martes, 13 de marzo de 2018

La brujería y el Amboto

Hoy haremos una breve ficha; una mera referencia a una reciente lectura, pero no por ello de poco interés. Y esto es así porque supone un ejemplo más de lugar ancestral, donde los cultos, en sus muy distintas formas, perduraron a lo largo de los siglos. Hablamos del Amboto, antigua montaña sagrada vasca -vizcaína en su mayor parte, pero también alavesa- que ya trajimos al blog como una de las moradas que constituía de la diosa Mari, uno de los personajes más importantes dentro de la mitología vasca. Desde este punto de vista no me ha resultado extraño encontrar la siguiente referencia que traemos de una obra de Juan García Atienza, pues es bien sabido que muchos de estos antiguos lugares de culto, en siglos más cercanos, eran lugares calificados de brujas y en los que se decía se practicaban aquelarres, que no eran otra cosa, con las deformaciones o distintas aportaciones que los siglos fueron trayendo, que antiguos cultos que se seguían practicando en secreto o casi secreto, ante la sombra alargada de la religión católica imperante.

El Amboto - Foto: pinterest.es

Fuente: "La cara oculta de Felipe II." - Juan García Atienza

Por su parte, la brujería y la hechicería, que nunca dejaron de estar presentes entre las prácticas supersticiosas hispanas, experimentaron un auge súbito en los últimos tiempos de la Edad Media y los inicios de la moderna con los aquelarres de la sierra de Amboto y comenzaron a propagarse peligrosamente para la buena marcha de la fe popular a finales del siglo XV y todo el siglo XVI.

lunes, 12 de marzo de 2018

La Encamisá, Torrejoncillo

Continuamos en la estación invernal, aunque ya estamos muy cerca de esa línea que nos separa de la cercana Primavera, o, para ser más exactos, a nueve días del equinoccio primaveral en el hemisferio norte terrestre, que es donde nos encontramos. De este modo, todavía no está fuera de lugar traer festejos invernales, aunque sea una fiesta que se celebró en la lejana fecha del 7 de diciembre, en la víspera de la celebración de la Purísima o Inmaculada Concepción, un festejo católico que cristianiza muchas fiestas invernales ancestrales como ya conocemos por estos lares virtuales de la Iberia Mágica. Hablamos del festejo de La Encamisá, en la población extremeña de Torrejoncillo, en la comarca del Valle del Alagón.
Como ocurre con muchos de estos festejos, existen numerosas teorías y estudios sobre su posible origen. Algunos hacen referencia a sucesos históricos de los últimos siglos, en este caso concreto relacionado con lo bélico y en otros, remontando su origen a los tiempos ancestrales, que son los que a nosotros nos suelen interesar en mayor medida, no porque por la temática del blog queramos tomar partido por ellos, sino porque, verdaderamente, creemos que estos festejos, tan relacionados con momentos concretos del año, están más relacionados con los ciclos de la Naturaleza y, por tanto, hunden sus raíces en tiempos mucho más antiguos para la Humanidad de lo que podamos creer en un inicio, a pesar de que su forma externa actual parezca indicar otra cosa. Evidentemente somos conscientes de que no será aplicable a la totalidad de los casos, pero sí a un buen número de ellos y, como nos indica el investigador José María Domínguez Moreno, también se podría extrapolar al caso de La Encamisá. Domínguez Moreno incluso cree encontrar su origen en los tiempos prerromanos, como una reminiscencia del culto a la diosa Ataecina, tan documentada en esta zona peninsular.
Como ocurre con la mayoría de los festejos invernales -y no sólo invernales- el fuego ocupa un papel predominante, lleno de claro simbolismo purificador, en La Encamisá de Torrejoncillo.

