miércoles, 22 de julio de 2009

El castro de Ulaca, oppidum y santuario

Si se quiere practicar eso que se ha venido en llamar arqueoturismo, un lugar idóneo para visitar es el castro de Ulaca, pues desde donde se deja el automóvil se ha de hacer una pequeña ruta de senderismo para acceder al mismo. Éste se encuentra en la provincia de Ávila, no lejos de la capital, con una panorámica inmejorable sobre el valle de Amblés, aquél por donde el río Adaja busca su encuentro con la antigua Avula de los vettones. En concreto se ubica en el territorio perteneciente a Villaviciosa, una pedanía de Solosancho.

















Altar de sacrificios de Ulaca


Este castro tiene, no sólo la singularidad de ser el castro celta más extenso, según dicen, de toda Europa -80 hectáreas-, sino de poseer dentro del poblamiento un altar rupestre de sacrificios de los más impactantes que se pueda contemplar, cosa nada común, pues estos altares, auténticos lugares sagrados de rituales solían situarse fuera de los poblados y en muchas ocasiones a grandes distancias en localizaciones, normalmente bosques y montes, considerados como sagrados ancestralmente. Otro elemento mágico -así lo dicen las nuevas interpretaciones- lo encontramos en los restos de una sauna iniciática para guerreros.

La soledad del lugar te hace complicado el creer que allí hubo una población que pudo alcanzar hasta el millar de habitantes. Estos eran vettones, ese antiguo pueblo que gustaba de moldear, en figuras zoomorfas, la roca granítica que tanto abundaba y abunda en los territorio de lo que fue la antigua Vettonia.
















Fragua o sauna iniciática de Ulaca


A unos 3 kilómetros al suroeste de Solosancho, en Ávila, se encuentra Ulaca, un poblado fortificado de la Edad de Hierro, más conocido como El Castillo, o “Ciudad de Ulaca”. Se asoma estratégicamente al valle Amblés desde un cerro de 1500 m de altitud, en la sierra de la Paramera, ya en las primeras estribaciones septentrionales de Gredos. Le separa del macizo un barranco que se esparce hacia oriente y occidente formando las cañadas de Sotalbo y del Fresno, abiertas al valle y al río Adaja, de esta manera, el poblado queda aislado en lo alto del formidable cerro de peñascales de granito. La cumbre esta amesetada con marcado declive ascendente hacia el Oeste, hasta las inmediaciones de Villaviciosa.
Por sus características puede considerarse como un auténtico oppidum, rodeado por una gruesa muralla que recorre las más de 70 ha. que tiene como superficie.

En su interior se encuentran las cimentaciones en piedra de casas de planta cuadrada y rectangular, y otras estructuras de compartimentación compleja.
Varios manantiales brotan en lugares próximos a la cumbre y al pie del cerro. De uno de ellos, conocido como “Fuente del Oso”, procede un toro de granito de más de dos metros de longitud, actualmente en la plaza de Solosancho. Existen referencias de una necrópolis de incineración destruida por el arado.
















Toro en la plaza de Solosancho, hallado en el castro de Ulaca


Tres construcciones labradas en piedra destacan por su interés. Se ubican en el sector centro-occidental, algo apartadas de las concentraciones de viviendas, no muy alejadas las unas de las otras.

La primera y más importante, llamada “Santuario” o “Altar de Sacrificios”. Se trata de una estancia rectangular tallada en la roca (16 x 8 m), asociada a una peña, en la que una doble escalera conduce a una plataforma con dos concavidades que se comunican entre sí, una de ellas vertía en una tercera, la cual comunicaba a su vez con la parte inferior de la roca por medio de un canal. La sacralidad de la estructura se establece a partir de los testimonios literarios y epigráficos hallados en el santuario de Panioas, en Potugal, donde se ofrece información de los sacrificios realizados allí.

