Gracias a un amigo he conocido la publicación de un libro sobre el comunal y el régimen de concejo abierto que existió en
Cataluña. El libro, "
El comú català", de
David Algarra, recoge, por tanto, muchos ejemplos sobre esta realidad tan ocultada de verdadera democracia, donde los iguales decidían, de forma directa, sobre sus asuntos a la sombra, en muchos casos, de árboles emblemáticos para la comunidad humana que realizaba dicho ejercicio asambleario. Y es aquí a donde queremos llegar, atendiendo a la temática de este blog: al ancestral
culto al árbol, que es uno de los tantos testimonios sacros o simbólicos que traemos, no sin dejar de mencionar, por supuesto, el contenido político -de verdadera política- que caracterizaba a la actividad concejil, una actividad, que como hemos dicho, se ejercitaba, en muchos casos, a la sombra de dichos ejemplares singulares, que se convertían en testigos de la palabra dada bajo sus ramas.
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| Junto al cartel de entrada al Parc de Can Mulà se ha plantado un árbol en el lugar en el que se encontraban los robles de concejo: Foto: molletvalles.cat |
David Algarra habló, en una entrevista concedida al canal de youtube de
Alícia Ninou, del actual
Parque de Can Mulà, de
Mollet del Vallès, población de la
comarca del Vallés Oriental, junto a la
Masía de Can Ros, donde, precisamente, se realizó la entrevista, y que fue el lugar en el que los pueblos de
Mollet del Vallès, de
Parets y de
Gallecs celebraban sus asambleas. Estas reuniones, según el autor, se celebraban bajo unos robles que ya no existen, constituyendo una muestra más del fuerte contenido simbólico que siempre tuvo el roble, al igual que otras especies arbóreas fueron muy importantes en distintos lugares ibéricos, como el tejo en
Asturias, el olmo (la olma, como se le solía llamar) en
Castilla o el moral en la zona de influencia leonesa o asturleonesa, aunque no de forma exclusiva en dichos territorios, pues también podían ser elegidas otras especies distintas a las mencionadas.
El actual
Ayuntamiento de Mollet del Vallès, para conmemorar dicho pasado concejil, ha sesionado en el
Parc de Can Mulà en algunas ocasiones, aunque nada tienen que ver, evidentemente, dichas reuniones, herederas de lo que posteriormente, en contraposición a los concejos abiertos, fueron los concejos cerrados, donde la totalidad de los vecinos ya no participaba, pues tenían vedado dicho derecho natural, con las celebradas con anterioridad, cuando la palabra dada bajo el árbol entre iguales, era la ley.
*El propio David Algarra y Manel Jovani nos aclararon, en los comentarios a esta entrada, que los antiguos robles de concejo se encontraban junto a la Masía de Can Ros, a unos dos kilómetros del casco urbano de Mollet del Vallès, mientras que el Parque se encuentra dentro de la propia población.