Foto: diario16.com

Fuente: turismoextremadura.com

Cada año, en la víspera de la Inmaculada Concepción, cientos de torrejoncillanos se echan a la calle para celebrar la encamisá, una fiesta popular de esta localidad que está considerada Fiesta de Interés Turística de Extremadura.
A las 10 de la noche del 7 de diciembre, se abre la puerta de la Iglesia Parroquial de San Andrés, de la que sale un estandarte de color celeste con la imagen de la Inmaculada Concepción bordada. A la vez, un grupo de personas cubren de humo y olor a pólvora las inmediaciones de la Plaza Mayor al disparar sus escopetas, lanzando salvas en honor a la Virgen. Cuando se hace entrega del estandarte al mayordomo, que monta un caballo vistosamente atalajado para la ocasión y que va acompañado a los lados por otros dos jinetes, otros varios cientos de jinetes, que le siguen por detrás, lo vitorean y aclaman desde lo más profundo de su alma.
Todos los jinetes van ataviados con sábanas blancas engalanadas con hermosas puntillas, y solo en algunos casos por estrellas, sobre el rostro. Y así transcurre la procesión, entre una nube de pólvora infinita que recorre las empinadas calles del pueblo. Calles en las que esperan los visitantes alrededor de joritañas encendidas para no pasar frío y en las que los más pequeños de la casa queman sus jachas, o lo que es lo mismo, haces de gamonita que sus padres y abuelos les han preprado con ilusión.
Dos horas y media después, el estandarte vuelve a su iglesia entre vítores de fe de los asistentes y los mayordomos invitan a todos los participantes a que se acerquen a degustar los coquillos y a probar ricos caldos de tomate típicos de la zona.
Hay quien dice que esta fiesta procede de los romanos, mientras otros defienden que es tradición moruna al cien por cien. Pero lo cierto es que nadie sabe de dónde viene la tradición de la encamisá a ciencia cierta. La teoría que más fuerza ha cobrado entre las gentes de Torrejoncillo es la que sostiene que pueda deberse a una reminiscencia bélica de la batalla de Pavía. Cuenta la leyenda que durante la campaña, el capitán ávalos, torrejoncillano, escondió a sus hombres bajo sábanas en la nieve. Con este rudimentario camuflaje los españoles lograron ganar la batalla. Al volver al pueblo y contar lo sucedido, comenzó a representarse la hazaña, que tomó aires marianos al conocerse que la Inmaculada había ayudado a los hombres de ávalos a vencer.


martes, 6 de marzo de 2018

La Laguna del Pozoairón, Chapinería

Hoy, gracias a mi amigo Eduardo García, he sabido de la existencia de un nuevo "pozoairón" no demasiado lejos, además, de donde resido, lo cual es algo muy esperanzador, pues le hace a uno darse cuenta de que por mucho que piense que ya tiene muy rastreada su provincia, es bastante lo que le queda aún por descubrir en un radio que no va más allá de unas cuantas decenas de kilómetros. Este pozoairón, que es una laguna, es conocida precisamente de tal forma, como La Laguna del Pozoairón y se halla en el municipio de Chapinería, en la conocida, en la actualidad, como comarca de la Sierra Oeste de Madrid, o, lo que es lo mismo, la zona del suroeste de la provincia madrileña, donde la Sierra de Guadarrama prácticamente se une con la de Gredos, no lejos de ese giro que el Sistema Central da buscando el poniente y la lejana Portugal, donde viene a finalizar en ese punto cardinal.
La foto que aportamos es de hoy mismo, realizada por el propio Eduardo García, mostrándonos la gran acumulación de agua que tiene a día de hoy, que, prácticamente -o sin el prácticamente-, desborda lo que es la propia laguna, anegando el terreno circundante y haciendo que incluso los chopos de alrededor, y otros árboles, hundan sus troncos en el agua. Parece que el dios Airón quisiera ampliar sus dominios; algo que agradecemos, siempre que no nos engulla, como les ocurrió a muy variados personajes de romances y leyendas, pues es una muestra de que han llegado las lluvias que tanta falta hacían.
Aportamos a la ficha el texto del cartel explicativo que se encuentra junto a la laguna, el cual nos ha parecido muy ilustrativo e interesante.