A 140 m de distancia se encuentra la estructura conocida como “la Fragua” o “Sauna”. Se trata de una construcción semihipogea de planta rectangular y 6,4 m de longitud, tiene tres habitaciones, antecámara, cámara y horno. Tradicionalmente se interpretaba como un horno metalúrgico, aunque Martín Almagro-Gorbea y Jesús Álvarez-Sanchís proponen un uso termal, relacionado con los baños iniciáticos documentados en las saunas de “pedras formosas” de la cultura castreña del NO, además de otras semejantes en la Europa atlántica, nórdica, céltica y el mundo grecorromano. Se ha documentado un recinto murado que la rodeaba de 32 x 24 m.

El conjunto de estas dos estructuras parece ser una zona religiosa, ubicada en el sector más alto del asentamiento.

Las ruinas de otro edificio, llamado “La Iglesia” o “El Torreón” más hacia el Sur. Es un edificio de gran aparejo y planta subrectangular (14 x 10 m), delimitado por un recinto amurallado (70 x 48 m) con doble paramento de grandes piedras. Podría haber servido de atalaya defensiva, ya que desde su posición, controlaba gran parte de la superficie poblada, aunque la ausencia de excavación impide una interpretación más precisa, habiéndose sugerido un uso público. En las proximidades se localizan otras construcciones ciclópeas, y a escasos metros, una gran fuente. De importancia en relación con la organización del espacio, la ubicación del poblado y el uso del agua en los ritos de tradición céltica.
(Beatriz Alonso, celtiberia.net)
















El valle de Amblés visto desde Ulaca


La fecha del poblado puede datarse del S.VI al II a. C., cuando una de las incursiones de Aníbal en los pueblos del centro peninsular supuso el incendio de la ciudad (aunque este hecho no está confirmado). Se calcula que en la época de mayor esplendor pudo estar habitada hasta por mil personas (distribuidos jerárquicamente en unas 250 - 300 viviendas), ocupando una superficie de 80 hectáreas.
Sus restos son numerosos, desde objetos cerámicos hasta áperos de labranza, instrumental ganadero, alfarero, etc., muchos de los cuales fueron expoliados en épocas pasadas; incluso hay restos de molinos de piedra y de varias canteras.
(Wikipedia)

martes, 21 de julio de 2009

El templo de Melkart en la antigua Gádir

Nuestra visita de hoy será a la que dicen ciudad más antigua de las habitadas desde su origen, no sólo de la Península Ibérica sino de todo el occidente europeo y mediterráneo. Una fundación del 1000 a. C., aproximadamente, de los fenicios de Tiro, aunque en concreto, nuestro protagonista de hoy es el antiguo templo dedicado al dios fenicio Melqart, posteriormente identificado con la figura de Hercules, con la llegada de los romanos. Algunos situaban la existencia de este templo en los propios tiempos donde griegos y troyanos, allá por el S. XII a. C., luchaban en una guerra inmortalizada, siglos más tarde, en las que dicen son las dos primeras obras literarias occidentales conocidas atribuidas a un tal Homero. Si esto fuera cierto, y también lo fuera la fecha de fundación de Gádir -Gádeira para griegos, Gades para latinos y Cádiz en la actualidad-, podría haberse dado el caso de que el propio templo fuera anterior a la propia ciudad. Sea como fuere, por desgracia, el templo ya no existe, pero estaría situado en el lugar que ocupa el castillo de Sancti Petri en la isla del mismo nombre. Eso parece atestiguar el hallazgo de distintos restos arqueológicos en dicha isla y bajo dicho castillo, incluida una figura del propio dios fenicio.






















El templo de Melqart-Hércules de Cádiz fue uno de los grandes hitos del mundo antiguo en la Península Ibérica. Su fama se extendió por todas partes, y las referencias que se encuentran en los escritores clásicos son numerosas y continuas.
Su localización en la actual isla de Sancti Petri es aceptada por todos los investigadores. Sucesivos hallazgos arqueológicos confirman lo que ya Estrabón en el siglo I describía claramente: "Los tirios fundaron Gadeira y alcanzaron el santuario en la parte oriental de la isla y la ciudad en la parte occidental...".


