viernes, 12 de marzo de 2010

Monumento al dios Neitin en Binéfar

En el Yacimiento de la Vispesa de Binéfar, se halló el conocido como Munumento o Estela de Binéfar, donde se encontró una inscripción dedicada al dios Neitin, más conocido como Neto o Netón. Algunos dicen, sobre este dios, que fue una especie de dios panibérico, adorado tanto por celtas e íberos. Se le ha relacionado incluso con el dios de la guerra irlandés, el dios Net. Según se dice su nombre viene de la palabra celta neto, que significaba guerrero, de ahí que se entienda que fue un dios de la guerra. Aunque Neitin también fue un nombre propio íbero, o incluso formaba la raíz de otros nombres propios documentados como Neitinbeles. Por lo que puede ser que no fuera al dios a quién estaba consagrado el monumento, sino que fuera una estela funeraria en la cual aparecía el nombre propio de la persona a la que estaba dedicada. Aunque la generalidad de los estudiosos lo relacionan con el dios protagonista de hoy.
















Yacimiento íbero-romano de La Vispesa

En el monumento funerario de Binéfar hay una mención a Neitin, que aunque está en ámbito ibérico-ilergete, es una zona que fue iberizada más tardíamente que otras, sobre un substrato anterior de Campos de Urnas, y con alguna influencia hallstática, e incluso en cercanía a zonas donde hubo infiltraciones galo-belgas más recientes: galos de valle del Gállego, Suessetanos de las Cinco Villas y Navarra, Galos llegados al llano de Lérida en la época de César.
(celtiberia.net)


















Estela de Vispesa, Museo Provincial de Huesca

jueves, 11 de marzo de 2010

El Ninfeo de Valeria

Fue un anterior poblamiento celtíbero, como tantos otros, aunque rebautizado por los que la conquistaron como Valeria, en honor al cónsul Cayo Valerio Flaco. No se halla lejos de la también ciudad 'hermana' y antigua Segóbriga, siendo citada por el propio Ptolomeo en su Geografía. En cuanto a su ubicación no ha habido ninguna incertidumbre, como sí ha existido y existe con otros tantos poblamientos, pues muy cerca nos encontramos un municipio homónimo que ha servido de pista, además, del conocimiento de las ruinas existentes de la antigua ciudad que no fueron excavadas hasta mediados del S. XX.
En Valeria encontramos un ejemplo más de manantial o fuente sacralizado, es decir, un claro culto a las aguas, seguramente anterior a la llegada de los romanos y que se materializó, con la llegada de éstos, en el Ninfeo de Valeria. Pero de verdad lo que más destaca en este lugar es la bonita hoz del río Gritos que, en forma de abrazo eterno, envuelve a la antigua Valeria.



























Se trata de un añadido al conjunto foral en sí, y uno de los edificios más interesantes de la arqueología clásica española. Para Ángel Fuentes se le podría considerar un segundo foro menor. Es una fuente monumental, quizás la mayor del Imperio romano, y la imagen más típica de la Valeria romana. Es el fruto de la monumentalización del muro de contención del foro por el Este. El muro actuálmente está desprovisto de todo ornato, pero se debe imaginar cubierto de mármoles, estucos, esculturas y bocas por las que el agua debería manar sin cesar. ( En palabras de Julián Torrecillas, el guarda-encargado de las ruinas )
El conjunto del Ninfeo corona toda la ladera del Hoyo de Afuera, de la que sería una "balconada superior monumental". Por encima de él asomarían los edificios más importantes del foro: Curia, Basílica, y probablemente, el templo de la ciudad. Consta de una serie de 7 nichos semicirculares alternados con exedras rectangulares, practicados en un grueso muro que encierra en su interior un canal revestido de hormigón hidraúlico por cuya pared va el specus, que surte de agua al Ninfeo. El agua saldría al exterior por unas bocas situadas a los lados de los nichos semicirculares, y allí recogida en piletas. Ese pórtico arcuado, del que aún hoy se pueden ver sus columnas toscanas, arquitrabes y demás restos en la taberna nº 12, era en realidad el Ninfeo : " como un tunel algo oscuro, con el ruido , hoy silenciado, de sus 14 fuentes manando, y seguramente húmedo ".
Entronca con los Ninfeos helenísticos: está en la línea de la Fuente Pyrene de Corinto en su fase helenístico-romana. No hay que olvidar que los ninfeos, especialmente en época antigua, antes que edificios ornamentales, que realmente lo eran, son edificios de culto a las aguas -de origen prerromano-, formando parte del foro, pero, a la vez, claramente separado de él.
Las cisternas fueron construídas con la misma técnica que las del foro. Salpican todo el yacimiento. Una fuente adosada a ellas posibilitaba que todos los habitantes de la ciudad pudieran disponer de agua.
(www.adesiman.org)

