lunes, 30 de octubre de 2017

Las cabezas de la Iglesia de Santa María la Mayor, Fuente Úrbel

Estamos en vísperas de una de las grandes festividades ancestrales del año y, como solemos hacer en algunas ocasiones en relación a las mismas, traemos algunas muestras o creaciones relacionadas con éstas. Hoy, en concreto, nos acercamos a la población burgalesa de Fuente Úrbel, en la comarca de Páramos, para contemplar un curioso capitel, en su Iglesia de Santa María la Mayor, donde se puede observar a un grupo de cabezas con extremidades, que, según se dice, son la representación de un grupo de ánimas, lo que, evidentemente, conecta con la festividad de mitad de otoño en la que nos encontramos, cuando las tinieblas y, con ellas, el recogimiento, van ganando terreno a la luz, siendo, por tanto, un momento que invita más a recordar a nuestros antepasados y seres queridos que ya no se encuentran entre nosotros.

Foto: Rosa G. Nieves

Fuente: circulo-romanico.com

El conjunto se repite, en forma parecida ....en Fuente Urbel, iglesia ésta donde a las cabezas les acompañan extremidades, y, sobre todo, un lienzo. Parece bastante claro que en Fuente Urbel se representa a todos los muertos, a “Todos los Santos”, en un sincretismo del Shamain celta, del “halloween”. Por buscar una interpretación a lo de Siones/Escalante digamos que quizás representan lo mismo, y que puesto que Escalante es anterior a Fuente Urbel la representación es más burda, menos clara, menos lograda. 


viernes, 27 de octubre de 2017

Viriato y su leyenda en la Sierra de San Vicente

Hace escasas fechas visité la bella comarca serrana de Sierra de San Vicente, de la que recientemente hemos hablado por aquí en un par de ocasiones. Quería conocer la que dicen es la sierra en la que se encontraba el mítico Monte de Venus, en el que Viriato, según Apiano, acampaba tras sus campañas de guerra contra el invasor romano. La referencia en cuestión dice lo siguiente: "cruzó el río Tajo y acampó en un monte cubierto de olivos, llamado monte de Venus."
Según la crónica de Apiano, por el lugar de donde venía, debió cruzar el río Tajo del margen izquierdo, al derecho, o, lo que es lo mismo, de sur a norte, con lo parece casi seguro que, de no estar equivocada la información que el autor romano, de origen griego, recogió en su obra, este monte, el Monte de Venus, se encontraba en algún lugar del Sistema Central. De ahí que no sólo se maneje la hipótesis de Sierra de San Vicente, la más apoyada, sino otras posibles ubicaciones, como la del Castro de El Raso de Candeleda o Castro de El Freíllo, en la Sierra de Gredos; la del Monte de Jálama, en la comarca de Sierra de Gata; la Sierra de Santa Marina, junto a la Vía de la Plata, entre las poblaciones de Cañaveral y Casas de Millán, ambas de la Comarca de Monfragüe; y, por último, se habla también de la Sierra de la Estrella, en Portugal, lugar que dicen fue la cuna de este personaje histórico.


El Piélago, lugar en el que, según la creencia popular de la zona, Viriato situaba su campamento de invierno. Al fondo se puede apreciar la Sierra de Gredos - Foto: Iberia Mágica - 24/10/2017