Las figurillas de bronce halladas en Sancti Petri representan un guerrero en actitud de ataque, o bien la representación clara de un dios, en actitud hierática. Se han asociado a Reshef, el Melqart egipcio.

La importancia del templo es fundamental. En una concepción de la vida tan mercantilista como fue la fenicia, el Templo, el dios Melqart, era el regulador de las actividades comerciales bajo cuya protección se realizaban, considerándose como el garante del trato comercial pactado.

(www.cadiznet.com)
















Isla de Sancti Petri en el horizonte y su castillo, lugar en el que dicen que estuvo el antiguo templo fenicio

El templo de Hércules Gaditano o Herakleión Gaditano es el santuario que se levantaba en la Antigüedad en el actual islote de Sancti Petri, situado en San Fernando (Cádiz).
Se decía que el templo había sido fundado en tiempos de la guerra de Troya a comienzos del siglo XII a. C.
El santuario probablemente sería un conjunto de edificaciones donde habría un edificio principal y un patio al que se accedía por una puerta flanqueada por dos grandes columnas. Según narra Silio Itálico en el si I a. C.: En el frontispicio aparecían los doce trabajos de Hércules labrados en bronce. No existía ninguna imagen del dios en el interior del recinto. Asimismo hace referencia al hecho de que los sacrificios humanos estaban prohibidos y a que en su altar ardía un fuego perpetuo, cuidado por la incesante vigilancia de sus sacerdotes. Según Estrabón, en las columnas de la entrada los navegantes hacían sus sacrificios.

Además eran famosos los dos pozos de agua dulce que tenían un régimen de crecidas inverso al de las mareas.Según el historiador latino Pomponio Mela, bajo el templo estaban enterrados los restos de Hércules, de ahí su gran fama. Además, contenía reliquias tan famosas como el cinturón de Teucro, héroe griego hijo de Telamón, y el árbol de Pigmalión cuyos frutos se decía que eran esmeraldas. Las fuentes histográficas clásicas relatan que muchos personajes célebres, ilustres por sus hazañas o su nobleza, visitaron este templo. Tito Livio narra que Aníbal arribó a la isla para ofrecer al dios sus votos antes de emprender la conquista de Italia. En este santuario, Julio César tuvo un sueño que le predecía el dominio del mundo después de haber llorado ante el busto de Alejandro Magno, por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante.






















Estatuilla atribuida al dios Melkart encontrada en Sancti Petri, Museo de Cádiz

Comenzó su decadencia en el siglo IV hasta perder su pasada grandeza por completo durante el dominio visigodo. El santuario sufrió ataques y destrucciones, la acción del mar, su explotación como cantera de piedra ostionera y las sucesivas ocupaciones que sobre él se han ido desarrollando, por lo que ha desaparecido. Según algunos, el Apóstol Santiago desembarcó en la Isla de Sancti Petri para erradicar el culto pagano en el templo y consagrarlo al culto cristiano, consagrándolo a San Pedro, de ahí el nombre actual de Sancti Petri.
Hoy en día, sobre el islote se levanta un castillo-fortaleza de traza irregular construido en el siglo XVIII, cuya torre ya había sido edificada en el siglo XVI. Por su condición insular, sólo puede accederse a él en barco. Antiguamente estaba unido a la isla de Cádiz por una vía que hoy no existe debido a la acción del mar existiendo todavía vestigios de dicha unión.
(Wikipedia)