La Laguna del Pozoairón - Foto: Eduardo García - 06/03/2018

Fuente: Cartel explicativo junto a la laguna.

Esta laguna, de forma irregular y ovalada, ocupa unos 25 metros en su parte más ancha y 20 en la más estrecha. Su profundidad no es superior a un metro y medio. De la laguna mana algo de agua, es un acuífero natural que en verano se alimenta de las aguas de una fuente, también natural, situada un poco más arriba, y de las aguas pluviales.
La toponimia del lugar está relacionada con el dios Airón, de origen celta para unos y autóctono de origen neolítico para otros. En España encontramos hasta 69 topónimos iguales o parecidos al de Chapinería: así en La Almarcha y en Uclés (Cuenca), en Hontaria del Pinar (Burgos), en Ciudad Rodrigo y en Pereña de la Ribera (Salamanca), en Valdefuentes (Cáceres), etc; en Madrid, en Montejo de la Sierra, un arroyo en Moratalaz, un pozo en el interior de la iglesia en Ribatejada y en Valdemoro, como paraje. También hallamos topónimos Airón en Portugal, Francia, Inglaterra, Italia y Brasil.
Relacionados con el dios Airón y los pozos o lagunas existe también literatura popular que se manifiesta en forma de romance, el de Los Siete Hermanos y el de La Gentil Porquera, o en forma de leyenda, la de Don Bueso y la de Tejerina. Además se encuentra el topónimo en un poema de Francisco de Ávila, en el estudio preliminar a La vida y la muerte o vergel de Discretos que hace Pedro Cátedra, en el S. XVI. Brian Dutton, en el Cancionero del siglo XV, editado en 1991 en Salamanca bajo la dirección de Pedro Cátedra, nos ofrece El quexo de la mula de Juan Muñiz que fizo Antón Montoro, que se guarda en un cancionero de la Biblioteca de París y que Napoleón se llevó de España, en donde aparece igualmente un poema con esta toponimia.
Cuenta la leyenda que Airón, con forma de serpiente moraba en el inframundo, entre tinieblas; se comunicaba con el mundo de los mortales a través de las aguas. Airón representa lo positivo y lo negativo, fuente de vida y de vegetación y dios de los muertos, que pedía sacrificios humanos para calmar su ira, aquél que caía en las aguas de la laguna no volvía jamás.


lunes, 5 de marzo de 2018

El Anta do Estanque, un dolmen en una vivienda, São Geraldo-Montemor-o-Novo

En 2013 hicimos una ficha a un caso más, de varios existentes en El Alentejo portugués, de dolmen mimetizado en una construcción posterior, ya fuera una ermita, iglesia o una simple edificación civil como es el caso. Hoy lo traemos de nuevo, no porque nos hayamos quedado sin ideas para el blog, ni mucho menos la materia prima sacra y legendaria escasee en la Península como para no llenar cientos o miles de blogs en la materia, sino porque hemos accedido a una fotografía, mucho más descriptiva sobre el particular, y de mejor calidad que la que aportamos en su momento, realizada por nuestro amigo Antonio Martín Asperilla, autor de la obra Guía Mágica de La Mesa de Ocaña, de la que ya hemos hablamos en más de una ocasión en Iberia Mágica, trayendo más de un lugar, además, de los que recoge en su magnífica obra, a este espacio.
Hablamos del Dolmen del Estanco o Anta do Estanque, en portugués. Estamos en la freguesía de São Geraldo, concejo de Montemor-o-Novo, o más bien habría que decir en la aldea perteneciente a la freguesía de Nossa Senhora do Bispo, dentro del mencionado concejo -concelho en portugués- de Montemor-o-Novo.
En la imagen de Antonio podemos ver, claramente, como el megalito se encuentra en la esquina de una vivienda de esta población alentejana, apreciándose incluso la oquedad de lo que debió de ser parte de su galería o corredor.
En la actualidad se encuentra desocupado, como se puede ver, pero, a pesar de la peor calidad de la imagen que pusimos en su momento, recomendamos se vaya al archivo de esta página, tratando de localizar la ficha de 2013, en el buscador que hay en la parte superior izquierda del blog, pues en su momento, la parte más interior del dolmen, constituía una habitación de la casa en la que se encuentra, mientras que la exterior, que es la que se observa en la fotografía de la anterior publicación, era utilizada como lugar para guardar aperos agrícolas, leña y, además, como gallinero.

