martes, 5 de octubre de 2010

Peña Carnicera, Mata de Alcántara

Hoy nos acercamos a la antigua Lusitania en busca de un nuevo santuario rupestre. Cerca de Mata de Alcántara –en su propio término municipal- existe un lugar conocido como Peña Carnicera que constituyó un auténtico santuario en época lusitana, y quién sabe si también en tiempos más lejanos, pues ya se sabe que los cultos se van sobreponiendo unos a otros, con gran cantidad de ejemplos de ello. Para borrar toda huella de ritual ancestral se grabaron unas cruces, como también ocurre en tantos otros casos.
Gracias a Pablo Sánchez, un vecino de Mata de Alcántara y gran aficionado a la historia, os traemos aquí estas dos fotografías de la Peña Carnicera, de las que es autor. En una de ellas se pueden observar los huecos tallados en la roca para usarlos a modo de peldaños, además de las cruces grabadas, y, en la otra, la concavidad tallada en la parte superior de la peña, de asombroso parecido a un ojo. Por último, en una tercera foto, también de Pablo Sánchez, podemos ver Mata de Alcántara al fondo, desde el camino que va a la Peña Carnicera.


























...se encuentra en el término municipal de Mata de Alcántara y es conocida con el topónimo de "Peña Carnicera", nombre que hace alusión a las especiales características que presenta. En su cara este se tallaron oquedades colocadas alternativamente a derecha e izquierda que permiten ir poniendo un pie en cada una y subir a la cima. En la zona superior se talló una concavidad de forma circular y nos 10 cm. de profundidad situada en el centro. En la zona inferior, junto a la escalera, se grabaron tres cruces mediante una profunda incisión que son la señal de que este lugar fue cristianizado (Almagro-Gorbea, comunicación personal), un claro indicio de que se estuvo usando aún en época romana y los cultos no se abandonarían hasta la generalización del cristianismo, siendo necesario un ritual de cristianización para suplantar a las antiguas tradiciones. De hecho en el concilio de Braga todavía se recoge una referencia a que perduraban estos rituales en rocas.
(“Los orígenes de Lusitania: el I Milenio a. C. en la Alta Extremadura”, Ana María Martín Bravo)




lunes, 4 de octubre de 2010

El Monte Bilibio y las inscripciones de Baelibio

Hoy nos hacemos eco de una hipótesis que relaciona el Monte Bilibio, en La Rioja, con dos documentos epigráficos de la ermita alavesa de San Bartolomé, en Angostina. En estas inscripciones aparece el teónimo Baelibio, que el autor, que hoy traemos a colación, Andoni Sáenz de Buruaga, identifica con un posible culto a este monte. Cierta o no esta especulación, el Monte Bilibio guarda un rico pasado, pues en él existió un castro, además de ser un lugar de eremitas, donde existe una ermita que consagra al que dicen fue el anacoreta que frecuentaba aquellos parajes, San Felices, y a donde cuentan llegó el mismísimo San Millán en busca de las enseñanzas de San Felices. Todo esto, junto con las ruinas de un castillo que sobre aquel monte se alzaba, nos hace comprender que aquel fue un lugar de gran importancia desde tiempos muy antiguos. El monte está horadado de distintas cuevas y abrigos, donde la Cueva de Páceta cuenta la tradición que fue la que habitó San Felices.
















El hallazgo en la parte meridional de Álava, en las proximidades de La Rioja, de un ara votiva de época romana con el teónimo Baelibio, además de replantear anteriores lecturas sobre otro ejemplar ya conocido del lugar, suscita derivados comentarios acerca de su posible conexión con el actual orónimo de Bilibio emplazado en aquel mismo contexto espacial (Haro, La Rioja). En este sentido, sugerimos su vinculación con el culto naturalista de los montes. Diversos indicios y testimonios –a veces de heterogénea trascendencia temporal- documentados en el ambiente próximo, pudieran justificar la hipótesis propuesta.
("Referencias al culto precristiano del Monte Bilibio (La Rioja)", Andoni Sáenz de Buruaga)

martes, 28 de septiembre de 2010

Oppidum y Santuario de las Atalayuelas, Fuerte del Rey

Hoy nos acercamos a un templo ibero urbano. Los santuarios urbanos eran mucho más comunes dentro del mundo ibero que en el celta y en este templo oretano se da incluso el curioso dato de que fue encontrada las propia llave del templo que se salvó, por tanto, del trágico expolio que sufrió el yacimiento el año 2002. Pese a este lamentable hecho, llama la atención el buen estado de conservación de los restos encontrados en las excavaciones posteriores a ese expolio. Además, en este templo, se encontraron los primeros exvotos de hierro. Uno representaba a una mujer y el otro a un hombre.