lunes, 20 de julio de 2009

Castilla, la desmembrada

Hoy vamos a hablar de lo castellano y su trascendencia, una nacionalidad ibérica nacida en el medievo como las actuales del resto peninsular –exceptuando la nacionalidad vasca- y que con la llegada del estado moderno se ha ido difuminando más que otras –sin contar las que han sido absorbidas, entre otras por la propia Castilla, y que también merecen su reconocimiento-, a pesar de que por avatares políticos de la historia, de los que el pueblo castellano no tiene culpa ninguna, su lengua sea usada en la mayor parte peninsular e incluso haya traspasado el océano para ser ser usada por millones de personas en el continente americano. Sin entrar en cuestiones no exentas de polémica, aquí sólo se tratará de rescatar del pozo del olvido ciertas esencias culturales que corren peligro de extinción y que el hombre, en su faceta antropológica, trata de evitar, todo ello dentro del prisma temático de este sitio y siguiendo, una vez más, las palabras de Juan G. Atienza.
















Pretender hablar de Castilla y definirla y encasillarla en unos moldes estrictos de tradición unívoca, es como intentar aunar la mentalidad budista con el estricto ritualismo hebreo, por ejemplo. Quiero decir que, aun siendo perfectamente posible localizar ese nudo en el que se hacen una sola todas las creencias y todas las teogonías que en el mundo han sido, hay siempre una gama de matices que terminan por enquistarse, fabricando su propio caparazón amurallado que transforma en compartimientos estancos una serie de factores que, en su origen, partieron de una sola e infinita realidad universal.

Castilla es así, desde la misma insegura demarcación de sus límites políticos -¿son Castilla Valladolid y Palencia, o Cantabria, o la Rioja?- hasta el aislamiento y la confusión estricta de sus centros mágicos y de sus zonas propicias al tiento de la realidad trascendente. Supone, muy a menudo, una serie de islas diseminadas por un territorio incierto, centros aislados entre zonas de asentamientos políticos y mercantiles en las que el comportamiento mágico se deterioró secularmente bajo la presión de unas realidades inmediatas superficiales y condenadas al progreso en su peor faceta. Tal vez por eso, muy a menudo, el componente mágico de Castilla surge en puntos muy concretos y, a menudo, insólitos, sin que su entorno, al contrario de muchas otras comarcas, acuse la influencia de esta presencia. A mí me ha sucedido –y me sigue sucediendo- que he llegado a lugares con una muestra increíblemente significativa de la tradición ocultista y que esa muestra no iba acompañada de ningún complemento que pudiera dar razón clara y definitiva a otras huellas insólitas. Como si aquella reliquia de las creencias ancestrales hubiera sido deliberadamente adulterado por poderes deseosos de borrar las huellas del sincretismo ideológico universal que surgen en cualquier instante y en cualquier lugar.
















En este sentido, creo que Castilla posse unos cuantos centros mágicos de importancia primordial –la Sierra de la Demanda, la zona oriental de la Alcarria, el norte casi cantábrico de las Bardulias medievales- y un buen montón de indicios aislados, muchos de ellos enormemente significativos de un pasado en parte desaparecido e irrecuperable. Esta circunstancia no es ajena al centralismo político que convirtió artificialmente a Castilla en el eje de la Península. Aquellos intentos de centralismo pseudounificador hicieron de la tierra castellana un monstruo inidentificable y presuntamente aglomerador de entidades y etnias que nada tenían que ver con su personalidad originaria. Para ese afán castellanizarse, el interior de la Península tenía que ser ejemplo y guía y modelo de una periferia sometida a la voluntad exclusiva –y excluyente- de un poder que no pretendía ser sólo material, sino espiritual. Y en esa tesitura, Castilla perdía su propia identidad trascendente, al tiempo que, sirviendo de aparente modelo –siempre impuesto- la hacía perder también a las demás etnias peninsulares. En ese afán surgido de las altas esferas y nunca del pueblo, la esencia castellana era la gran perdedora, la que sacrificaba su entidad trascendente para despersonalizarse aglutinando de modo artificial los otros núcleos tradicionales.