miércoles, 10 de marzo de 2010

Santuario rupestre de Argeriz

A caballo entre las antiguas tierras de galaicos y lusitanos, y muy cerca del conocido santuario de rupestre de Panóias, nos encontramos el Santuario de Argeriz. Su construcción se dice que es de época romana, al igual también que el de Panóias, pero seguramente constituía ya un lugar de culto bastante antes de la invasión de los itálicos, como ocurrió con tantos otros lugares. A este santuario, los lugareños, lo conocen como Pias dos Mouros, con lo que nos encontramos, una vez más, con la costumbre de calificar algo antiguo de origen no conocido como de "tiempo de moros", cuando en realidad su origen es bastante más antiguo a la llegada del Islam a la Península.

J. Alberto Arenas-Esteban

Nombrado en 1984 como "Bien de Interés Público", el "santuario rupestre de Argeriz" (o "Pias dos Mouros", como comúnmente se le conoce dentro de la población local a este tipo de asentamientos arqueológicos) se encuentra relativamente aislado en una plataforma de granito situada en una ladera que domina un afluente del arroyo Alfonge. Probablemente construida durante el período romano, el santuario rupestre, parece revelar algunas similitudes estructurales con el «Santuario de Panóias", visible también desde lo alto de Argeriz, al igual que el sitio donde se encuentran los Grabados de Mão do Homem, ambos pertenecientes al municipio de Vila Real.El santuario está compuesto de dos cavidades rectangulares dispuestas en paralelo (con orientación norte-sur) en la cima de un promontorio de granito.
(Traducción realizada de valpacos-digital.com)

martes, 9 de marzo de 2010

El Canto de Castrejón

Volvemos a los alrededores del Monasterio de El Escorial, pues ya nos hicimos eco de la conocida como Silla de Felipe II, que según estudio de Alicia María Canto, no fue tal silla, sino más bien un altar rupestre de la etnia celta de los vettones, pueblo que lindaba por esta zona con los carpetanos. Seguramente, su condición de santuario prerromano no fue la causa de que el famoso monarca no hiciera uso de esta roca mil quinientos años más tarde, sino porque la visibilidad del monasterio desde este lugar, tan a lo lejos y con una perspectiva tan rasante, nos da a entender que Felipe II no se acercaba hasta el conocido como Canto Gordo, de la finca de la Herrería, para contemplar la evolución de la magna obra que ordenó construir. Además no existe documento alguno que lo atestigüe, ni ninguna inscripción. Cosa que no ocurre con el canto protagonista de hoy, el Canto de Castrejón, que tiene una inscripción regia de la época de Felipe II dedicada a su hijo, el que luego reinó como Felipe III, una segunda de 1803 de Carlos IV y, por último, una tercera de 1853 o 1855 de Isabel II. El investigador que ha estudiado estas inscripciones -Jesús Jiménez Guijarro- aparte de sostener que quizás fuera este canto el verdadero lugar elegido por Felipe II para contemplar el monasterio y su entorno, y no Canto Gordo -actual Silla de Felipe II- fue, también, un auténtico santuario vettón. Además, no sólo afirma esto, sino que también explica que Canto Gordo no fue ningún santuario vettón, contradiciendo a Alicia M. Canto, sino, más bien, un conjunto de rocas talladas en el S. XIX para crear el mito de la Silla de Felipe II, afirmando que carecen de canales de desagüe, como se observa en otros santuarios rupestres, incluido el propio Canto de Castejón, y que no es lógico que hubiera otro santuario tan cercano a este último.
Nosotros no somos expertos y, por lo tanto, no podemos entrar científicamente en esta discusión, pero sí, como aficionados, podemos dar nuestra opinión. Pienso que, si bien la conocida como Silla de Felipe II ha sido acondicionada en el último siglo y, por tanto, no la contemplamos en su estado original, sí tiene toda la pinta de haber constituido un auténtico santuario prerromano, y además, más que un simple santuario, todo un complejo de rocas labradas en el mismo paraje y una piedra caballera, de las que tanto solían abundar en estos antiguos templos naturales, que también se halla en este lugar. Una foto de finales de Siglo XIX muestra el distinto estado de la roca con anterioridad a su acondicionamiento actual, pero en la misma se puede apreciar que esas rocas ya se encontraban talladas al modo de los santuarios rupestres. Además, según se puede leer de la propia doctora Alicia María Canto, lo de la cercanía no es una prueba contundente para rechazar a cualquiera de los dos como santuario. Dicho así, nosotros nos quedamos con la opinión de que tanto Canto de Castejón, como la Silla de Felipe II -Canto Gordo- son dos santuarios rupestres prerromanos.






