Pero hoy nos centraremos en la Sierra de San Vicente, no porque creamos que podamos descifrar una cuestión de tan difícil respuesta, sino para mostrar como un personaje histórico de hace más de dos mil años puede formar parte de la leyenda e incluso de la mitología, se puede decir, de las gentes que habitan esta comarca en la actualidad. Tanto es así, que no sólo identifican, dentro de las distintas montañas y montes que integran esta sierra, al propio Monte de Venus, sino incluso el lugar exacto en el que el héroe lusitano instalaba su campamento invernal.
En relación al Monte de Venus, éste se dice que es el Pico de San Vicente, montaña que tiene una cueva que le une con la leyenda cristiana que dice que en ella se refugiaron los niños Vicente, el mártir que sería conocido como San Vicente de Talavera, dando nombre a esta sierra, y sus hermanas Sabina y Cristeta, tras la persecución sufrida por Publio Daciano que les hizo huir de su Talavera de la Reina natal, la Caesarobriga romana, para ser posteriormente atrapados en Ávila, tras pasar por esta sierra y ser martirizados en la antigua ciudad castellana, también de origen vettón, donde encontraron el final de sus días.
En cuanto al campamento, éste se dice que se encontraba en el paraje, abundante en castaños en la actualidad, donde pudimos probar su rico fruto, de gran fama por la calidad y tamaño de sus castañas, conocido como El Piélago. Este lugar se encuentra en la parte alta del puerto que une las poblaciones de El Real de San Vicente, en el valle del Alberche, y Navamorcuende, en el valle de El Tiétar, los dos valles que vertebran una y otra vertiente de la Sierra de San Vicente, existiendo los restos de un convento, conocido, precisamente, como Convento de El Piélago, que ha sido reconstruido en parte de su estado ruinoso. Las vistas desde este lugar, hacia el valle del Alberche, son impresionantes, pudiendo apreciarse una gran parte de los Montes de Toledo de telón de fondo hacia el sur, el valle del Tajo, río sobre el que se posaban, aquel día, unos bellos bancos de niebla matinales y muchas de las poblaciones cercanas y no tan cercanas, como la propia capital del Estado, hacia el Este, con su gran nube de polución en su parte superior que nos sirvió de pista para identificarla. Sin tener la información, estuvimos imaginando, que de ser cierto que Viriato hubiera morado aquellas sierras, el control visual sobre el territorio circundante, desde aquel preciso lugar, sería magnífico. Fue, más tarde, antes de volver a nuestros lugares de residencia, cuando un grupo de amables señores, oriundos del pueblo de Castillo de Bayuela, que hace poco trajimos al blog por la estela hallada en su momento en este pueblo, nos contaron, con todo convencimiento, que en El Piélago, que se halla junto al Pico de San Vicente, el que dicen es el Monte de Venus, como se ha dicho, Viriato tenía su campamento. Evidentemente entendemos que, desde un punto de vista histórico, no existe prueba alguna en tal dirección, pero sí nos impresionó esa seguridad y familiaridad que estos habitantes de la comarca mostraban con el personaje histórico en cuestión. Hemos de decir que existe una ruta de montaña conocida como la ruta de Viriato, una carrera popular conocida como Las II Leguas de Viriato o incluso una peña de fiestas, de El Real de San Vicente, de nombe Los Viriatos, según he podido averiguar, con lo que Viriato, evidentemente, forma parte, claramente, del acervo cultural de los habitantes de Sierra de San Vicente.
Por tanto, se puede decir que en Sierra de San Vicente existe un mito muy vigente en los tiempos presentes alrededor del héroe lusitano, lo que no deja de sorprender, a la par que agradar, pues resulta de gran interés descubrir esta curiosa simbiosis entre el personaje en cuestión y los habitantes de esta bella comarca.

Vista hacia los valles del río Alberche, primero, y el Tajo, después, con los Montes de Toledo al fondo y la población de El Real de San Vicente abajo - Foto: Enrique Beato Martínez - 24/10/2017