Si la Meseta merece amor e interés por parte de quienes deseamos conocer realmente las raíces de España, es porque debe restituírsele su auténtica personalidad perdida. Creo que merece la pena destronar para siempre tabúes que se presentan como imperiales y conceptos artificiosos de la entidad total de una España que tiene precisamente sus valores asentados en su propia diversidad. La diversidad castellana con respecto a los otros pueblos peninsulares ha estado – y sigue estando, a pesar de todo- en su serenidad a la hora del enfrentamiento con la circunstancia mágica y en su capacidad de asimilar conscientemente las influencias venidas de fuera o despertadas por fuerzas ajenas. Así, la tierra castellana vive con serenidad la mística musulmana y la judía en sus místicos del XVI y, en cualquier instante o circunstancia en que surge el fenómeno insólito, lo acepta, porque forma parte de la realidad intuida por el pueblo. Las herejías castellanas son conscientes y meditadas, coherentes y desapasionadas y hasta los milagros, cuando surgen tienen los pies apoyados en el suelo.

jueves, 16 de julio de 2009

La ermita de San Bartolomé de Ucero, el río Lobos y los templarios

Hoy traemos a Iberia Mágica un lugar que merece un sitio muy especial en cualquier página, libro o documento que sobre estas temáticas trate. Hace poco visité por segunda vez el lugar y me produjo tanta o más admiración que la primera. La impactante aparición de esa hoz y la ermita ubicada en mitad del cañón dejan a uno sobrecogido y rápidamente tienes la impresión de que ese no es un lugar más. No es sólo el paisaje tan soberbio que se ha producido allí a través de la sucesión de las eras geológicas y el trabajo del río lo que te impacta, sino que es bastante más.
La sacralidad de un lugar tan perdido te impacta, lugar donde el templo ancestral –la espectacular cueva (la Cueva Grande) frente a la ermita- se mira cara a cara con el templo medieval, del que dicen perteneció al temple, y así consta en un documento, como es la resolución, a cargo del obispo de Burgo de Osma, de un pleito sobre Ucero entre Frey Fernando Escaça, maestre de Calatrava, y Frey Hermindo, maestre del temple.























Algunos autores se plantean los siguientes interrogantes sobre las reconstrucciones posteriores a la posesión templaria de la ermita: "¿Por qué decidieron ocultar los suelos del ábside y la Capilla de la Salud? La labor fue realizada utilizando pesados sillares. ¿Qué necesidad había de una obra tan costosa cuando para el resto del suelo utilizaron simples baldosas de barro cocido? ¿Y por qué derribar y sellar con un coro la surgencia rocosa que dicen se encontraba en el muro oeste del templo? Sólo unas prospecciones arqueológicas podrían dar respuesta a preguntas como ésta, y el caso es que, por muy raro que parezca, jamás se haya hecho ninguna en el templo de San Bartolomé, cuando son tantos los indicios que apuntan a que se encuentra cuidadosamente ubicado sobre lo que fue un importante lugar de culto desde tiempos remotos. Algún tipo de acción en este sentido aportaría la luz que se hace necesaria para aclarar muchos de los misterios que se dicen sobre esta ermita y su entorno." (iberica-documental.es)
















Aquí os dejamos con las palabras de Juan G. Atienza. Él, por entonces, afortunadamente pudo disfrutar de la soledad de dicho paraje, circunstancia bastante complicada en la actualidad, sobre todo si no puedes acudir un día entre diario en épocas invernales bastante adversas. Aunque claro está, a una maravilla como ésta, todos estamos invitados, por supuesto. Vaya esta entrada, de nuevo, en homenaje a la verdad oculta de los grupos humanos proscritos por la historia oficialista, como también lo fueron los templarios.