Foto: Antonio Martín Asperilla


martes, 27 de febrero de 2018

La necrópolis de Ulaca, Villaviciosa-Solosancho

Cuando hablamos de Ulaca, no sólo estamos hablando de uno de los castros celtas más importantes de la Península Ibérica, sino también de toda Europa; el de mayor tamaño, además, pues ocupa 80 hectáreas. Lo más conocido, por su espectacularidad, es su famoso altar rupestre, destacando, igualmente, una construcción en piedra que se dice pudo ser una sauna iniciática.
Pero hoy queremos dar protagonismo a su necrópolis, de la que tan poco se ha hablado en relación a este poblamiento vetón. En 2003, de donde extraemos unas líneas de una noticia de entonces, se halló y se comenzó a excavar, pero desde entonces, es poco lo nuevo que se sabe, por lo menos para el que esto escribe. Álvarez Sanchís, uno de los grandes estudiosos de la Edad del Hierro en la Península Ibérica, y más concretamente en el ámbito celta, fue quien estuvo al frente de estas excavaciones. Esta necrópolis se halla, fuera, no lejos de la puerta de entrada al castro más cercana al propio altar rupestre, que se encuentra intramuros, y en él se halló un interesante ajuar con funda de puñal, una aguja, un cuchillo, un regatón de lanza, dos cuentas de collar y fragmentos óseos. Muy cerca, restos humanos y animales, que se piensan eran de caballo.

Vista del valle de Amblés, por donde discurre el río Adaja camino de la ciudad de Ávila, visto desde la zona de la necrópolis - Foto: misteriosconxana.blogspot.com

Fuente: elmundo.es - 09/10/2003

La localización del cementerio está avalada por los hallazgos que se produjeron a partir de una de las primeras catas, en la que salieron a la luz restos de cerámicas y mandíbulas de caballos, además de tierra oscura, que revelaban "rituales o actos de sacrificios relacionados con ritos funerarios del norte de Europa", explicó Álvarez Sanchís.

Posteriormente, a unos 40 metros, se hallaron "encachados de piedra" que coinciden con los típicos cubrimientos de sepulturas de incineración en hoyo de los cementerios de la Edad del Hierro de la Meseta, entre los que figuran los vetones.

En la planicie situada a medio kilómetro por debajo del nivel del castro, se encontraron además restos cerámicos, que se corresponden con los recogidos en la sepultura y en la superficie.

Estos hallazgos permitirán avanzar en el conocimiento más completo de la organización de la sociedad vetona de Ulaca y del Valle Amblés a finales de la Edad del Hierro.

Escudo de Solosancho, con la representación de un verraco hallado en Ulaca

lunes, 26 de febrero de 2018

La Fuente de la Mora, Cabañas de la Sagra

En la comarca de La Sagra también encontramos leyendas alrededor de esos seres mitológicos llamados moras -encantadas, mouras, xanas, anjanas y lamias en otros lugares-, que nada tienen que ver, aunque por el nombre lo parezcan, con doncellas procedentes de los pueblos norteafricanos que ocuparon, al igual que otros muchos pueblos, la Península Ibérica. Hablamos de unos seres femeninos, parecidos a las ninfas grecorromanas, que se pueden encontrar en lagunas, ríos o fuentes, es decir, relacionadas con el medio acuático y que se aparecen en fechas muy concretas, que en la mayor parte de las ocasiones tienen que ver con el Solsticio estival. No es el caso que hoy nos ocupa, pues nuestra mora de hoy, la de La Fuente de la Mora de Cabañas de la Sagra se aparece todos los 31 de diciembre a los que por sus alrededores deambulen. El paraje se encuentra a las afueras del pueblo, a un kilómetro y medio del mismo. Se trata de un pozo del que emana el agua y rodeado de una zona de pinar.

