jueves, 3 de septiembre de 2009

El cerro de la Testa, Cabo de Gata

Hoy, Iberia Mágica vuelve a tomar actividad después de este intervalo estival y vuelve con una entrada muy especial para el que esto escribe. En el paraíso de Cabo de Gata, uno de los pocos lugares del litoral mediterráneo ibérico que aún conserva parajes vírgenes, hemos pasado días grandiosos unos cuantos grandes amigos este verano.
Pero adentrándonos en el asunto, en concreto, dentro de Cabo de Gata, nuestra referencia es para el cerro de la Testa, de curioso nombre con el que distintas lenguas de origen latino denominan a la cabeza. Quizás se interpretara dicho cerro como la cabeza del cabo, aunque así se denominaba también a un antiguo recipiente y al caparazón de las tortugas, así algunas se han denominado tortugas testudo. Con un poco de imaginación, o con mucha según se asemeje más o menos verdaderamente, podemos ver incluso la forma del caparazón de una tortuga en dicho cerro.

















Pero etimologías aparte, Avieno nos citó su sacralidad, pues se identifica este cerro de 343 metros de altitud con el que Avieno denominó como Promontorium Veneris. Por lo visto, sobre él se situó un templo desaparecido que los fenicios dedicaron a una diosa que los romanos más tarde interpretaron como la diosa Venus, de ahí el nombre otorgado por Avieno en su Ora Marítima al promontorio. Muchos siglos más tarde, hubo una torre de vigía -la Torre de la testa- a la que, a pesar de lo que dice una cita siguiente, parecen pertenecer unos restos encontrados en el cerro de la Testa.


















Restos, según se dice, de la Torre de la Testa


Ptolomeo se refiere al Cabo de Gata como Charidemou Acra, que viene a significar “promontorio de las cornalinas”, lugar conocido por los navegantes griegos y fenicios que pugnaron por su control.
Con posterioridad, Avieno, en su Ora maritima se refiere a él como Iugum Veneris (Cabo de Venus), en referencia a la diosa de origen tartesio que los romanos identificaron con Afrodita. Para venerarla levantaron un templo en el Cerro de la Testa.
La abundancia de ágatas en el terreno, que había dado lugar al nombre fenicio, hizo retomarlo durante la Edad Media, siendo conocido como Cabo de las Ágatas. Por contracción fonética, acabó imponiéndose el que es empleado en la actualidad

(Wikipedia)
















Vistas desde lo alto del cerro de la Testa con el faro al fondo

La torre de la Testa se encontraba sobre el cerro del mismo nombre, en el Cabo de Gata. La torre se levantó en 1593...Una vez acabada funcionó para vigilancia de la costa hasta que fue derruida en gran parte por el terremoto sucedido el 31 de diciembre de 1658. El privilegiado lugar a 343 metros de altura, se vino utilizando para observaciones, pero sin poder usar la torre, hasta que fue restaurada en 1769.En 1830 estaba dotada con un cabo y dos torreros que habitaban cortijos de la zona. La torre necesitaba de reparaciones, que no se realizaron, por lo que se fue arruinando cada vez más. En 1860 se habló de ubicar el faro en el lugar que ocupaba dicha torre, pero el proyecto cambió y se situó bastante más bajo, en la plataforma del Fuerte de San Francisco donde se encuentra en la actualidad.En los primeros años del siglo XX aún se hablaba de las ruinas de la torre de la Testa, pero en 1932 el arqueólogo alemán Adolf Schulten intentó localizarla y no encontró restos de la torre, que había quedado desaparecida para siempre.
(trabuquito.blogspot.com)






















En la "Ora marítima", de Avieno se explica que después del "Promontorius Pityussa" (punta del sabinar) y del "Sinus Urcitanus" (Golfo de Almería) se llegaba al "Promontorium Veneris" o montaña de Venus (Cabo de Gata). El "lugun Veneris", templo en honor de Afrodita que los romanos después destinaron a su Venus y que debió estar situado en el Cerro de la Testa, en el mismo Cabo.
(parquenatural.com)

viernes, 31 de julio de 2009

El monte Teleno

Hoy nos despedimos hasta la vuelta de las vacaciones estivales con el monte sagrado de los astures, aquellos que tenían por capital la antigua Asturica por la que ya pasamos no hace muchas fechas. Un curioso caso más de sincretismo entre divinidades indígenas y romanas de donde surgió Mars Tilenus, el antiguo Teleno astur, por lo visto es la derivación fonética del dios celta Belenos, del que tomó el nombre el propio monte -aunque también hay quien especula con su atribución al dios Lug, como se cita más abajo-.