Llave del templo de las Atalayuelas

En noviembre de 1920 aparece la primera noticia del Santuario de Las Atalayuelas en la Revista Don Lope de Sosa, donde se cita el hallazgo aislado de varias piezas en piedra caliza. No es hasta los años 80 cuando se vuelve a investigar este sitio bajo la dirección de D. Marcelo Castro López que consistió en una prospección con sondeo arqueológico, que más tarde, junto con otros estudios posteriores pasarían a formar parte de la Tesis Doctoral titulada "La Campiña de Jaén (siglos I-II dne). Construcción de un paisaje agrario"....
De la primera fase de utilización del santuario no se conoce ni su estructuración ni su funcionamiento, debido fundamentalmente a que la intervención arqueológica se ha centrado en el segundo momento de uso de las estructuras. Para esta fase el santuario se asienta en la ladera sur del Cerro de las Norias, estructurándose en tres terrazas artificiales correspondientes a tres espacios distintos del santuario. De estos espacios se han intervenido dos: el ubicado al norte que constituye un espacio cerrado. Por el contrario, el espacio ubicado al sur se ha definido como un thesaurus esto es el lugar de depósito del conjunto votivo del santuario. Este depósito votivo tiene como característica fundamental la heterogeneidad de las ofrendas: en un mismo espacio físico conviven vasos cerámicos. Exvotos en piedra y hierro, alfileres, monedas, un pequeño vaso en plata, etc. Elementos que nos hablan de un culto ritual variado en los que la influencia de modelos romanos está claramente manifiesta.
Los recipientes cerámicos que se exponen en esta colección de referencia proceden de la intervención arqueológica del santuario de 2002. Estas formas completas se hallan publicadas igualmente en la tesis doctoral de dña. Carmen Rueda Galán titulada Imagen y culto en los territorios iberos: el Alto Guadalquivir (siglos IV a.C- II d.C.).
(cata.cica.es)

lunes, 27 de septiembre de 2010

Santiaguiño do Monte, Padrón

Hoy volvemos a Galicia para citar un lugar, donde el mito santiaguista nos vuelve a servir de pista que nos lleve a su trasfondo, seguramente cargado de cultos bien antiguos. En Padrón, patria chica de importantes literatos, se encuentra la ermita de Santiago, popularmente conocida como Santiaguiño do Monte, un lugar donde encontramos un cúmulo de piedras, que tanto nos recuerdan a esos altares rupestres de cultos precristianos. Además, existe una fuente, de la que dicen bebió el mismo Apóstol y que es considerada como agua santa y milagrera. En Santiaguiño do Monte, agua, roca y monte se vuelven a unir para dar forma a un lugar sagrado, lugar que seguramente fue cristianizado a través del mito de Santiago Apóstol.

















En la ladera oriental del monte San Gregorio se alza la ermita de Santiago a 229 metros de altitud, templo muy unido a las rutas jacobeas, ya que los peregrinos completan aquí el Camino de Santiago, honrando al Apóstol en la pequeña capilla. Después del ascenso, el visitante puede reponer sus fuerzas bebiendo del agua de la fuente que se halla frente a la capilla. De esta misma fuente dice la creencia popular que bebió Santiago Apóstol, quien horadó con su Báculo para demostrar su capacidad de realizar milagros. Justamente al lado de la fuente se puede observar la entrada a unas cuevas en las que se hallaron pinturas de la época romana. También de forma próxima a la capilla se encuentra un amontonamiento de piedras, donde se origina la devoción por Santiaguiño do Monte. Según cuenta la creencia popular Santiago Apóstol predicó sobre estas piedras a su llegada a Galicia. Se cree que ese lugar fue en el que el apóstol se escondió de sus perseguidores; por ello persiste la tradición de pasar pola pedra para solicitar los favores del santo.
(paxinasgalegas.es)

viernes, 24 de septiembre de 2010

Peña de la Cruz, Béjar

He estado buscando alguna fuente que pudiera revelar la conexión entre este lugar y algún culto anterior al cristianismo, pero no he encontrado nada que especule sobre dicha posibilidad. No obstante, el motivo de traerlo a colación lo constituyen una serie de elementos que podrían hacernos deducir dicho carácter sacro milenario. En primer lugar, la Peña de la Cruz es una piedra caballera muy llamativa, situada en un lugar alto y visible a gran distancia. Ya sabemos que muchas piedras caballeras han sido sacralizadas en tiempos antiguos. Esto, por sí mismo, no constituiría ningún indicio contundente, pero si a ello le unimos que el lugar está cristianizado por una gran cruz de piedra, donde la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Béjar organiza una romería todos los años, desde el S. XIII, en la que se bendicen los campos de Béjar visibles desde la Peña, ya van confluyendo más elementos que bien pudieran ser determinantes para la veracidad de dicha hipótesis. Además existe algún ejemplo más, como la Peña de la Cruz, en la Sierra de Albarracín, de la que ya dimos cuenta en este humilde lugar.
