Allí tomaremos, siempre hacia el Sur, la carretera del Burgo de Osma, pasaremos por Casarejos y descenderemos la cuesta que llaman la Degollada, hasta el puente que cruza el río Lobos. Es aquí donde debemos tomar el camino de tierra que nace a la derecha, para internarnos en el valle. Si lo hacemos en un día cualquiera que no sea el de la romería de san Bartolomé, este lugar nos parecerá el más solitario y abandonado del mundo. En lo alto planean las águilas y no será raro ver un zorro mirándonos a cierta distancia. Las paredes del valle son escarpadas y en las rocas cimeras se distinguen covachas que nunca han sido exploradas. Unos dos kilómetros valle adentro, el lecho del río se ensancha y, al fondo, distinguiremos una ermita de tipo cisterciense. La construyeron los caballeros templarios, que tuvieron precisamente aquí uno de los enclaves más importantes de la Península. Y al decir importante no me refiero precisamente a su importancia política o estratégica, sino al profundo significado que el lugar tiene dentro del elemento mistérico propio de la orden del Temple. El lugar lo he estudiado a fondo en mi libro La meta secreta de los templarios y me parece inútil reproducir lo que allí cuento, pero, en síntesis, planteo la sospecha –muy fundada- de que los cabelleros templarios conocían a la perfección el lugar en el que construían su capilla, como probablemente lo conocieron también los sacerdotes de religiones muy anteriores que utilizaron el altar megalítico que se encuentra al lado mismo de la capilla y la enorme cueva que hay a sus espaldas. Porque este preciso lugar de Ucero en el río Lobos forma con la cumbre del San Lorenzo un eje vertical equidistante de los dos extremos clásicos peninsulares, los cabos de Creus y Finisterre. Y, aún más, este lugar constituye, en el conjunto de las posesiones templarias peninsulares, un auténtico centro desde el que se pueden situar los enclaves ocultistas más importantes que la orden poseyó en los reinos medievales. Desde la capilla del Lobos están perfectamente localizados Ponferrada y Monzón, Toledo, Tomar y Jerez de los Caballeros, Culla y Castelló d’Empúries, Caravaca y Villaba del Alcor. Desde allí se puede trazar la franja mágica de tierra por donde discurre la ruta jacobea y pueden localizarse los principales santuarios protohistóricos de las culturas cantábricas paleolíticas. Es tal la exactitud del enclave, que incluso justifica la misma estructura de la cruz templaria, anuncia en clave sus fines y delata muchos misterios nunca descifrados que aclaran los porqués de los principales emplazamientos de la orden.






















Esta geografía mágica de los templarios, que trato de apuntar en el libro mío que cito, nos lleva a la conclusión de que el conocimiento cosmológico que poseyó la orden sobrepasaba con creces la idea que se sigue teniendo en la actualidad de los saberes que pudieron estar en manos de determinadas sectas y grupos ocultistas medievales. Abona esta idea el hecho de que no fueron sólo los templarios los que fomentaron unos profundos estudios sobre la estructura de la tierra, sino que los ocultistas sufíes, a través de sus caballeros monjes, practicaron también estos saberes. Aquí tenemos una razón por la cual los templarios aparecen muy a menudo como sustitutores y ocupantes de antiguos conventos fortalezas islámicos que fueron obra de sufíes, auténticos ribbatts iniciáticos donde se practicaban los mismos estudios que en los conventos del Temple.

miércoles, 15 de julio de 2009

Nájera, enclave heterodoxo

Nájera fue ya protagonista de este sitio cuando hablamos de la leyenda que unía esta localidad con Santo Domingo de la Calzada. Pero hoy ahondaremos más en ella a través de otras citas del propio Juan G. Atienza, el gurú de esta página.























Nájera está asentada en la ruta jacobea. Ha sido a lo largo de la historia enclave de litigio constante entre fuerzas políticas y religiosas encontradas. Se la disputaron Castilla y Navarra, Pedro I y Enrique II, cristianos y judíos, godos y musulmanes. La habitaron frailes benitos, que ocuparon el santuario en el que un rey navarro -don García, precisamente llamado el de Nájera- se había tropezado, como por azar, con una imagen capaz de hermanar a una paloma y a un gavilán. Ese milagro -o lo que fuera, que es mejor no entrar en definiciones- provocó la institución de una orden, llamada de la Terraza, que era en realidad una secta graálica, porque su signo distintivo lo constituía la jarra con azucenas que el rey navarro encontró a los pies de la Virgen negra. Allí puede verse todavía, en el altar mayor de Nuestra Señora la Real, debajo mismo de la imagen prodigiosamente hallada.