¡Qué los dioses de la antigua Iberia os sean propicios! ;-)


















El monte Teleno se eleva hasta los 2.188 msnm en la zona central de los montes de León, conjunto montañoso que forma parte del Macizo Galaico-Leonés
El mítico monte Teleno de los astures adquirió el reconocimiento de dios por los romanos, quienes lo dedicaron a Mars Tilenus.
La comprensión de Roma hacia los cultos indígenas condujo en muchas ocasiones al sincretismo religioso: los dioses locales eran venerados bajo un nombre mixto romano – indígena. Ejemplo de ese sincretismo es este Mars Tilenus: era a la vez el dios romano Marte, bajo su advocación agraria, y el dios indígena Tilenus.
Por Estrabón se conoce la existencia de un dios guerrero asimilado a Marte, a quien se sacrifican machos cabríos, caballos y también prisioneros.Está documentado a través de una inscripción aparecida en una lámina de plata, en Quintana del Marco, con el nombre de "Marti Tileno". En Astorga se han documentado estelas funerarias indígenas y de culto a la Tríada Capitolina, Minerva, Zeus Serapis y Marte Tileno, entre otros.

(Wikipedia)











Representación del dios Belenos

...sobre Teleno (montaña), te diré que, cuando hago el camino de Santiago, veo su inmensa mole ante mí, durante un par de jornadas. Y en días de gran "fatiga" y mucho calor, me ha parecido ver en su cumbre, a los dioses mofándose de los esforzados caminantes que sufrimos los rigores de un clima que ellos manejan. ¿Alucinaciones por cansancio?, ¿espejismo por el calor?, ¿mucha imaginación?..... ¡qué más dá!, lo cierto es que se intuye una "presencia divina" en la zona. Dicen... que el monte Teleno es la morada de Lug, el lobo, el que enseño al hombre... En un principio, el hombre aprendió del lobo a cazar organizadamente, en grupo, aprendió a vivir en sociedad,... cada individuo debe cumplir su misión en el grupo.
(Adivinorum en celtiberia.net)

jueves, 30 de julio de 2009

Santuario celtíbero de Segeda

La que dicen fue capital de la tribu celtíbera de los belos, Segeda, ha sido protagonista este verano por un descubrimiento sin igual en la Península Ibérica y dentro del mundo celtíbero. Por los estudios hechos público el pasado mes de junio, se puede decir que cuando se empezó a excavar en 2003 una plataforma construida con losas de piedra en el yacimiento de Segeda, se estaba descubriendo el primer santuario construido que se haya conocido hasta ahora dentro del mundo céltico en la península. Tenemos ejemplos de santuarios celtíberos conocidos con anterioridad, pero todos son naturales, de ahí la singularidad de este hallazgo. Como no podía ser menos, en cuanto hemos tenido constancia de esta noticia, aunque sea con unas semanas de retraso, era obligación hacerse eco en este sitio web.






















Estudios combinados de arqueología y astronomía revelan que una plataforma de grandes piedras encontrada en el yacimiento de Segeda (Mara, Zaragoza) servía para celebrar ceremonias rituales en el solsticio de verano hace 2.200 años.
Si Panorámix cortaba el múerdago con una hoz de oro en el solsticio de verano no era por casualidad. Todo el mundo celta rendía culto al sol y a los solsticios. También en la Península Ibérica los celtíberos tuvieron ritos en torno a la cosecha, las estaciones y los días más corto y largo del año. Pero hasta ahora apenas se sabía nada de si tuvieron templos o santuarios en los que celebraban algún tipo de ceremonia.El yacimiento de Segeda, entre Mara y Belmonte de Gracián, en la comarca de Calatayud, puede arrojar a partir de ahora una luz importantísima sobre este aspecto de nuestro pasado. El equipo de investigación que trabaja en el enclave, combinando disciplinas aparentemente tan alejadas como la arquelogía y la astronomía, acaba de llegar a la conclusión de que una plataforma monumental de piedra encontrada hace unos años en el yacimiento se trata en realidad de un santuario celtíbero.

















