miércoles, 30 de diciembre de 2009

La Peña de Arias Montano

Las líneas de hoy son un humilde homenaje a uno de los grandes pensadores heterodoxos que ha dado la humanidad, el creador de la enigmática y maravillosa Biblioteca del Monasterio de El Escorial. Son un homenaje a su figura y a su lugar de retiro espiritual, la Peña de Alájar que tomó su nombre, Peña de Arias Montano. Este lugar sacralizado a través de una ermita, reúne todos los ingredientes para que dicha sacralidad, seguramente, nos venga de mucho más atrás. Benito Arias Montano, como antes los templarios -y otras órdenes religiosas como el císter- y mucho más atrás los eremitas de la Alta Edad Media, tuvo el mismo buen olfato que éstos para elegir un lugar muy especial en la Sierra de Aracena, un auténtico monumento natural.

















La peña de Arias Montano (Alájar, Huelva) se encuentra ubicada en uno de los espacios naturales más importantes de Huelva y provincia.Este espacio protegido se sitúa en la franja más occidental de Sierra Morena.Es precisamente en los alrededores de Alájar (topónimo de origen árabe cuyo significado es piedra) donde se enclava la Peña de Arias Montano, también conocida como Peña de Alájar o mucho antes de que fuera habitada por el humanista extremeño como Peña de Nuestra Señora de los Ángeles, debido a su consagración a esta imagen.Puede considerarse una formación calcárea tobácea íntimamente relacionada con procesos de karstificación en los que la disolución de la roca caliza por parte del agua, agente modelador fundamental, provoca la precipitación del carbonato cálcico y da lugar a las caprichosas y bellas formas (fundamentalmente cuevas y cavernas) que puede observar el visitante de este lugar.Pero este río de aguas subterráneas que modela el relieve ve la luz inexorablemente en un cierto punto, concretamente a la salida de una de las cuevas existentes, situada a las puertas de la explanada principal donde se sitúa la ermita. Al parecer esta surgencia, convertido hoy en fuente, fue descubierta por el propio Arias Montano en el siglo XVI y era usada por él para regar los huertos que él mismo creó.Desde la Peña pueden contemplarse vistas de una belleza casi sin par, así como la silueta del pueblo de Alájar. Esta característica, una riqueza paisajística muy especial, dota sin duda a todo el entorno de una fuerza y energía singular que a buen seguro atrajo a Arias Montano y a muchos otros, del mismo modo que lo hace en la actualidad con todo aquel que se acerca a visitar el lugar.
(nueva-acropolis.es)






















Arco de la Peña de Arias Montano; lo único que queda en pie de lo atribuido a la construcción de Benito Arias Montano

lunes, 28 de diciembre de 2009

El Valle y la Peña del Rey Moro de Toledo

Hoy realizamos nuestra primera visita a la ciudad más mágica y con mayor número de enigmas y leyendas seguramente de toda la Península Ibérica. Así que, con toda seguridad, no será la única vez que nos acerquemos, en Iberia Mágica, a esta maravillosa ciudad. Algunos, aunque no tan agraciados como los que en ella residen, tenemos la fortuna de vivir a no mucha distancia de la misma, pudiendo repetir así visita con bastante frecuencia, pues Toledo no se conoce en una, dos, o tres jornadas, yo diría que se necesitarían varias vidas y, aun así, nos quedarían infinidad de enigmas por resolver y su poder para sorprendernos una y otra vez continuaría vigente con mayor intensidad, si cabe, que el primer día.
Hoy, en concreto comenzaremos por el lugar con más tinte ancestral de toda la ciudad, este enclave no es otro que El Valle, en concreto, la hoz del río Tajo, que en forma de herradura abraza a la antigua ciudad por el Este, el Sur y el Oeste. En la orilla opuesta a Toledo nos encontramos con el cerro del Bú, donde algunos dicen que se encuentra el poblamiento originario de la ciudad, y sobre todo, hacía el mediodía, los protagonistas de hoy, la ermita de la Virgen del Valle y, tras ella, un cerro con forma cónica conocido como la Peña del rey Moro. El lugar tiene ese tinte de sacralidad ancestral que desprenden todos aquellos enclaves naturales impactantes. Así, existiendo constancia de antiguas ruinas en el cerro del Bú, no es extraño que en las proximidades de la ermita, tan cercanas a dicho antiguo poblamiento, existiera algún lugar sagrado para sus antiguos moradores y ahí entra en juego la intuición de un servidor, seguramente errónea, en cuanto a la Peña del rey Moro, tan próxima a la actual ermita de la Virgen del Valle; especulación que me puedo permitir traer hasta aquí, pues no es mi intención, ni tengo posibilidad, de sentar cátedra ni sobre éste ni sobre ningún otro asunto, simplemente opino, o más bien divago, en un humilde sitio como éste, cuyo morador es aficionado a estas temáticas.