Para el arqueólogo Jiménez Guijarro este conjunto se trata de una peña sacra, es decir un altar rupestre protohistórico dotado de escalas de acceso. No relaciona la existencia de los epígrafes regios con esta función de la roca, si bien indica que la peculiaridad de la misma puede haber condicionado la posterior ejecución de los epígrafes regios.
Mantiene el arqueólogo que la silla de Felipe II, considerada por algunos autores como un altar vetón, no es tal, ya que la existencia de dos altares tan próximos es arqueológicamente inverosímil.
La orientación de canto Castrejón, hacia poniente, es más idónea que la de Canto Gordo (silla de Felipe II). La situación menos recóndita, nos recuerda que estos altares eran para actos públicos, lo que contrasta con la situación casi inaccesible de la Silla de Felipe II. Esta roca carece de cazoletas y canales de desagüe, cosa que no ocurre con el canto Castrejón.
Sobre la Silla de Felipe II no hay ninguna mención documental hasta la recopilación cartográfica de Francisco Coello (1849). Jiménez Guijarro mantiene que no es más que una recreación arqueológica del sigo XIX.
Pero no es el cometido de este artículo crear una disputa entre piedras, el cometido es, tal vez, reseñar este canto Castrejón, dar fe de su importancia histórica y criticar que no podamos acceder a él para contemplarlo.

(elecodelasierra.com)

lunes, 8 de marzo de 2010

La reina mora de Siurana

Hoy nos acercamos a un pintoresco pueblo que ya llamó la atención de antiguos pobladores, fabricantes de hachas de sílex, puntas de flecha y vasos campaniformes. En él encontramos una leyenda recogida por el escritor Juan Amades, en la que de nuevo aparece la figura de una reina mora como protagonista. Aparte de hacernos eco de un ejemplo más de este tipo, nuestra intención es sobre todo traer a este lugar un municipio de soberbio entorno, en la bella comarca del Priorato, donde también se encontraron enterramientos neolíticos en la Coll de Esplugues y cerámicas iberas en el Coll de la Creu.