jueves, 26 de octubre de 2017

Nuestra Señora de la Encina, Pinofranqueado

Si en nuestra anterior entrada hablamos de la vinculación, a nivel general, entre el culto mariano y antiguos cultos que retrotraían, posiblemente, al culto a la Madre Tierra, hoy traemos un caso particular dentro de una de las tipologías que se mencionaron. En la fuente aportada se dijo que no era casual que la Virgen "se apareciera" junto a cuevas, fuentes o en otro tipo de lugares que fueron objeto de culto en tiempos anteriores al propio cristianismo, como son los árboles, de los que ya sabemos, por bastantes ejemplos traídos al blog, que fueron objeto de veneración desde tiempos ancestrales. Nuestro ejemplo de hoy encaja, precisamente, en uno de estos últimos supuestos, pues traemos el caso de la conocida como Nuestra Señora de la Encina, que según cuenta la leyenda, se veneraba en el Convento franciscano de Los Ángeles, no lejos de Ovejuela, alquería del concejo de Pinofranqueado. Posteriormente se dice que quiso ser llevada a una ciudad importante de la zona, no se sabe si a Coria u a otra, en el exterior de la comarca, pero al pasar por Pinofranqueado los mulos que la transportaban se detuvieron ante una encina y esto, como ocurre en tantos otros ejemplos -es un elemento muy recurrente-, fue interpretado como deseo de la propia virgen de querer permanecer en dicho lugar, con lo que posteriormente se construyó, en este sitio, la Iglesia de Nuestra Señora de la Encina, que es la iglesia parroquial de Pinofranqueado donde se da culto a dicha virgen.
Esto, evidentemente, nos hace sospechar que en dicho lugar pudiera haber existido alguna encina, de la que esta virgen tomó su nombre, que podría haber sido objeto de veneración con anterioridad al propio culto cristiano y ser el sustituto de otros árboles venerados con anterioridad, pero aquí, evidentemente, entramos en el campo de la especulación. Además, el templo se dice que fue construido en el siglo XVII, con lo que el cristianismo, evidentemente, llevaba ya bastantes siglos instalado en estos valles, aunque quizás el nombre de la iglesia y de la propia virgen puedan ser una reminiscencia de lejanos cultos dendrolátricos, como bien apunta la fuente que aportamos, que pudieran haberse dado en dicho enclave.
A título anecdótico, como se puede ver, el propio nombre de la población, y del concejo, hacen referencia a otro árbol, muy abundante en la zona, tristemente, en muchos casos, a causa de una no muy positiva reforestación, pues no debería ser el árbol predominante en la zona.

Foto: verpueblos.com

Fuente: Apariciones marianas en Extremadura (III) - José Luis Rodríguez Plasencia - Revista de Folklore número 363 - Año 2012

En la localidad hurdana de Pinofranqueado son las mulas que tiran del carro que transportaba la imagen de una Virgen, las que deciden el lugar donde ha de rendírsele culto. 
Eva Martín, desde Azabal, me informa que según una antigua tradición que circula por la comarca, dicha Virgen se veneraba antaño en el hoy derruido convento franciscano dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles, próximo a la alquería de Ovejuela, en el nacimiento del río de los Ángeles, junto a la titular de la abadía.
No consta en los archivos de la memoria hurdana ni en los registros parroquiales las circunstancias o motivaciones que indujeron a las autoridades eclesiásticas a sacar la imagen rumbo a esa ciudad importante -tal vez Coria, tal vez Plasencia…- que menciona la leyenda… Lo cierto es que cuando la carreta que la trasladaba llegó a Pinofranqueado, los mulos se detuvieron junto a una encina y no se movieron más, a pesar de los denuestos del carretero y de los golpes que les propinaban. Este hecho fue al fin interpretado como un designio divino indicativo de que la Virgen quería permanecer en aquellos lugares para seguir velando por sus habitantes. Así que se le erigió un templo donde ser venerada bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encina, advocación con visos dendrolátricos si se tiene en cuenta el lugar donde curiosamente fueron a detenerse las mulas. 


martes, 24 de octubre de 2017

El culto mariano o culto a la Madre Tierra

Una vez leí o escuché, ahora no recuerdo, que el mejor lugar -o uno de los mejores, tampoco lo recuerdo- del mundo para rastrear cultos paganos era la Península Ibérica. No sabemos si es algo exclusivo de la llamada piel de toro extendida que dijo Estrabón, o, seguramente, también se dé en muchos otros lugares europeos y de otros continentes. Yo, personalmente, apuesto por lo segundo -hay claros ejemplos no sólo en la Península, sino en Europa y en otros continentes-, pero ello no es óbice para que no crea que verdaderamente estamos en una tierra muy rica en sincretismos, de ahí que uno se animara a recopilar, breve y modestamente, lugares y cultos de este tipo en el presente blog.
Lo que hoy traemos son unas líneas en las que queda claro que detrás de la leyenda tan recurrente del hallazgo o aparición de vírgenes, en muy distintos lugares, se da un clara conexión con cultos aún mucho más antiguos, en los que se especula, además, con la posibilidad de que la Virgen de turno no esté haciendo otra cosa que sustituir, como ya se ha apuntado en más de una ocasión por aquí y como es bien conocido por los interesados en estas temáticas, a antiguas divinidades femeninas, que a su vez no son otra cosa que la herencia del antiguo culto a la Madre Tierra del que tanto se ha hablado.