Segeda I o El Poyo de Mara, punto donde se encuentra el santuario

Un santuario en el que se celebraba alguna ceremonia ritual en el solsticio de verano. “Es el primer santuario construido por los celtíberos que se descubre en la Península Ibérica –señala Francisco Burillo, director del equipo de investigación, que presentó ayer los resultados-, porque el único que se conocía hasta ahora, el de Peñalba de Villastar, es natural”.“Los celtíberos contaban el tiempo por noches, y no por días, pero eso no significa que no veneraran al sol –añade Sopeña, que no forma parte del equipo-. Tenían una fiesta muy importante, la de la cosecha, Lugnasadh, consagrada a un dios que se adoraba en todo el ámbito céltico, desde Irlanda a Peñalba de Villastar, el dios Lug. Sabemos que para ellos los solsticios y equinoccios eran muy importantes, y que tenían ritos y celebraciones para esas fechas”.Así pues, Segeda puede pasar a la historia como el primer sitio donde se descubre un santuario construido por los celtíberos. Fue Martín Almagro Gorbea, que había estudiado el aljibe monumental de Bibract (Francia) y su relación con el paisaje y la astronomía, quien alertó de la necesidad de realizar un estudio arqueoastronómico. Así que el equipo de investigación contactó con Manuel Pérez Gutiérrez, profesor de Astronomía, Geodesia y Cartografía de la Universidad de Salamanca, que se desplazó a finales de abril pasado al yacimiento a tomar todo tipo de fotografías y mediciones. Pérez vio que la bisectriz del ángulo de 130 º se alineaba con el cerro de la Atalaya, un hito destacado del paisaje. Y buscó más. Con la ayuda de varios programas informáticos reconstruyó la situación astronómica del cielo en el año 200 antes de Cristo, fecha aproximada de construcción de la plataforma, y vio que la bisectriz no solo apuntaba al cerro de la Atalaya, sino que también marcaba el solsticio de verano, el día más largo del año, que en el 200 a. de C. era el 26 de junio.Visto así, todo parecía muy bonito, pero hacía falta la comprobación. Así que el pasado domingo (21 de junio, solsticio de verano actual) el equipo de investigación de Segeda se fue a última hora de la tarde al yacimiento. “Cuando llegamos se me cayó un poco el alma a los pies –recuerda ahora Francisco Burillo-. El sol estaba bastante alejado de la alineación”. Pero poco a poco fue acercándose hasta que, a las 21,20 el sol se colocó encima de la cumbre del cerro de la Atalaya y, en cuatro o cinco minutos, desapareció. “Fue algo impresionante, un momento mágico”.
Mariano García.(MARIANO GARCÍA. Zaragoza, Heraldo de Aragón)
















21 de junio, 21.20 h., cerro de La Atalaya visto desde Segeda

miércoles, 29 de julio de 2009

Cabo da Roca, onde a terra acaba e o mar começa

Emociona conocer in situ un lugar tan emblemático del que tantas veces uno oyó hablar, el punto más occidental de Europa. No es extraño que fuera un lugar sagrado para la gente del mundo antiguo por lo impactante de la magnitud del acantilado, todo su entorno y sobre todo ese viento que no para de azotar -allí se encontraba un antiguo santuario de culto lunar y solar, ya desaparecido, con aras consagradas en círculo-. Muy recomendable contemplarlo a última hora de la tarde y ver el sol ponerse sobre el oceáno si la nubosidad lo permite. La roca volcánica -de los pocos ejemplos que tenemos en la Península Ibérica, otro sería Cabo de Gata- hace aún más atrayente dicho paraje dándole su tono caracterísco.


















Era conocido por los romanos como Promontorium Magnum y durante la era de la navegación a vela como la Roca de Lisboa. El acantilado emerge del océano Atlántico a aproximadamente 140 metros sobre el nivel del mar.
El poeta Luís de Camões definió el Cabo da Roca como el lugar "donde la tierra acaba y el mar comienza" ("Onde a terra acaba e o mar começa").