Pero Nájera es -fue- mucho más. Hombres de credo e ideología desconocidos, en instantes igualmente desconocidos de la historia, cavaron la montaña rojiza que defiende la población y construyeron por todas partes cuevas a menudo inaccesibles en las que dejaron la huella de su paso, de su búsqueda, de su concepción del mundo. Y frailes constructores, ayudados por judíos cabalistas, esculpieron un claustro y un coro -de mármoles y maderas, respectivamente- en los que surgen a cada paso los símbolos de una idea trascedente, común a todas las creencias y punto de encuentro de todas las formas religiosas.
(Juan G. Atienza)
























Los estudios arqueológicos señalan una densa ocupación prehistórica de los cerros que bordean la ciudad actual y de los situados en su término municipal, al menos desde la Edad de Bronce. Durante la Edad de Hierro se aprecia un continuado proceso de concentración de la población que desembocará en la aparición de poblados más complejos compuestos por viviendas rectangulares parcialmente excavadas en la roca, construidas con entramados de madera y adobes (Cerro Molino). Estos poblados celtibéricos que encuentran, y a veces destruyen, los conquistadores romanos se corresponden a los pobladores berones que citan las fuentes clásicas.....a la población le dieron los árabes el nombre de Náxara (“Lugar entre peñas” o “Lugar al mediodía”) y a su río Nalia le llamaron Naxarilla.
(Wikipedia)

martes, 14 de julio de 2009

Villar de Álava, el dolmen de la Casa de la Bruja y la piedra solar

Hoy paseamos por una tierra llena de viñedos, dólmenes y rutas ancestrales camino del Finisterre:

El nombre del Villar es topónimo muy específico de las zonas vinateras de toda la Península. No sé cuántos Villares hay, pero podríamos comprobar que todos ellos están en una zona rica en vides, sea en la actualidad o en el pasado. Como norma general, en las proximidades de todos ellos hay –o hubo- restos de las culturas megalíticas o huellas de asentamientos sagrados prehistóricos.

El Villar de Álava es cabeza de vinos de la Rioja Alta (La Rioja alavesa). Allí, según mis noticias, no han llegado, sin embargo, las grandes compañías vinateras, y el pueblo se ha instituido en cooperativa agrícola que explota en comunidad sus propios viñedos, de modo seguramente muy parecido a cómo se debieron explotar en tiempos primitivos: como bien comunitario.

Antes de llegar al pueblo, la carretera se desvía camino de Laguardia. Si tomamos este ramal y bajamos unas pocas curvas, cruzaremos un puente pequeño y veremos, a la derecha, un cartel que indica la proximidad del dolmen llamado la Casa de la Bruja (conocido también como la Chabola de La Hechicera). Sucesivos carteles cuidadosamente colocados por la comunidad nos conducirán hasta este monumento, por caminos de tierra apisonada perfectamente transitables.




La Casa de la Bruja –o choza o cueva- son nombres corrientes para designar los dólmenes. En la misma provincia alavesa hay otro –uno de los mejores de la Península- que se llama precisamente así, sólo que en vasco: Sorginetxe. Si repasamos cuidadosamente los nombres dados por el pueblo a los dólmenes, sea cual sea su emplazamiento, comprobaremos que todos llevan el apelativo de casa, templo, cueva, palacio…, pero nunca tumba, como muchos arqueólogos los han querido clasificar. Y es que el monumento megalítico no fue nunca una tumba –al menos en su sentido específico de enterramiento exclusivo-, sino que hizo funciones de templo en el que, eventualmente, se enterraron personas, lo mismo que hoy sigue enterrándose a obispos y prohombres en el interior de parroquias, colegiatas y catedrales.