Virgen de Soterraña en su cueva, Madroñera (Cáceres) - Foto: chdetrujillo.com

Fuente: Los peregrinos del Camino de Santiago - Juan García Atienza.

Por si fuera poco, la mayor parte de aquellas imágenes fueron envueltas en un espeso velo de misterio milagroso y casi no cabe tropezar con ninguna que no tenga su leyenda, narrando un prodigioso descubrimiento que habría puesto al descubierto la imagen, supuestamente escondida por temor a que fuera profanada por la invasión árabe, y olvidado después el escondrijo donde fue depositada. Hay imágenes que "aparecieron" en cuevas, en troncos de árboles (generalmente árboles sagrados de la Antigüedad precristiana), debajo de megalitos, a la sombra de arroyos, en el pico de montes venerados por los ancestros, en el fondo de simas inaccesibles que emitieron luminarias para avisar de lo que había en sus profundidades. Y fueron muchas las imágenes que, una vez encontradas, demostraron palpablemente que "deseaban" ser veneradas en el lugar donde las encontraron y que, trasladadas a otro, "regresaron" al sitio del encuentro, solo para mostrar su voluntad de permanecer allí y su deseo de que fuera también allí donde se les levantase el preceptivo santuario.
Estas circunstancias, lejos de fomentar la intención milagrera, y vistos tanto los modelos iconográficos como los lugares donde se les levantó capilla para que fueran a venerarla propios y extraños -léase peregrinos-, nos muestran, a menudo, la presencia de espacios ancestralmente sagrados que fueron recuperados por la memoria de los fieles, que, de pronto y sin encomendarse a ninguna autoridad, los volvieron a hacer suyos, después de que la fe cristiana generalizada hubiera hecho todo lo posible por olvidarlos. Tales lugares, según cabe demostrar en muchos casos, conservaron por mucho tiempo, e incluso siguen conservando en la actualidad, en algunos casos, cualidades que en tiempos de ignorancia pudieron tenerse por prodigiosas: aguas medicinales o detección de especialísimas energías telúricas que fueron sacralizadas por los efectos aparentemente sobrenaturales que producían. En este sentido, y para los peregrinos que quisieran advertirlo, aquella presencia de imágenes de Nuestra Señora en el Camino, o en sus proximidades, era también una llamada de atención a al antigua sacralidad de la Tierra, adorada como Diosa Madre a través de las numerosas deidades femeninas que proliferaron en la Antigüedad, desde Deméter a Belisana, desde Istar a Isis la Negra, cuyas cualidades de negritud heredaron con todas sus consecuencias muchas de las más veneradas imágenes de aquellos primeros tiempos de la exaltación del culto mariano.

sábado, 21 de octubre de 2017

La ancestralidad de Roncesvalles

Muchos topónimos guardan el significado de una realidad que va más allá de la simple apariencia o composición etimológica. Hoy traemos uno muy conocido, como es Roncesvalles, por ser la puerta de entrada a la Península, a través de los Pirineos, del conocido como Camino de Santiago francés. Gracias a los apuntes que extrajimos del libro Los peregrinos del Camino de Santiago, de Juan García Atienza, hemos conocido la etimología de esta localidad pirenaica, que le relaciona con la rosa o el espino, topónimos que ya sabemos que, en muchos casos, son la llave con la que descubrir una antigua sacralidad. Según García Atienza, tras estos topónimos se hallan petroglifos, dólmenes y otros antiguos elementos de esta naturaleza. Así, en los alrededores de Roncesvalles, se encuentran los dómenes de Epersaro, Arregi o Mediaundi, además de curiosas rocas, como la conocida como Puerta de San Juan, a la que seguramente podamos dedicar una ficha en un futuro, y un monasterio, que ya sabemos que solían situarse en antiguos eremitorios que, en muchos casos, a su vez ocupaban un lugar de culto precristiano.

Roncesvalles - Foto: mygola.com

Fuente: Los peregrinos del Camino de Santiago - Juan García Atienza.