Toledo visto desde la Peña del Rey Moro, con la ermita de la Virgen del Valle abajo - Iberia Mágica

La leyenda "oficial" del lugar nos cuenta que en el año 1083, reinando en Toledo el rey musulmán Yahia Alkadir, éste pidió ayuda para defender la ciudad, pues Alfonso VI, rey de Castilla, tenía la misma cercada. Ante la imposibilidad de recibir ayuda de los reinos de Taifas de Zaragoza y Badajoz, pues sus reyes habían fallecido antes de poder prestar dicho socorro, tuvo que acabar recurriendo a los monarcas del norte de África, mandando éstos a un emisario para que evaluara la situación y las necesidades reales y así prestar la ayuda necesaria. El mensajero elegido fue el príncipe Abul-Walid. Éste a su llegada conoció a la joven hermana del monarca toledano, de nombre Sobeyha, quedando los dos profundamente enamorados. Así, cuando tuvo que volver para realizar su cometido de informar, juró a la joven que volvería para estar ya siempre junto a ella, pero cuando se formó el ejército y volvió él a la cabeza del mismo, Toledo ya había sido tomado por los cristianos y su amada había muerto de pena por la desgracia de su familia -perdió a una hermana cuando la ciudad fue asaltada- y, sobre todo, ante la idea de no volver a encontrarse con su amado. Pero antes había dejado un mensaje para Abul-Walid, que le fue transmitido cuando llegó a las cercanías de la ciudad sin conocer que ésta había sido ya tomada por las tropas enemigas y, por supueso, sin tener noticia alguna de la muerte de su amada. En el mensaje decía que había muerto pensando en él y que no tratara de recuperar la ciudad. Pero Abul-Walid no hizo caso y acampando en la zona de El Valle, al otro lado del río, se dispuso a tomar la ciudad. Pero una de las noches, un grupo de guerreros, con El Cid a la cabeza, que se encontraba a las órdenes del rey Alfonso VI, atacó por sorpresa el campamento de Abul-Walid, extendiendo el pánico entre las tropas musulmanas, que llegaron ante la confusión y la nula visibilidad nocturna a luchar y darse muerte entre sí. A la mañana, los pocos supervivientes se rindieron y antes de su huida encontraron a su monarca muerto sobre la Peña hoy conocida en su honor como del Rey Moro, donde le enterraron. Dicen los toledanos que las noches de luna, al mirar a las piedras desde Toledo se ve el cuerpo del rey moro subido a la peña contemplando las calles y torreones de Toledo, por donde paseaba con su amada.

Peña del Rey Moro - Iberia Mágica

Ésta es la leyenda tejida en torno a este lugar. Pero ahora entra en juego mi hipótesis y no es otra que tratar de deducir su antigua sacralidad. Hay una serie de elementos que confluyen en este enclave que pueden suponer un indicio en cuanto a dicha posibilidad, aunque claro está, falta toda huella arqueológica que verifique lo que vengo a decir, por eso no pasa de ser una mera hipótesis personal, hipótesis seguramente planteada por otras muchas personas con anterioridad, o quizá no, ante tal supuesto absurdo. Pero yo me aventuro, pues la proximidad de la ermita -indicio en bastantes casos de cristianización de lugares ya eran sagrados con anterioridad-, del poblamiento prerromano y la forma cónica del cerro con un gran cúmulo de rocas de granito de sugerentes formas, me traen a la memoria otros lugares de cultos naturalistas ancestrales bastantes similares, donde la roca, el agua, el cerro cónico y el impacto visual lo hacen idóneo para que hubiera podido ser elegido por los antiguos moradores de El Valle, esos antiguos toledanos que eligieron un lugar, que con el tiempo quedaría inmortalizado en la Historia universal, como su lugar de culto. Ahí dejo caer mi intuición, que seguramente no sea más que una simple elucubración sin fundamento empírico, pero siempre que paseo por el espectacular Valle y contemplo la ermita en la parte baja de la propia Peña, no puedo evitar que en mi mente brote dicha reflexión.


martes, 22 de diciembre de 2009

El dolmen-capilla de San Brissos

Hoy traemos un curioso caso de simbiosis entre templo megalítico y templo cristiano, cosa no poco usual -existen más ejemplos-, en concreto una ermita portuguesa construida aprovechando un dolmen, la ermita de San Brissos, cerca de Valverde, en la comarca de Montemoro-Novo.
















