planteada; dicho lo cual nos ha parecido, igualmente, interesante traer esta curiosa hipótesis, puesto que la distribución de los verracos, que se puede apreciar en el mapa que aportamos al final de esta entrada, bien pudiera concordar, en parte, con esos recorridos.

Verracos en la plaza de Villanueva del Campillo (Ávila) - Foto: iberhistoria.es

Fuente: Gargoris y Habidis. Fernando Sánchez Dragó.

Hablo de Castilla en cuanto espacio histórico y no en su inmediata, evidente, mostrenca dimensión de geografía. Son individuos de carne y hueso -varones tangibles de Cantabria- los que en la oscura Edad Media se libran a un safari de taludes y rehoyos siguiendo la lógica ancestral de los mojones totémicos hincados por sus primates. Extrañas bestias de granito con perfil de esfinge devorado por el viento. Cerdos, musmones y toros. En una palabra: verracos, ese misterio de anteayer que el ayer clasificó azarosa y precipitadamente bajo la torpe etiqueta de Guisando. O mejor aún -y al fin- foramontanos, voz que está por imágenes de piedra anteriores a Roma y dispuestas al hilo de las rutas batidas en la trashumancia.



viernes, 23 de marzo de 2018

La unión del Huécar y el Júcar y el Santuario de la Virgen de La Luz, Cuenca

Existen simbiosis entre elementos cultuales y naturales que, seguramente, no sean fruto de la simple casualidad, como casi nada en este mundo. Una de esas combinaciones, si bien no parece demasiado abundante en ejemplos, aunque pudiera ser porque apenas se han estudiado, es la de la sacralización que se da en algunas uniones o juntas de distintos ríos entre sí. Ya conocimos, hace unos años, gracias al trabajo de nuestra historiadora favorita, que no es otra que Alicia María Canto, el ejemplo de sacralización que, a buen seguro, hubo en la unión, en Mérida, del río Albarregas y el Guadiana, del que es afluente el primero del segundo, unión o junta sacralizado a través de la figura de un dios llamado Revve Anabaraecus, que como podemos comprobar, en relación al teónimo de Ana-baraecus, es una combinación del origen de los dos hidrónimos (Anas: Guadiana; Baraecus: Albarregas). También se habla de la unión, en el Santuario de Covadonga, en Asturias, del pequeño río o arroyo, llamado Deva, en honor a la diosa celta acuática del mismo nombre, que nace en la Cueva y que baja hasta el cercano río Reinazo, pudiendo ser otro ejemplo similar, aunque aquí, el antiguo culto precristiano, más que a la unión hídrica, seguramente lo sea a la cueva en sí misma, como antiguo objeto, igualmente, de culto, aunque de nuevo nos encontraríamos ante una unión fluvial y un lugar de culto.

La junta del Huécar con el Júcar, con el barrio de San Antón en la otra orilla y la Iglesia de la Virgen de La Luz destacando entre el caserío - Foto: minube.com

