Hoy me acerco a un lugar muy especial para mi, no ya sólo en cuanto a la cueva protagonista de esta entrada, sino en lo que al municipio de
Titulcia se refiere.Este topónimo, como se puede comprobar, es uno de los dieciocho nombrados como carpetanos en el listado de
Ptolomeo. Hoy en día se pone en duda si la
Titulcia actual se corresponde con la
Titulcia ptolemáica, pues algunas de las coordenadas dadas por el autor no corresponden con la población que hoy lleva su nombre. Lo que sí se conoce es su anterior topónimo,
Bayona de Tajuña, que fue mandado sustituir, en tiempos de
Fernando VII, por el actual de
Titulcia -desde la
Edad Media siempre se creyó que aquella población era la antigua
Titulcia de
Ptolomeo-, seguramente para no tener recuerdo alguno de la
Bayona francesa, donde estuvo recluido, cada vez que abondonaba la corte madrileña camino del
Palacio de Aranjuez.Sea o no la antigua
Titulcia, lo que sí está documentado es que fue población en época neolítica, carpetana y romama; su ubicación en un cerro que domina la junta del
valle del Jarama como el del
Tajuña lo hacía muy idoneo para ser ocupado en tiempos antiguos donde se buscaba la defensa que podría proporcionar la propia orografía.

Pero adentrándonos en la
Cueva, esta fue descubierta en 1952 y es mucho lo que se habló y se escribió sobre ella en su momento, incluso existe una leyenda derivada de un hecho mitológico, se puede decir, del que se tiene constancia a través del manuscrito del
Obispo Lorenzana sobre la diócesis de
Alcalá de Henares, en la
Casa de la Cultura de Toledo:
El mes de enero de 1509 marchaba el Cardenal Cisneros en dirección a Cartagena para participar en la conquista de Orán. Al pasar por la villa de Bayona, por encima de la confluencia de los ríos Jarama y Tajuña, se le apareció una cruz en el aire. Esta aparición fue inmediatamente interpretada por el Cardenal en el mismo sentido que la aparición acaecida a Constantino el grande antes de la batalla de Milvio, como una premonición de su victoria.Algunos cronistas cuentan que la cruz fue vista durante varios días por la gente. Tras advertir el prodigio, el cardenal decidió edificar en ese mismo lugar un humilladero que posteriormente se convertiría en la ermita de Nuestra Señora de la Soledad.Algunas tradiciones esótericas afirman que Cisneros no sólo mando constuir el humilladero, sino que cerca del mismo mandó excavar secretamente una serie de galerias que cumpliesen determinadas proporciones, lo que conocemos como Cueva de la Luna.La tesis de Armando Rico, antiguo dueño del bar bajo el que está construida “la Cueva” y autor de una monografía sobre la misma, con más de 10.000 copias vendidas, es que nos encontramos ante una construcción esotérica subterránea, vinculada a los Templarios. Es interesante señalar, que ciertamente en la cueva de la luna aparece un sello templario.La Cueva de la Luna fue declarada monumento histórico artistico provincial en 1979 por lo que goza de cierta (poca) protección. En la declaración realizada, por Antonio Blanco Freijeiro se esboza una explicación más rigurosa a nivel histórico. Según Freijeriro, es posible que las galerías fuesen utilizadas épocas pasadas, aunque no demasiado antiguas, como centro de aprovisionamiento o almacén de conventos madrileños. En cuanto al sello templario, encontrado en su interior, una explicación plausible es que sea obra de algún grupo neotemplario decimonónico. En cualquier caso, creo que es un lugar insólito que bien merece una visita.
(castellae.blogspot.com)