En no pocas ocasiones, los templos cristianos se edificaron en lugares donde hasta ese momento había antiguos santuarios paganos. Esta práctica tenía su razón de ser, por un lado, en que así la "evangelización" de los habitantes de la zona resultaba más sencilla, pues el nuevo culto suplantaba al anterior en un lugar que para los fieles tenía una significación especial. Por otro lado, el acto de "suplantación" simbolizaba el triunfo de la nueva religión sobre la antigua. Algo similar sucedió también, por ejemplo, con algunas de las festividades paganas más importantes (como solsticios y equinoccios), que fueron sustituidas con fechas cristianas señaladas, como la festividad de un santo concreto, la Natividad, la Anunciación o la Epifanía.
Por otra parte, también es muy probable que los constructores cristianos escogieran estos lugares hasta entonces paganos porque consideraban que aquellos enclaves eran efectivamente especiales, lugares sagrados donde el contacto o la relación con lo divino resultaba más fácil o efectivo.Un ejemplo se encuentra en la ermita de San Brissos, en Portugal, donde se levantó un edificio cristiano aprovechando la existencia de un dolmen.

(arssecreta.com)

lunes, 21 de diciembre de 2009

¡Feliz solsticio de invierno!

Hoy traemos las palabras de un ilustre usuario de celtiberia.net, para hacer mención a esta festividad ancestral, dónde aporta una serie de datos entre los que se encuentra el curioso símbolo del gallo como animal anunciador de la luz del 'nuevo' Sol, animal que se ha convertido en uno de los símbolos de Portugal, aunque con una leyenda distinta detrás, y que, a modo de sincretismo, sigue vivo en la ortodoxia católica a día de hoy.
Una vez más apreciamos la importancia de los ciclos naturales y astronómicos en la vida de nuestros antepasados, desde que el hombre se hizo sedentario y tuvo que mirar al cielo en su nueva faceta de agricultor y ganadero. Hoy en día, lo que celebramos, aunque esté totalmente desvirtuado, hunde sus raíces muy atrás en el tiempo, como podemos comprobar.


























Los Celtas celebraban estas fechas por medio de los rituales en la noche del Solsticio de Invierno y Noël. La Iglesia, tras muchas dudas, consintió en fijar la fecha de nacimiento de Jesús el 25 de diciembre para hacerlo coincidir con la tradición mas antigua del día del solsticio de invierno, día del sol invicto. A la hora en que la Iglesia desmitifica la fecha de nacimiento de Jesús, es interesante re-sacralizar estas fechas, más allá de utilizarlas para almacenar regalos y bebidas. ¿La Biblia y el Dolar contra la tradición?
Las celebraciones del solsticio, aunque retrasadas en nuestro calendario, anuncian el nacimiento del "astro rey" precisamente en la noche más larga; porque la luz ha de volver a reinar y es anunciada con el simbolismo del gallo. Tras el canto del gallo viene el alba, en cierto sentido expulsa a las tinieblas y hace que salga el sol y con él la primacía de lo espiritual sobre lo material. Por eso sobre las iglesias se colocaba la veleta con la figura del gallo para indicar el origen de los "vientos" de la salvación, que han de venir de lo más alto.Por tanto, podemos hablar del gallo como símbolo solar por excelencia, y los católicos todavía lo explicitan en la misa de medianoche de nochebuena bajo la denominada Misa del Gallo.

Una vez más, felices calendas solsticiales.
(celtiberia.net)

viernes, 18 de diciembre de 2009

El Ara Solis de Finisterre

Hoy buscamos, de nuevo, el fin de la tierra, peregrinación de la que ya hablamos por aquí cuando buscamos los orígenes del llamado Camino de Santiago en la Era católica. Existe una curiosa leyenda con el conquistador de la antigua Gallaecia, Décimo Junio Bruto, como protagonista, algo similar al Sol cuando se ponía en el océano contemplado desde el Promontorio Sacro -actual Cabo de San Vicente-, dónde éste chirriaba al adentrarse en las profundas aguas, según la creencia. Pues bien, aquí lo que Décimo Junio Bruto vió, fue una llamarada del astro al ponerse sobre el mismo océano. Adentrándonos en el tema de hoy, en el monte del Cabo de Finisterre, se dice estaba El Ara Solis, un altar de culto al Sol, que bien pudo ser el punto de destino de esas largas peregrinaciones en busca del Fin de la Tierra.

