Realizada esta introducción, nuestro ejemplo de hoy, como se se puede apreciar en el título, es para hablar de la sacralización, a través del Santuario de la Virgen de la Luz, una virgen negra (y ya sabemos todo lo que se ha hablado sobre el gran simbolismo que encierran estas vírgenes, según muchos autores -otros sin embargo no le prestan demasiada atención a este aspecto, existiendo discrepancias-) y la unión de los dos ríos que bordean los profundos barrancos de una tan bella ciudad suspendida en el aire, como es Cuenca. Éstos son el Huécar, que es el río que bordea el casco histórico de Cuenca por donde se hallan el famoso puente de San Pablo y las famosas Casas Colgadas, en el oriente de la ciudad, y el otro es uno de los ríos emblemáticos peninsulares, que viene a entregar sus aguas al mar, allá por tierras valencianas -en Cullera, para ser más exactos-, como es el río Júcar. El paraje, en sí mismo, donde se unen ambos ríos, ya de por sí, sin introducirse en estas especulaciones, llama la atención. Hay gran frondosidad, en forma de abundantes arboledas, viniendo a dibujar el Júcar una bella hoz con la antigua ciudad asomándose al precipicio y sobre todo destacando, igualmente, la atención la ubicación del santuario, alrededor del cual se creó el Barrio de San Antón, encajonado en un cerro rocoso, lo que le otorga gran telurismo al paraje, con lo que si se tienen los sentidos despiertos y se es amante de estas temáticas, no es demasiado complicado darse cuenta de todo este cocktail de ingredientes encontrados.
Entendemos que la sacralización del lugar, con la iglesia en cuestión y con el simbolismo que encierran los lugares que hacen referencia a la Luz, atributo igualmente identificado con otras divinidades -santas en este caso- de la mitología cristiana, como es Santa Lucía, que algunos autores identifican con la diosa Diana, nos hacen creer que el lugar ya pudo ser sagrado con anterioridad, aunque, como afirmamos en fichas anteriores no basadas en estudios ajenos, es todo mera especulación por parte del autor de este humilde espacio. Queda abierto el debate y, al menos, que estas líneas sirvan para despertar el interés por este enclave a personas que visiten la ciudad por primera vez, pues no se encuentra entre los primeros lugares de la ciudad señalados en las guías más comunes que se pueden utilizar para realizar la visita a esta ciudad única, que dice uno de sus lemas más recientes.


domingo, 18 de marzo de 2018

Las Candelas, Caminomorisco

No nos cansamos de hablar de enclaves, vestigios, tradiciones, rituales y festejos de la comarca hurdana. En varias ocasiones hemos traído el concejo de Caminomorisco al blog, pero, hasta ahora, aún no habíamos hablado del festejo de Las Candelas, celebrada en la población que es cabeza del concejo y que, por tal motivo, lleva su nombre; aunque hemos de decir que nunca hubo una población con tal nombre en dicho concejo hurdano, pues la población a la que hoy en día se la conoce como Caminomorisco, siempre fue conocida como Las Calabazas.
El nombre de la fiesta, además de darnos una pista sobre la presencia del simbólico elemento del fuego, tan presente en muchos festejos invernales -y no invernales-, al que se lanza, además, un pelele para que sea pasto de sus llamas, nos recuerda que el origen se encuentra en la celebración de la Virgen de la Candelaria, el 2 de febrero, siendo, junto a San Blas y otras celebraciones cristianas cercanas a este momento de mitad de invierno, una cristianización, como tantas veces hemos dicho por aquí, de antiguas tradiciones, como el antiguo Imbolc céltico, encontrándonos en uno de los momentos más importantes del año, en cuanto al gran número de celebraciones que se suelen celebrar en esas semanas, que ya quedaron atrás hace poco más de mes y medio. En la actualidad Las Candelas de Caminomorisco o de Las Calabazas no se celebran el 2 de febrero, sino el domingo más cercano, pudiendo coincidir en alguna ocasión con el 2 de febrero, pero, evidentemente, no ocurre así en la mayoría de las ocasiones.
En cuanto al simbolismo del festejo, preferimos que sea el gran cronista y estudioso de la comarca hurdana en la actualidad, Félix Barroso Gutiérrez, quien nos describa los ricos significados simbólicos que encierran esta celebración. Extraemos, para ello, unas líneas de un artículo escrito por él en 2015.