El nombre de esta cofradía, el siglo de inicio de esa romería y el conocimiento de que las tierras de la comarca de Entresierras pertenecieron a los templarios por aquellos tiempos, son datos de importancia a este respecto. Sin querer dar más trascendencia de la que tuvieron a los caballeros de esta orden religioso-militar, pues ya es mucho lo que se escribe sobre ellos, tanto para bien como para mal, es bien sabido que gustaban de recuperar o continuar sus cultos en lugares que ya fueron sagrados en tiempos anteriores a la existencia del cristianismo. Aquí podríamos encontrarnos ante un ejemplo más. Un dato más que se puede añadir, no de poca importancia, es el que nos indica que éste era el paso natural para cruzar esta sierra y unir las dos mesetas desde tiempos ancestrales, de ahí que sea conocido también, actualmente, como Corredor de Béjar o Pasillo de Entresierras y que fuera el mismo por donde cruzaba la calzada romana de la famosa Vía de la Plata. Un lugar de paso puede ser también, en ciertos casos, un lugar de destino, aunque sólo lo fuera para los lugareños cercanos de un lado y otro de la Sierra en busca, quién sabe si, de esta Peña.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El Santuario ibero de Alarcos

En lo que hoy en día es el Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava, junto al río Guadiana, encontramos los restos de un poblamiento ibero donde destaca lo que se cree fue un templo. Y digo 'se cree', pues algún autor considera que dicho lugar fue un depósito votivo y no un templo. Fuera una cosa u otra, está claro que dicho emplazamiento tuvo un carácter sagrado para los habitantes de aquel lugar, pues así ha quedado atestiguado por los hallazgos arqueológicos, como son dos pequeñas cabezas de la diosa Astarté. En este supuesto templo urbano, además, han aparecido muchos exvotos, tan característicos dentro de los santuarios oretanos. En Alarcos, además, existen importantes restos medievales, como su castillo, además de ser el lugar donde se desarrolló una importante batalla entre tropas musulmanas y cristianas en el S. XII.
















En la parte Noreste del gran oppidum del Cerro de Alarcos (Ciudad Real), a extramuros de la muralla del castillo medieval que ha alterado sus caras Norte y Oeste, aparecen los restos de una estructura rectangular de piedra con un cuerpo superior de adobes....Entre los materiales hallados en esta zona destacan más de 60 exvotos de bronce que representan, en su mayoría, figuras humanas, tanto masculinas como femeninas, desnudas o vestidas, jinetes, animales como un caballo, y elementos anatómicos como cabezas, órganos sexuales masculinos, una pierna y un pie. Además, junto a estas figurillas aparecieron abundantes restos cerámicos, como pequeños recipientes, vasos, platos, páteras y fuentes de cerámica gris, de barniz rojo, cerámica griega y campaniense, y otros vasos de mayor tamaño, como urnas, ánforas y ollas con decoración pintada y estampillada. También aparecieron objetos de metal como dos cabecitas de la diosa Astarté, una de oro perteneciente a un colgante y otra de bronce, fíbulas de bronce y objetos indeterminados de plomo así como varios punzones de hueso y un semis de Cástulo.Estos exvotos, por su tipología, se pueden fechar desde la segunda mitad del siglo V a. C. a la mitad del siglo III a. C., correspondiendo el mayor auge del santuario a fines del siglo III o inicios del II a. C.La interpretación de todos estos elementos ha llevado a plantear la existencia de un santuario del que sólo se conservaría la plataforma, aunque Prados supone que más bien se trataría de un depósito votivo.Pero la topografía del lugar, la tipología de los objetos y la pertenencia de este yacimiento al ámbito oretano en cuyos santuarios son característicos este tipo de exvotos, parece aconsejar que estos hallazgos se deben interpretar como un santuario, evidentemente situado en ámbito urbano y, tal vez, de entrada. Este hecho ayudaría a comprender otros hallazgos más aislados y de interpretación más difícil, como los documentados en Medellín, aunque a falta de un contexto arqueológico mejor conservado no es posible, por el momento, dar una interpretación más precisa de este hipotético santuario de tanto interés.
(Religión ibérica: santuarios, ritos y divinidades, Teresa Moneo)

martes, 21 de septiembre de 2010

El Pico Jano, Valle de Iguña

Hoy volvemos a Cantabria buscando una nueva pista de sacralidad ancestral en uno de sus montes, el Pico Jano, en el Valle de Iguña, que de una manera muy expresa, nos sirve de indicio para deducir que, tras su nombre, esconde un pasado sacro. Es un topónimo que se repite con asiduidad en otros montes, incluso castros, de los que, por supuesto, iremos dando cuenta por aquí.
El dios latino, de las dos caras, que dio nombre al mes de enero, bien pudo ser el sustituto de alguna antigua divinidad cántabra de características similares, sobre todo cuando hay constancia de que se trató de eliminar, como castigo, muchos de los elementos culturales característicos de este valiente pueblo, tan rebelde al poder de Roma.
















Esas fiestas de Año Nuevo estaban dedicadas a Jano (su nombre deriva de la raíz yá-, atestiguada también en indoiranio y céltico, que significa "ir a alguna parte, pasar") que era el dios bifronte que mira al año viejo y al nuevo. De ellas han quedado en Cantabria la fiesta de la Bejanera o Vijanera del solsticio invernal, cuyo nombre se ha considerado que podría derivar de Bis Januaria ("Dos Janos"). Señala González Echegaray que durante la Vijanera los zamarrones llevaban en ocasiones caretas de piel de oveja con doble cara, por delante y por detrás, costumbre que asocia al Pico Jano que domina el valle de Iguña.
(Los Cántabros antes de Roma, Eduardo Peralta Labrador)
 
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