Lo curioso del lugar donde se encuentra este fenomenal dolmen del Villar es que, aunque se trate del único que sigue en pie, puede comprobarse fácilmente en sus alrededores la existencia de acumulaciones de piedras que proclaman que allí hubo otros que se vinieron abajo o fueron destruidos, seguramente en momentos de exaltación iconoclasta de párrocos y obispos celosos de la pureza cristiana. Si volvemos a la carretera y continuamos camino de Laguardia, empezaremos a ver numerosos viñedos y, en las colinas, acumulaciones de piedras gigantescas que, aunque no hayan sido debidamente clasificadas y catalogadas, podemos deducir que formaron parte de los cultos megalíticos. Hay un par de supuestos dólmenes y una inconfundible piedra solar.

La piedra solar es un casi irreconocible monumento megalítico consistente en una enorme losa inclinada de tal modo que da siempre su cara lisa al sol y, más concretamente, al mediodía de los equinoccios. Ha habido múltiples interpretaciones para explicar sus significado, pero, como de costumbre, ha prevalecido –creo que también equivocadamente- la opinión de que sería un lugar de enterramiento. Lo curioso de muchas de estas piedras es que tienen, en su parte central, un hueco semiesférico que, ocasionalmente, es lo único labrado de toda la losa, y hace pensar en una eventual colocación de algo que reflejase o recogiera la luz solar.

(Juan G. Atienza)

jueves, 9 de julio de 2009

El antiguo Promontorio Sagrado, Cabo de San Vicente

Hace poco estuvimos en el extremo suroriental ibérico y hoy nos vamos al suroccidental, al cabo de San Vicente, al antiguo Promontorium Sacrum. Algunos autores entienden que dicho promontorio al que se referían tanto Avieno en su Ora Marítima, como Estrabón en su Geografía podría ser Finisterre bastante más al norte. Nosotros, y sin que sirva de precedente, como se suele decir, nos ajustaremos en este caso a la oficialidad y entenderemos el cabo de San Vicente como el antiguo Promontorio Sagrado.El lugar fue sacralizado por distintos pueblos, así se dice que estaba consagrado al dios Baal Hammon por los fenicios y púnicos en general, a Saturno, el Cronos latino, pero poco se dice de los antiguos cynetes, oriundos del lugar antes de que púnicos y latinos hicieran su aparición por estos lares. Seguramente dicho cabo ya era sagrado para éstos, para los cynetes. Desde la humildad de este sitio, ahí va nuestro homenaje a este antiguo y desconocido pueblo y su sagrado promontorio, desde donde los antiguos decían que se podía oir el chirriar del Sol al hundirse en los confines del infinito océano.

















Estrabón (63 a. C. o 64 a. C. – 23 d. C.) al describir la Península Ibérica, dijo de él -del Promontorium Sacrum- que «no era el punto más occidental de Europa, sino de todo el mundo habitado».
(Wikipedia)

Luego ya se supo que el punto más occidental de Europa era Cabo da Roca, otro promontorio que tiene toda la pinta de haber sido también sagrado en tiempos pretéritos.
















Todos los geógrafos hablan de este promontorio célebre por la superstición religiosa con que le respetaban. Creían que allí descansaba Apolo, o el Sol de su carrera; que estaba prohibido a los mortales el arcercarse a él. Era tenido por el punto más occidental del mundo, no de la España sola. Desde este punto comenzó Estrabon a hacer la descripción de la España. En esto le imitó después Tolomeno. Se creía generalmente que no era lícito ni aun hacer sacrificios en este punto de monte, ni acercarse a pisarle por la noche, porque en aquellas horas era el descanso de los dioses. Así nos lo comunica Estrabon. Hoy se llama cabo de San Vicente.
(Diccionario geográfico-histórico de la España antigua de Miguel Cortés López, publicado en 1836)
 
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