Foto: Vicente Martín Martín

Fuente: Félix Barroso Gutiérrez

Desde hace varios siglos, el pueblo de Las Calabazas, hoy Caminomorisco, celebraba gran fiesta en honor de Las Candelas o de La Candelaria. Hasta topónimos hay en sus términos que hacen mención a tal nombre, como el paraje de “Candelariu” y la garganta de “Arrocandelariu”.  Sabido es que estas fiestas se celebran el día 2 de febrero. Pero los “calabacéñuh” o “morihquéñuh” la vienen trasladando, en estos últimos años, a uno u otro de los dos domingos que la flanquean.
[...] Cuando ya el día guiña el ojo, se procederá a la quema del “Candelu”, una especie de pelele que se retorcerá entre las llamas de la gran hoguera que se levanta para la ocasión. Hoguera cuya simbología se pierde, tal vez, entre esas viejas mitologías del ciclo invernal que intentan, a través de la gran fogata, insuflar fuerzas al sol para que no desaparezca entre las brumas del invierno. A la par, se arroja el pelele en el fuego, respondiendo a lo que algunos consideran como símbolo de los fríos y los males de la estación invernal, el cual debe abrasarse para que huyan las nieblas y vuelva el sol con nuevas energías, anunciando una risueña primavera y, así, se restablezca el orden cósmico.
Esta fiesta de Las Candelas, que tuvo mayor tronío en el pasado, puede que arranque de las Lupercales romanas, que se celebraban en honor del dios Lupercus,  relacionado con la fertilidad y los rebaños, el día 15 de febrero (“ante diem Kalendas Martias”). Durante ella, una alborotada procesión de gente con candelas en las manos pedía a voces y con cánticos la protección contra los males, las sombras del invierno y la muerte. Portaban pieles de lobos y de otros animales, cornamentas de machos cabríos e iban tocando cencerros. Eran festejos transgresores, donde se respiraba un gran ambiente libertino. El Papa Gelasio I las prohibió y condenó en el año 494. Pero no logró erradicarlas, como se desprende de los posos que han quedado en muchos ritos precarnavalescos y otros de los mismos días de los antruejos, como es el caso del “Carnaval Jurdanu”.
También tienen que ver muchos los rituales de Las Candelas con la fiesta céltica del Imbolc, en honor de la diosa Brigantia (“La Muy Luminosa”), cuando se celebraba la Fiesta del Fuego. Brigantia se relaciona con Brígida, y no hay que olvidar que la efemérides de Santa Brígida se conmemora el día 1º de febrero, víspera de Las Candelas. Todo ello, Lupercales e Imbolc, sumado a otras creencias anteriores que existían en las comunidades pastoriles (caso de Las Hurdes), conformaron gran parte de la mitología y rituales del ciclo de invierno que hoy perviven en zonas de gran sociocentrismo y arcaísmo y que es preciso conservar y fortalecer como patrimonio cultural dejado en herencia por los antepasados. 


martes, 13 de marzo de 2018

La brujería y el Amboto

Hoy haremos una breve ficha; una mera referencia a una reciente lectura, pero no por ello de poco interés. Y esto es así porque supone un ejemplo más de lugar ancestral, donde los cultos, en sus muy distintas formas, perduraron a lo largo de los siglos. Hablamos del Amboto, antigua montaña sagrada vasca -vizcaína en su mayor parte, pero también alavesa- que ya trajimos al blog como una de las moradas que constituía de la diosa Mari, uno de los personajes más importantes dentro de la mitología vasca. Desde este punto de vista no me ha resultado extraño encontrar la siguiente referencia que traemos de una obra de Juan García Atienza, pues es bien sabido que muchos de estos antiguos lugares de culto, en siglos más cercanos, eran lugares calificados de brujas y en los que se decía se practicaban aquelarres, que no eran otra cosa, con las deformaciones o distintas aportaciones que los siglos fueron trayendo, que antiguos cultos que se seguían practicando en secreto o casi secreto, ante la sombra alargada de la religión católica imperante.

El Amboto - Foto: pinterest.es

Fuente: "La cara oculta de Felipe II." - Juan García Atienza

Por su parte, la brujería y la hechicería, que nunca dejaron de estar presentes entre las prácticas supersticiosas hispanas, experimentaron un auge súbito en los últimos tiempos de la Edad Media y los inicios de la moderna con los aquelarres de la sierra de Amboto y comenzaron a propagarse peligrosamente para la buena marcha de la fe popular a finales del siglo XV y todo el siglo XVI.
 
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