Roncesvalles se llamó en francés Roncevaux, que quiere decir el valle de las espinas. Y en el viejo castellano de los navarros, Rozavals, el "Valle de las Rosas". No es la única llamada que encontramos en el Camino -y en numerosos lugares- a las espinas o a las rosas espinosas. Y, curiosamente, tales lugares suelen localizarse rodeando un lugar ancestral de virtudes escondidas, cercando la presencia de un conjunto dolménico, avisando la cercanía de una aglomeración de petroglifos o dando cuenta de la proximidad de un monasterio escondido entre las serranías, que fue construido en algún antiguo lugar de poder.


viernes, 20 de octubre de 2017

Grabados en el Dolmen de La Coraja, Aldeacentenera

Nos acercamos a la conocida, en el pasado, como Tierra de Trujillo, hoy comarca de Trujillo, al municipio de Aldeacentenera. Allí existe un curioso castro vettón, el castro de La Coraja, donde se halló un dolmen, el Dolmen de La Coraja, que es nuestro protagonista en esta ficha. Las películas de dibujos animados de Asterix y Obélix, basados en un famoso comic francés -Astérix el Galo- que se inició en 1959, nos hizo creer a muchos en la infancia que los antiguos galos o, los celtas en general, fueron los creadores de los dólmenes, menhires y demás megalitos, algo normal cuando veías a Obélix, con su gran fuerza, tallar y repartir menhires en un periquete. Con los años descubres que eso no es así, que éstos estaban mucho antes de ellos, a pesar de que muchas de estas construcciones fueran respetadas milenios después, en plena Edad del Hierro, teniendo el famoso ejemplo de Stonehenge, donde se dice que los druidas realizaban sus rituales y celebraciones. Pues en el Dolmen de La Coraja seguramente nos encontremos ante un caso similar, pues se hallaron evidencias de la Edad del Hierro, es decir, de la época vettona entre los ortostatos de este dolmen, como cerámica propia de esta época, lo que ha hecho creer que este megalito fue objeto de culto durante este periodo. Uno de los ortostatos, el número 2, conserva un bueno número de grabados, seguramente de los tiempos en los que este dolmen se construyó.

Foto: arqueolugares.blogspot.com

Fuente: Alfonso Naharro i Riera

En un castro extremeño de la Edad de Hierro ( La Coraja de Aldeacentenera, Cáceres) que descubrimos hace treinta años recogimos una cerámica pintada en rojo, el motivo era un guerrero ibérico con su falcata y a caballo que entregué al Museo de Cáceres… posteriormente aparecieron siete ortostatos colocados en un zócalo, el castro había sido excavado por un arqueólogo imprudente que no le dio mayor importancia a las siete lajas de pizarra a pesar de los grabados de cazoletas y pinturas rojas con que estaban decoradas. Después se supo que formaban parte de una habitación cuadrangular, reaprovechadas y respetadas como parte del culto a sus ancestros: El arqueólogo y profesor Don Antonio González Cordero se percató de los grabados, los analizó y descubrió que pertenecieron a la cámara de un dolmen situado en la proximidad, seguramente ‘in situ' por el material que encontraron, puntas de sílex y otros elementos típicos de esta cultura.

En una de las siete lajas de pizarra (ortostatos) se puede ver un sol, cazoleta con rayos, muy parecido a uno los grabados antes citados de San Lorenzo (San Juan, Ibiza). Los ortostatos de La Coraja están publicados en: “ Cuaderns de Prehistoria i Arqueología de Castelló (diputació de Castelló, nº 22 de 2001)” y ello ha sido una nueva brisa de conocimiento para el estudio de los grabados anteriores al Hierro en España donde las cazoletas sobrevivieron al dolmen y a los ancoriformes como veremos. Las gentes que habitaban La Coraja en la Edad del Hierro respetaron estas piedras pues ello les daba real reconocimiento de propiedad, el culto a los ancestros no se había roto a pesar de las diferentes gentes que habitaron allí, su respeto les daba fuerza ante cualquier avatar extraño, eran los sucesores pues recogieron la antorcha Divina, algo que es una constante en el Hombre, el arquetipo que hace crecer a la Humanidad.