(Wikipedia)

martes, 28 de julio de 2009

Los Barruecos

Hoy nos acercamos a Extremadura, a un paraje natural que no deja indiferente y que ya fue elegido como santuario, allá en los tiempos prehistóricos, por nuestros antepasados. Una vez más, la naturaleza nos supera como la gran artista a la que siempre imitamos o deberíamos imitar; operación que, en opinión de Juan G. Atienza, no ha sabido ejecutar Wolf Vostell en aquel lugar.
















"Los Barruecos" de Malpartida de Cáceres es un hermoso paraje natural, típico ejemplo del berrocal extremeño constituido por las granodioritas del denominado batolito de "Cabeza Araya”, situado al oeste de la ciudad de Cáceres y que se extiende hasta Portugal. Se trata de un berrocal bien desarrollado por efecto de los procesos erosivos,que se muestra en superficie formando grandes bloques redondeados,los cuales han contribuido en gran medida al refugio y asentamiento de grupos humanos desde el paleolítico hasta la alta edad media. Son significativos los vestigios de pinturas rupestres esquemáticas, cazoletas, cerámicas e industria lítica del Calcolítico y de la Edad del Bronce.


















También encontramos las ruinas de un amplio "vicus" de época tardorromana, con sepulcros antropomorfos, viviendas, prensas de aceite e inscripciones votivas dedicadas a la diosa prerromana Ataegina. Una antigua presa y su embalse, con molinos y batanes del siglo XVIII, completan el conjunto histórico de este interesante lugar. Por todo ello, ha sido declarado Monumento Natural de Extremadura con un centro de interpretación anejo y un museo dedicado a la antigua industria de la lana.
Las formas de modelado de estas rocas graníticas son muy variadas, todas ellas se han originado fundamentalmente por meteorización química y mecánica, debido a la acción del agua de lluvia, que actúa hidratando, hidrolizando y disgregando los minerales granulares que constituyen el granito.

(Jugimo, celtiberia.net)


















Siguiendo las flechas tan prolijamente repartidas por la municipalidad de Malpartida, se llega a una llanada tachonada de piedras inmensas que constituye uno de los paisajes más alucinantes con que nos podríamos tropezar. En lo más alto de las rocas hay nidos de cigüeñas y un acúmulo de vestigios de tiempos pretéritos tan asombroso que costaría tropezar con otro enclave tan rico.El lugar se llama el Barrueco y, si uno tiene un poco de suerte -mi buen amigo Juan Gil Montes la ha tenido, a fuerza de tesón- puede encontrarse con algunos ejemplares preciosos de hachas pulimentadas del mejor estilo. Pero no se detiene el interés en las hachas. Una de las enormes piedras de la llanada forma una especie de concavidad debajo de otra peña en forma de seta (es el único modo que se me ocurre de dar una pista a quien se encuentre por primera vez en aquel lugar). Esa concavidad está llena de grabados prehistóricos de formas abstractas, muchos de ellos casi enteramente borrados, pero aún reconocibles en la mayor parte de los casos.



















Poco más allá, otra peña superpuesta -esta de ahora tiene una forma oval y para encontrarla (juro solemnemente que es difícil) habría que tomar como punto de referencia los nidos de las cigüeñas, a la izquierda presenta una juntura entre peña y peña de forma horizontal: un grieta de apenas treinta y cinco centímetros que casi parece imposible de pasar.Pero merece la pena intentarlo, porque es posible, aunque sienta uno que la piedra va a aplastarle. Lo que encontrará en el interior compensa ampliamente el esfuerzo, porque allí, el hombre prehistórico hizo un santuario. Dentro de la grieta, la peña forma una bóveda de poco más de un par de metros cúbicos de capacidad y toda la pared está cubierta de pinturas de color ocre, que alternan las figuras humanas estilizadas y un cúmulo de signos abstractos -puntos, rayas, ángulos- de ese lenguaje que se ha venido a llamar esquemático y que yo insistiría siempre en denominar como muy coherente, sólo que..., por desgracia, de significado aún desconocido para nosotros.
No terminan aquí las sorpresas. Si caminamos hacia el Este por el recinto del Barrueco, encontraremos otro de esos enormes peñascos con una profunda oquedad a la que se puede acceder desde los dos lados, porque otra piedra parece sostener el hueco. Allí hay más grabados, profundamente trabajados en la piedra y de mayor tamaño. Entre ellos se adivinan sin esfuerzo la figura estilizada de un ser humano sin brazos y una enerme cabeza y otras dos figuras que están formadas apenas por una raya profunda que representa el cuerpo y un agujero para la cabeza.A pocos metros de esta peña, el campo se convierte en un enorme cementerio de tumbas antropomorfas excavadas en las peñas.



