Se puede mencionar un párrafo de Lucio Anneo Floro, de finales del S. I, en el que afirma que Décimo Junio Bruto, tras recorrer toda la costa del Océano como vencedor, no regresó hasta contemplar, no sin cierto horror y miedo de cometer un sacrilegio, como el sol se precipitaba en el mar y una llamarada salía de las aguas. Este espectáculo lo pudo haber visto desde el Monte del Cabo de Finisterre. Según cuenta la tradición que en este monte los romanos encontraron un altar al sol (Ara Solis) construido ahí por los pueblos que habitaron estas tierras antes de la romanización. En este monte se encuentran los restos arqueológicos de Vilar Vello que aún no han sido excavados ni estudiados, así como la ermita de San Guillermo muy relacionada con la cristianización de unos lugares paganos destinados a los ritos de la fertilidad.
(Wikipedia)

jueves, 17 de diciembre de 2009

Las megalitos de Antequera

Hoy viajamos del norte al sur peninsular para toparnos con un complejo de monumentos megalíticos que se encuentra entre los más importantes, no sólo a nivel ibérico, sino en todo el mundo prehistórico. Por la orientación de algunos de sus elementos, en conexión entre sí, se puede deducir que nos encontramos ante un entorno sagrado tanto en tiempos del Paleolítico y el Neolítico.
















Peña de los Enamorados, Antequera

Antequera posee tres de los monumentos megalíticos más “magníficos” por su monumentalidad, por sus características, por muchas de las condiciones que reúnen, muy singulares a nivel de toda la Península Ibérica e incluso a nivel de toda la Prehistoria de Europa. De estos monumentos se han hecho diversos estudios a lo largo de los años y de los últimos siglos pero realmente había bastantes lagunas. Una parte de ellas se han ido subsanando bastante hasta ahora, por lo menos en el caso de Menga, con el magnífico y completo estudio que realizara Francisco Carrión de la Universidad de Granada, que ha documentado mucho en aspectos de ese monumento que se desconocían.
En la época en que se construyeron los Dólmenes de Antequera está corroborado que hay muchos elementos del paisaje natural, por ejemplo formaciones rocosas, que tienen un significado simbólico y religioso especial: que tengan que ver con el origen del mundo, con la cosmovisión… La Peña de los Enamorados pudo ser un ejemplo de ello. ¿Por qué? Por dos razones. Primero por su llamativa forma de persona dormida. Segundo por el descubrimiento de una zona estratégica en la falda noroeste en la que se ha encontrado relación directa entre tres puntos relacionados entre sí y la orientación del Dolmen de Menga hacia ese enclave.
Describimos esos tres puntos estratégicos entre los que se ha descubierto la orientación exacta entre ese enclave y Menga. El primero es un abrigo rocoso con pinturas rupestres inéditas que llegan hasta los dos metros de altura. A modo de hipótesis preliminar, se han reconocido dos ejemplos de arte esquemático postpaleolítico: un antropomorfo y un cuadrúpedo, ambos con disposición geométrica y abstracta. El resto de las formas encontradas tendrán que ser estudiadas con mayor profundidad. El segundo eslabón de la cadena se encuentra al pie del farallón que contiene las pinturas rupestres. Allí se ha identificado una dispersión de material microlítico muy interesante. Las herramientas de sílex descubiertas pueden corresponder al Neolítico, por lo que se corresponden con el megalitismo y, por lo tanto, con Menga y Viera.


















Dolmen de Menga

El material hallado aparece con una densidad muy elevada alrededor de un gran bloque de piedra caliza con forma bastante plana y diferente del material que aparece rodado sobre el glacir de la propia Peña, pudiéndose tratar de un menhir. En tercer lugar, en un pequeño cerro próximo se ha identificado una estructura que podría tratarse de un pequeño monumento megalítico a modo de dolmen, una cista megalítica.
Por lo tanto, una hipótesis planteada es que quizás este enclave fue una zona de actividad de tipo ritual antes de que se construyera el monumento de Menga, y precisamente por eso se respeta una orientación y una conexión visual entre un monumento anterior (la Peña) y otro nuevo (El Dolmen de Menga).

(Terra Antiquae)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Hércules y la montaña de fuego.