Calco de los grabados del ortostato nº 2 - Foto: researchgate.net

Los Cirigüelos, El Real de San Vicente

Estamos a pocos días de llegar a uno de los grandes festejos ancestrales del año, el antiguo Samaín, el inicio de las tinieblas o del largo invierno en los tiempos primigenios de este festejo. Para nosotros, en la actualidad, es el momento que marca la mitad del otoño. Pero hoy no vamos a hablar del cercano momento en el que dicen que el mundo de los vivos y el de los muertos se entrecruzan de una manera más fluida o sencilla; hoy, nos acercaremos a ese momento, aún no muy cercano, en el que se concentran multitud de mascaradas, antecedentes o "primos hermanos" de las fiestas de carnaval que conocemos, que es el momento de mitad de invierno o antiguo Imbolc. En El Real de San Vicente, población de la comarca de Sierra de San Vicente, comarca que igualmente pocas fechas atrás visitamos en el blog, se celebran Los Cirigüelos, festejo que coincide con San Sebastián, unos días antes de las celebraciones de la Candelaria o de San Blas, que igualmente son una clara cristianización de estos antiguos festejos invernales.
En Los Cirigüelos aparecen tres tipos de personajes: los propios Cirigüelos que, con cencerros en su espalda, pretenden, como ocurre con el resto de cencerradas, despertar a la aletargada Naturaleza; La Hilandera, que pese al nombre del festejo, es el personaje principal, a la que lujuriosamente persiguen Los Cirigüelos; La Maravaca, que es el personaje que nos queda, y que no es otra cosa que el oscuro invierno que se resiste a la fecundidad que ha de venir con la ansiada Primavera, defendiendo a La Hilandera de Los Cirigüelos.
Esperamos poder visitar este pueblo, de bello entorno, en plena Sierra de San Vicente, en la que algunos dicen se hallaba el Monte de Venus de Viriato, y conocer el festejo de Los Cirigüelos. La estampa del El Real de San Vicente, en las faldas de la montaña conocida como La Cabeza del Oso, es espectacular. Volveremos a esta montaña, pues esconde una curiosa evidencia.

Los Cirigüelos - Foto: asociacionelpielago.blogspot.com

Fuente: asociacionelpielago.blogspot.com

El personaje central es la Hilandera, una mujer casada de ver mu buen ver, a las que los Cirigüelos, jóvenes vestidos con pantalón negro, camisa blanca, cencerros en la espalda y varios pañuelos en la cabeza, tratan de levantar la falda. La defiende la Maravaca, y en su defensa trata de quitar los pañuelos de la cabeza con una especie de tenedor de dos dientes. Según la tradición, al joven que descubriera la cabeza, le quitara el pañuelo, tenía que pagar una arroba de vino. Por ese motivo los Cirigüelos llevan cuatro o más pañuelos cubriendo su cabeza. Al final, cansados de que  La Maravaca les quite el pañuelo, los jóvenes cogen a éste y  le bañan en vino. Esto último sólo se simuló.
Los actores dieron la vuelta por todo el pueblo haciendo sonar los cencerros:  el  Barrio Bajo, Llanillo, Barrio Nuevo, Cotanillo de los Barberos,   la calle de Los Caños,  del Arroyo, por  el centro m édico hasta llegar a la Plaza. Los participantes Fueron ocho: La Hilandera, La Maravaca, y seis Ciriguelos. Aunque más estos últimos podian haber sido más.
En la Plaza Después de la representación el Ayuntamiento obsequio a todo el mundo, un refresco o un vino y frutos secos. Tanto en la Plaza como en el Barrio Nuevo, donde tambien se hizo la representación, se dijeron los dichos populares, en forma de romance, ocurridos a los propios jubilados en uno de sus viajes. 
Son bonitas estas tradiciones y entre todos tenemos que conseguir que no se pierdan, para lo cual se necesita la participacion de la gente y cuanta más mejor. Por eso estas celebraciones, en nuestra humilde opinión, se deben hacer los días que hay más personas en el pueblo.


El Real de San Vicente. Detrás la Montaña La Cabeza del Oso - Foto: senderosesotericos.wordpress.com



 
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