Curiosamente, parecen haber sido elegidas algunas piedras en forma de nave y, sobre esa nave, se excavó la tumba, casi siempre de pequeño tamaño, como para albergar a seres de poca estatura. Las hay aisladas y formando parejas y, en ocasiones, se encuentra alguna peña que tiene excavadas tres y hasta cuatro tumbas, todas perfectamente reconocibles. Y, para mayor continuidad en el tiempo, no hace muchos años que comenzaron a excavarse, también por esta zona, los restos de una construcción romana que aún nadie ha sabido determinar si se trataba de una villa o de algún tipo de santuario. (Y eso, por supuesto, sin contar con las abracadabrantes obras del mencionado Vostell, que se mezclan con los restos del pasado y pretenden convertirse en un mesiánico mensaje para el futuro. Juzguen ustedes por el letrero que preside una de ellas:

"EL MUERTO QUE TIENEN SED. Ruego a la ciencia abrir esta escultura transcurridos 5.000 (sic) años. A partir de esta fecha sacar la caja de plomo y analizar el vacío interior para visualizar su forma de energía y pensamientos. Malpartida de Cáceres, 4.1.78. Vostell".

A veces se me ocurre pensar que la magia arcaica influye, sin poderlo evitar, sobre las alucinaciones de los hombres de nuestro tiempo.)

(Juan G. Atienza)

lunes, 27 de julio de 2009

El santuario de la Fuencisla, Segovia.

El sábado visité una de las más bellas ciudades ibéricas. La antigua Segovia. Esta ciudad hunde sus raíces en la época celtibérica, siendo una de las seis ciudades arévacas nombradas por Plinio, aunque también se habla de su origen vacceo.
En concreto, se dice que el castro se hallaba sobre el actual Alcázar justo en el vértice que, a modo de proa, se eleva sobre el barranco entre el Clamores y el Eresma. Éste es un punto desde donde se divisa el santuario de la Fuencisla.

















He aquí donde quiero llegar, en opinión de un humilde aficionado y lego en la materia, considero que si bien el castro estaba en lo alto, el santuario propio celtíbero se encontraba, como de costumbre, fuera del poblamiento en el margen derecho del Eresma, justo donde el actual santuario de la Fuencisla.No he encontrado documentación al respecto, pero una especulación de Juan Ignacio Cuesta y mi visita del otro día me hicieron llegar a esa conclusión. Todos, o casi todos, los ritos precristianos -o más bien diríamos prerromanos en este caso- eran cultos naturalistas que divinizaban montañas, bosques, ríos, cuevas y, como no, manantiales. Aquí nos encontramos uno más, del que toma su nombre el santuario y la virgen, quedando patente en la propia raíz del vocablo.























El telurismo que desprende la orografía con la gran pared de roca, su fuente y el origen milenario de esta ciudad nos hacen sospecharlo. Quiero dejar constancia de que este santuario se encuentra además en lo que se ha venido a llamar como la zona sacra segoviana a las afueras del casco urbano, al otro lado del río Eresma, donde, entre varios templos y conventos, encontramos a muy poca distancia la que dicen iglesia templaria de la Vera Cruz.
















Iglesia de la Vera Cruz con el Alcázar al fondo

viernes, 24 de julio de 2009

El Maestrazgo

De nuevo, en esta entrada, son protagonistas los templarios. No nos gustaría acabar aburriendo al personal con la figura de estos monjes-guerreros, pero sus pasos están tan extendidos entre los lugares que son sagrados desde tiempos inmemoriales, que es obligada su mención. En este sentido, aunque sólo -que no es poco- mueva un interés meramente antropológico, es mucho lo que se les debe, pues rescataron muchos enclaves del olvido y han sido, con toda la dificultad que conlleva seguir las huellas de un grupo proscrito, una fuente de información muy importante.
La comarca de El Maestrazgo fue uno de sus lugares predilectos.
