Entre sus escasas calles reina el silencio y en lo más alto del enclave rocoso se localiza los restos del castillo musulmán, que fue centro del último reino de taifa reconquistado en Cataluña en 1153 tras el asedio de Bertran de Castellet, dando lugar a la “leyenda de la Reina Mora”.Abd-al-Azia, la supuesta reina mora de la leyenda, era la esposa del walí de Siurana. Mientras se perfumaba, fue sorprendida por los cristianos, con la espalda y los brazos desnudos. Cuando la vieron los cristianos, se sorprendieron por su gran belleza y le prometieron la vida si se convertía al cristianismo.La princesa tomó su caballo, lo montó y lo condujo hacia el precipicio; el caballo reculaba relinchando con fuerza delante del abismo.Viendo la resistencia del caballo le asestó un golpe en el vientre y empezó a correr, pero de repente, justo delante del abismo se paró con suma brusquedad, dejando en la roca marcada la herradura de una de sus patas.Abd-al-Azia clavó su espada en el suelo y el caballo, muy asustado, saltó y se perdió absorbido por el precipicio.
(trapatroles.wordpress.com)

viernes, 5 de marzo de 2010

El Txindoki, la otra morada de Mari

Ya estuvimos en el Amboto, la otra morada de Mari, la importante diosa del panteón mitológico vasco. Hoy es el turno de el Txindoki -también conocido como Larrunarri-, el monte que más destaca de toda la Sierra de Aralar y que es visible desde muchos puntos de Euskadi, una sierra que fue declarada Parque Natural, y del que la mitología cuenta que era otra morada de esta divinidad. El monte, como otros tantos sacralizados, tiene forma piramidal, una característica que se repite frecuentemente.

















El monte Txindoki o Larrunarri, de 1.346 m de altitud, y situado en la sierra de Aralar (entre Guipúzcoa y Navarra), es uno de los montes más emblemáticos del territorio histórico guipuzcoano. A sus pies se sitúa la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, en Larraitz, Guipúzcoa País Vasco (España), muy venerada por los habitantes de los alrededores. La leyenda dice que en su cumbre "Mari", la diosa por excelencia del Olimpo Vasco, tiene una de sus residencias.
Algunos le llaman el Cervino Vasco o de Aralar, en una exageración de sus características. Forma parte del Parque Natural de la Sierra de Aralar.

(Wikipedia)

jueves, 4 de marzo de 2010

Santuario ibero de La Cueva de la lobera de Castellar

Hoy visitamos otro antiguo santuario ibero, "pariente" del que ya visitamos hace tiempo de Collado de los Jardines, pues guarda una gran relación con él, además de encontrarse igualmente en territorio oretano. Se ubicaba muy cerca de la antigua Cástulo, de la que dicen unos fue la capital de los oretanos, aunque el nombre de su etnia lo toman de Oretum -que ya visitamos por aquí-, por lo que otros opinan que esta última fue su ciudad más importante.
Al margen de esta división de opiniones, hay que decir que fueron muchos los exvotos hallados en este santuario, lo cual refleja una importancia no mucho menor a la que pudo tener el santuario de Collado de los Jardines en Despeñaperros. Además se encontraba junto a una de las más importantes vías de la antigüedad, la Vía Heraclea.
Una vez más nos encontramos con una cueva sacralizada en esta cordillera montañosa de Sierra Morena, la Cueva de la lobera de Castellar.

















La secuencia cronológica presente en este santuario es similar a la del Collado de los Jardines. El santuario también se estructuraría en varias terrazas. La primera de ellas fue destrozada por las excavaciones clandestinas, en cambio, la segunda ha permitido establecer, con claridad, una ocupación comprendida entre los siglos IV – III a.n.e. Un grupo de pequeñas cuevas conforma, al fondo de la primera terraza, la zona más importante del santuario, cuya jerarquización se establecería mediante las citadas terrazas comunicadas entre sí por un sistema de rampas y escaleras monumentales. Territorialmente también este santuario ocupa una posición estratégicamente selectiva. Se ubica en la cabecera del pago de Cástulo, integrando, junto al santuario de Despeñaperros, un sistema de apropiación simbólica de la cuenca hídrica del río que discurre a los pies de la ciudad oretana (Ruiz et al., 2002) Son numerosos los indicadores arqueológicos que muestran la existencia de una fuerte vinculación entre ambos santuarios. Su estructura, distribución, elementos paisajísiticos e integrales, su disposición en el territorio así como las propias figurillas de bronce, tienden a introducir en un mismo esquema ambos santuarios ibéricos.
(castellardejaen.com)
 
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