Vista aérea del paraje en el que se halla La Fuente de la Mora de Cabañas de la Sagra

Fuente: Victoria Almodóvar Martín  - leyendasmundialesmagicas.blogspot.com

Dice una leyenda del pueblo de Cabañas de la Sagra, que en el lugar llamado Fuente de la Mora, en el manantial que hay al pie de un montículo vive una mora encantada desde hace siglos. Nadie sabe porqué esta bella mujer permanece hechizada y oculta en las aguas de ese manantial, pero se cuenta que algunos atrevidos que se acercan el 31 de diciembre por la noche, la ven aparecer peinándose y emitiendo un canto que atrae a todas las personas que están cerca del manantial y si consigue atraerte te hechiza hasta que alguien consiga salvar a la mora del encantamiento al que sigue encadenada.

Victoria Almodóvar Martín  - leyendasmundialesmagicas.blogspot.com


domingo, 11 de febrero de 2018

"El Ramu" de San Blas, Nuñomoral

Ya quedaron atrás las fiestas de mitad de invierno, las que se encuadran alrededor del antiguo Imbolc, encontrándonos, en este momento, en fin de semana de Carnaval, habiendo caído este año, estas últimas, muy cercanas a las primeras, pues solo ha habido una semana de diferencia entre ambas. Pero centrándonos en uno de los santos cristianizadores del antiguo Imbolc, concretamente en San Blas, celebración del 3 de febrero, nos acercamos a Nuñomoral, población y cabeza de uno de los concejos de Las Hurdes (de nuevo volvemos a esta comarca, que bien merecería, en exclusividad, un blog aparte, por la cantidad de entradas que le dedicamos, en este espacio, a este territorio montañoso) donde se celebra a este santo, constituyendo uno de los festejos más importantes del territorio hurdano, de entre todos los celebrados a lo largo del año.
En esta celebración, cuyo santo tenía una ermita, hoy día desaparecida, como ha ocurrido con otras tantas de aquel territorio, se utiliza un elemento simbólico, que, evidentemente, parece remontarse, claramente, a los tiempos precristianos. Hablamos del conocido como "El Ramu" (El Ramo), que consiste en una rama de árbol -o árbol pequeño en algunos casos- que, antiguamente, como bien escribe Félix Barroso Gutiérrez en uno de sus artículos, era una rama de tejo, un árbol que ya sabemos que tenía un importante simbolismo para pueblos prerromanos, más concretamente en el ámbito céltico, y en el que se suele poner un pan, además de naranjas y otras frutas, todo adornado con cintas al modo de guirnaldas, en lo que supone un claro ritual de fertilidad. Además, como nos contará más abajo Tomás González, en un texto de principios de siglo XX, se realiza una danza ritual alrededor del mismo.

Santos Crespo Velaz, ramajero de San Blas en 2018 - Foto: Francisco Iglesias Rubio

Fuente: Tomás González, 9 de octubre de 1904.

El Ramo es un árbol joven y manejable que se adorna con cintas, naranjas y otras frutas. Condúcele un hurdano y forman la comitiva cuatro más, el tamborilero y el "mayoral". De da el nombre de "mayoral" al que hace de gracioso y que a la vez dirige el baile. Principian cantando a alguna distancia del santo y a cada cantar avanzan unos pasos, haciendo una profunda reverencia. Después de concluir los cantares, cada ramajero hace una relación, principiando el mayoral. Concluidas las relaciones, los festejantes siguen cantando y bailando a la vez, hasta concluir el repertorio, haciendo después entrega del Ramo. Se baila por Nuñomoral y se llama "bailar el Ramo de San Blas".



 
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