Hoy nos acercamos a la cordillera que une o separa -según se mire- la Península Ibérica con o de Europa. De por medio tenemos al héroe mitológico heleno que los romanos llamaron Hércules y una princesa llamada Pirene, una de las danaides, es decir, hija de Dánao. Como se puede ver, aquí en esta leyenda se le otorgan otras paternidades -la del rey celta Bébryx y la del nieto de Noé, Túbal- por lo que todo se entremezcla y desconocemos el verdadero origen de esta leyenda. Si alguien puede apuntar algo al respecto, le estaríamos agradecidos. En un principio, puede parecer sencillo creer que pudieron ser los propios helenos en sus viajes a la antigua Iberia, donde fundaron colonias como la famosa Ampurias, muy cerca de esta cordillera, los creadores de esta leyenda y que luego los demás pueblos y los años fueron distorsionando algunos de los elementos, derivando en distintas versiones de la misma. Lo que sí está claro, es que tenemos como protagonistas, en cada una de las versiones, al propio Hércules, a la princesa Pirene y a la cordillera pirenaica. Para finalizar, damos cuenta de una teoría más racional sobre el origen etimológico de esta montaña que va desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico.

















Dicen las mitologías clásicas que Hércules se dirigía hacia la Península Ibérica, decidido a acabar con el gigante Gerión. Parte de su misión era arrebatarle su ganado, las vacas, los toros, todo…Sin embargo, un acontecimiento le dejaría marcado para siempre. Al pasar por las tierras del rey céltico Bébryx (sitas entre Iberia y la Galia), el héroe quedó prendado de la belleza de la princesa Pirene, hija del citado rey. Una noche que estaba ebrio, Hércules se las ingenió para seducir a la joven. Después siguió su camino abandonándola a su suerte. Aquel trance tuvo sus consecuencias, pues Pirene quedó preñada y al dar a luz nació de sus entrañas una espantosa serpiente. La princesa quedó horrorizada. No sabía qué hacer, así que –según el mito- se dirigió al bosque, llorando desconsolada por su dramática mala fortuna. Cuentan que sus gritos lastimeros atrajeron a los lobos de la zona, que la mataron y devoraron.
Una vez finalizada su misión, en el mar, Hércules regresó al enclave y tuvo conocimiento de todo lo que había ocurrido con Pirene. Buscó lo que quedaba de ella, que no era mucho, y lo enterró bajo piedras para evitar que las alimañas devoraran enteramente los restos de la desgraciada princesa. El relato mitológico afirma que Hércules puso tantas piedras que acumuló una cadena de montañas. Con posterioridad, prendió fuego a todo el entorno, que permaneció ardiendo durante varias semanas. Los griegos que navegaban por la costa contemplaron el ardiente escenario, al que dieron el nombre de Pirineo; es decir, montaña de fuego.
(Guía de la España Encantada)


















Hércules entre las llamas amasando el túmulo de Pirene, obra del artista canario Néstor Martín (1887-1938). Las Palmas de Gran Canaria, Museo Néstor.

La tradición clásica atribuye el nombre a la ninfa Pyrene y al incendio (en griego, pyros es "fuego") de los montes. Según la leyenda Pyrene, hija de Túbal (nieto de Noé), fue pretendida por el gigante Gerión, al que rechazó. Enfurecido por ello Gerión dio muerte a Túbal y persiguió a Pyrene que se escondió en unos montes. Al no encontrarla, el gigante les prendió fuego. Hércules divisó el enorme incendio y acudió a socorrer a Pyrene que ya estaba agonizando y murió en sus brazos. Hércules le construyó este mausoleo que serían los Montes Pirineos. La leyenda puede relacionarse también con la riqueza argentífera de los Pirineos y el término griego para el fuego, puesto que en la Antigüedad se creía que la plata se formaba al fundirse los metales.

Puede tratarse de un topónimo ancestral, traducible echando mano de las raíces lingüísticas iberoeuskéricas.

Pirineos - Pirene os - Irene os - Ilene os.

Viene a significar Montes de la Luna. Ilene viene a ser Luna. En este punto, y a modo de sugerencia, no debe dejarnos de llamar la atención la conexión existente entre el término íbero-vasco ilene y el nombre de elena o irene; quizás no sea descabellado apuntar que en la mitología griega el personaje de Helena represente a la Luna y los aspectos que suele llevar asociados este planeta en todas las creencias humanas.
(Enciclopedia Libre Universal en Español)
 
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