Toll d'en Drac, El Maestrazgo


El Maestrazgo (El Maestrat o El Maestrat vell en valenciano) es una comarca histórica y natural que se extiende por el norte de la provincia valenciana de Castellón y el sureste de la provincia aragonesa de Teruel.

El nombre de Maestrazgo deriva del término maestre, ya que estos territorios se encontraban bajo la jurisdicción del Gran Maestre de las órdenes militares del Temple, San Juan y Montesa. En 1838, durante las Guerras Carlistas, se creó la Comandancia General del Maestrazgo como distrito militar.
(Wikipedia)
















Ares del Maestre, con su característica formación rocosa en lo alto conocida como La Muela. Sobre la misma se hallaba lo que fue un castillo templario. Curiosa toponimia la de esta población, homónima al menos del dios de la guerra griego. En las cercanías del municipio existe un yacimiento ibero, el de Hostal Nou

El Maestrazgo no es lugar para una ruta, sino una zona absolutamente repleta de síntomas mágicos que ya fueron captados por los templarios cuando, de un modo sistemático, consciente y continuado, fueron apoderándose de lugares, fortalezas y enclaves que, de una u otra manera, formaban parte de este ancestral conjunto de recuerdos insólitos desde las épocas más oscuras de la cultura humana. Sin grandes vías de comunicación, con escasos ríos que la mayor parte del año son simples torrenteras, en un medio seco y árido que le da precisamente su personalidad inalienable, el Maestrazgo es lugar donde caminar pueblo a pueblo, sin dejar uno solo, apuntando en cada uno costumbres, monumentos insólitos, recuerdos demasiado extraños par apoder pasarlos por alto. Por eso, la ruta que voy a proponer en este itinerario no es la única, ni mucho menos, sino apenas un ejemplo -y estoy seguro que ni siquiera el más acertado- de todo el componente insólito de la comarca, señalada por los maestros de la prehistoria, por los monjes medievales, por los caballeros del Temple, por los peregrinos, por los locos y por los carlistas, que convirtieron aquellos lugares en un lugar de violencia y de luto.

El Maestrazgo es tierra donde el elemento mágico se mantiene aún extrañamente vivo. Allí se da la presencia de curanderos y, sobre todo, de ermitas cuyas imágenes están especialmente destinadas a curar todos los males. En el Maestrazgo hay milagros recientes, cruceros góticos escondidos por las aldeas más apartadas y viejos monasterios donde se buscó el conocimiento en profundidad.

Los templarios tomaron una parte muy activa en las campañas por la conquista de Valencia llevadas a cabo por Jaime I el Conquistador. Al cabo de ellas, se vieron dueños de una importante zona, parcialmente compartida por los caballeros de la orden de San Juan. Es curioso advertir que el interés de la orden del Temple por territorios de esta comarca desmiente la suposición -por otro lado bastante extendida- de que los llamados "pobres comilitones del Templo de Salomón" tenían ansia de riquezas y de territorios estratégicamente importantes. El interés de los templarios por determinados núcleos geográficos como estos del Maestrazgo sólo puede explicarse por su búsqueda constante de enclaves en los que, de un modo u otro, surgían las pruebas de haber servido ancestralmente como centros cultuales de gran importancia en las formas religiosas imperantes antes de la implantación del cristianismo. Si repasamos los modos que emplearon los monjes blancos para apoderarse de los lugares que les interesaban veremos cómo, en unas ocasiones, los solicitaron de los reyes de la Corona de Aragón como pago por su ayuda en las campañas de conquista; cómo, en otras ocasiones, los permutaron por enclaves que les habían sido donados y que, a pesar de su riqueza evidentemente superior, carecían del atractivo mágico que estos otros podían tener para ellos; cómo, finalmente, los compraban o los exigían por diversos medios, incluso provocando donaciones de nobles terratenientes que legaban sus dominios al ingresar en la orden, en un momento o en otro de su vida.
(Juan G. Atienza)
 
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